La investigación penal contra tres mohalim (plural de mohel, circuncidador) en Amberes por presuntas circuncisiones ilegales desató un enfrentamiento público entre el embajador de Estados Unidos en Bélgica, Bill White, y el gobierno belga, que rápidamente escaló a nivel diplomático e involucró también al ministro de Exteriores de Israel, Gideón Saar. Lo que comenzó como un caso judicial local derivó en una disputa abierta sobre antisemitismo, libertad religiosa y soberanía institucional.
Según informó el medio judío alemán Judische Allgemeine, White acusó a las autoridades belgas de antisemitismo y exigió que se retire "de inmediato" el proceso contra los tres circuncidadores religiosos. En una serie de publicaciones en X, el embajador sostuvo que el antisemitismo es "inaceptable en cualquier forma" y reclamó a Bélgica que abandone lo que calificó como una "acusación ridícula y antisemita" contra "tres figuras religiosas judías (mohalim) en Amberes".
White instó además al ministro de Salud, Frank Vandenbroucke, a crear una disposición legal que permita a los mohels ejercer sus funciones en Bélgica. "Estamos en 2026, deben adaptarse a los nuevos tiempos y permitir que nuestras familias judías en Bélgica ejerzan legalmente su libertad religiosa", escribió. También lo acusó de utilizar una "táctica deshonesta" al negarse —según su versión— a estrecharle la mano y fotografiarse con él en una reunión previa.
Investigación judicial y cruce institucional
El trasfondo es una investigación en curso en Amberes contra tres mohalim sospechosos de realizar circuncisiones sin cumplir los requisitos que establece la legislación belga. De acuerdo con lo detallado por el medio judío holandés Jonet.nl, la Fiscalía abrió el caso tras imágenes emitidas por el programa televisivo "Shalom a todos", que mostraban una circuncisión en una familia de la ciudad.
La ley belga permite la circuncisión ritual únicamente cuando es realizada por un médico cualificado bajo estrictas normas sanitarias. No existen excepciones religiosas. Las autoridades sostienen que "el prepucio de los bebés varones está siendo cortado poco después del nacimiento por personas sin conocimientos médicos", lo que habría provocado complicaciones y, en algunos casos, consecuencias fatales. Sectores críticos de la brit milá la califican de "mutilación" y "abuso", mientras que sus defensores la consideran un ritual religioso centenario amparado por la libertad de culto.
White afirmó que el caso es "absolutamente una cuestión de antisemitismo" y sostuvo que, si no se modifica la acreditación de los mohalim, el procesamiento de "estos tres hombres maravillosos, con gran capacidad religiosa" solo puede calificarse de antisemita. También pidió que no se espere el final del proceso judicial para tomar medidas y anunció su intención de viajar a Amberes para reunirse con ellos y sus familias.
La reacción del gobierno belga fue inmediata. El ministro de Asuntos Exteriores, Maxime Prévot, rechazó las acusaciones y escribió en X que "cualquier insinuación de que Bélgica es antisemita es falsa, insultante e inaceptable". Subrayó que la lucha contra el antisemitismo es una "prioridad absoluta" y una "piedra angular de nuestro Estado de derecho".
Convocatoria al embajador y acusaciones de injerencia
Prévot evitó pronunciarse sobre el proceso penal por tratarse de una causa en curso, pero calificó de "inaceptables" las declaraciones del embajador estadounidense. "Un embajador acreditado en Bélgica tiene el deber de respetar nuestras instituciones, nuestros representantes electos y la independencia de nuestro sistema judicial", señaló, y agregó que los ataques personales contra un ministro y la injerencia en asuntos judiciales "violan normas diplomáticas fundamentales". El gobierno belga convocó de inmediato a White a una reunión en la Cancillería.
El embajador respondió ese mismo lunes por la noche, negando que Estados Unidos esté sugiriendo una interferencia política en el caso, aunque reiteró que el proceso debe ser desestimado. Preguntó por qué, tras miles de circuncisiones realizadas regularmente en Bélgica, se actúa ahora contra estos tres mohalim en particular, en Amberes, ciudad que alberga una importante comunidad jaredí.
También volvió a cargar contra Vandenbroucke, a quien calificó de "grosero" y "bastante repugnante", y afirmó que como "católico devoto" defenderá siempre la libertad religiosa de sus "hermanos y hermanas judíos".
Israel interviene y la polémica se amplifica
La disputa sumó un nuevo actor cuando el ministro de Exteriores de Israel, Gideon Saar, intervino públicamente en respaldo de White. En su mensaje, enumeró lo que describió como "hechos innegables": un aumento consecutivo de ataques antisemitas en Bélgica durante más de cinco años, la profanación de dos cementerios judíos, un intento de incendio de una sinagoga en Amberes y denuncias de estudiantes judíos sobre acoso y discriminación. Citó además una encuesta de ADL Europa según la cual el antisemitismo en Bélgica sería entre dos y tres veces más frecuente que en países vecinos.
Saar cuestionó que, tras miles de años de práctica del brit milá, la comunidad de mohalim sea ahora objeto de investigación y señaló que Bélgica no cuenta con un plan estratégico ni un coordinador designado para combatir el antisemitismo, a diferencia de la mayoría de los países de la Unión Europea.
En el plano interno, el presidente de Vooruit, Conner Rousseau, declaró a VRT que Bélgica es un Estado constitucional donde nadie está por encima de la ley, "ni siquiera un embajador estadounidense". En tanto, el exministro de Justicia Vincent van Quickenborne acusó al diputado federal Michael Freilich de haber iniciado la polémica e insinuó indirectamente una conspiración judía.
De este modo, un proceso judicial específico se transformó en un conflicto diplomático de alto voltaje, con acusaciones cruzadas de antisemitismo e injerencia que tensionan la relación entre Bruselas y Washington, mientras la comunidad judía belga queda en el centro de un debate que trasciende las fronteras del país ▪
