La película brasileña Viva La Vida, recientemente estrenada en Netflix, se ha posicionado entre los diez contenidos más vistos en 35 países, incluidos Brasil, Argentina, Bolivia, Chile, Austria, Bélgica, España, Grecia e Israel. Su éxito mundial tiene una raíz poco conocida: una inspiración directa en Israel, informó el medio francés Israj.
La idea del proyecto surgió tras un viaje del productor brasileño Julio Osha a Israel, realizado antes de la pandemia de COVID-19. Osha formó parte de una delegación internacional de creadores organizada por el Ministerio de Turismo israelí. Según relata el medio francés, fue durante esta visita que el productor quedó profundamente impactado por los paisajes, las historias personales y la diversidad humana del país. Esa experiencia se convirtió en la base creativa de la película.
El rodaje en Israel contó con un respaldo significativo del Ministerio de Turismo, que facilitó la producción mediante la coordinación con autoridades locales, la eliminación de trabas administrativas y el establecimiento de un marco logístico adecuado. Además, la película recibió más de un millón de shekels en financiamiento a través del Fondo de Apoyo a la Producción Extranjera, un programa conjunto del Ministerio de Turismo, el Ministerio de Economía y el Ministerio de Cultura de Israel.
Viva La Vida narra la historia de Jessica, una joven brasileña que descubre accidentalmente la historia judía de su familia. Tras recibir una herencia inesperada, viaja a Israel, donde inicia una odisea personal en la que explora sus raíces, encuentra el amor y forja nuevos lazos familiares.
Con su combinación de narrativa íntima y escenarios israelíes, la película ha logrado captar la atención de audiencias internacionales, consolidándose como un éxito inesperado con una impronta israelí en su origen ▪
