En el libro del Éxodo, capítulo 22, versículo 30, leemos:
"וְאַנְשֵׁי קֹדֶשׁ תִּהְיוּן לִי, וּבָשָׂר בַּשָּׂדֶה טְרֵפָה לֹא תֹאכֵלוּ"
"Seréis hombres de santidad para Mí, y carne que haya sido herida por bestia en el campo no comeréis."
A primera vista, este versículo parece establecer una norma técnica dentro de las leyes de kashrut. Sin embargo, como explica el Rebe de Lubavitch, la Torá no solo legisla conductas externas, sino que educa una forma de percibir la realidad. La prohibición de la carne trefá se convierte así en una enseñanza profunda sobre qué significa vivir como "personas de santidad".
La visión de Rashi: la realidad del hecho Rashi interpreta "trefá" como carne que ha sido dañada físicamente por una fiera. El énfasis está puesto en el acontecimiento concreto: algo ocurrió en el mundo material y ese hecho define el estatus de la carne. La realidad se determina por lo visible, lo comprobable, lo objetivamente constatable.
Desde esta perspectiva, la Torá nos enseña a reconocer límites claros. Hay situaciones en las que la ruptura es evidente, donde el daño es manifiesto y no admite reinterpretaciones. En la vida, esta mirada nos orienta a identificar peligros reales, consecuencias innegables y hechos que requieren una respuesta firme. La santidad, aquí, consiste en no ignorar la realidad tal como se presenta.
La visión de Onkelos: el proceso y la certeza del origen Onkelos introduce una capa más profunda. Para él, la carne puede ser trefá incluso si externamente parece intacta, cuando no se sabe cómo murió el animal. No basta con que el resultado sea aceptable; es indispensable que el proceso sea conocido y legítimo. La ausencia de conocimiento sobre el método ya constituye una falla esencial.
Aquí la santidad no depende solo de la apariencia, sino de la integridad del camino. La realidad no se define únicamente por lo que es, sino por cómo llegó a ser. Esta visión introduce una ética más exigente: incluso aquello que "funciona" o "sale bien" puede carecer de validez si su origen es dudoso.
Dos ontologías, una vida consciente.
Llevado a la existencia cotidiana, este debate revela dos formas de habitar el mundo. Una se enfoca en los resultados: lo logrado, lo visible, lo exitoso. La otra se interroga por el proceso: la coherencia interna, la honestidad del recorrido, la claridad del origen.
Vivimos en una cultura que suele premiar el resultado, aun cuando el camino sea opaco. La Torá, a través de Onkelos, nos advierte que la falta de conciencia sobre el proceso empobrece el resultado, aunque este parezca correcto. Y a través de Rashi, nos recuerda que no todo puede relativizarse: hay hechos que marcan límites reales.
Ser "personas de santidad" implica integrar ambas miradas: reconocer la realidad tal como es, y al mismo tiempo cuidar la forma en que construimos esa realidad. Porque, al final, no solo importa a dónde llegamos, sino quiénes nos convertimos en el trayecto.
Shabat Shalom◾
