¿Qué llevó a un rabino de Burgos a convertirse al cristianismo antes incluso de los grandes pogromos del finales del siglo XIV? ¿Fue convicción, conveniencia o supervivencia? ¿Y qué dice su historia sobre la transformación de la sociedad en Castilla y Aragón entre 1391 y 1492, quizá hasta la España de nuestros días? Estas y otras preguntas marcaron un coloquio organizado este miércoles por la Fundación Hispanojudía en torno al libro "Conversos" (Ed. Almuzara, 2025) escrito por un destacado financiero madrileño con dotes, también, de filósofo e historiador: David Jiménez-Blanco.
Escrito a partir de una investigación compartida con Sam Bengio, amigo personal del autor y patrono de la Fundación, el libro reconstruye la vida del rabino de Burgos Salomón Leví, luego convertido al cristianismo bajo el nombre de Pablo de Santa María y quien llegó a obispo de esa misma ciudad. "Conversos" se convierte así en espejo de una época decisiva no solo para el judaísmo sefardí de la época. También, y sobre todo, para la sociedad española a lo largo de los siglos posteriores. Quizá, hasta nuestros días.

Un doble mensaje
La cita que sobrevoló buena parte del debate la formuló el propio autor: "El libro hace ver a los españoles que nunca hayan pensado que tienen nada de judíos, que en realidad en España (…) hay muchísima sangre judía", y, al mismo tiempo, interpela a los judíos al recordar que "no todos se fueron (de la península con el Edicto de Expulsión), y que no todos los que se quedaron fueron unos héroes que siguieron practicando el judaísmo en casa". Ese doble mensaje, admitió Jiménez-Blanco, puede resultar "incómodo" para unos y otros.
El coloquio reunió también a Darío Villanueva, exdirector de la Real Academia Española y miembro del consejo asesor de la Fundación organizadora del encuentro, en una conversación que combinó análisis histórico, memoria y debate contemporáneo. Muchas preguntas. Algunas sin respuesta, entre ellas -quizá- la principal de todas: ¿Por qué el rabino Salomón Leví decidió convertirse? ¿Fue convicción, presión social o pragmatismo? Para Jiménez-Blanco, no es posible conocer las motivaciones íntimas del rabino burgalés pero rechazó de plano las lecturas simplificadoras. A su juicio, pudo haber una combinación de convicción religiosa, cálculo político y necesidad de supervivencia en un contexto de creciente presión sobre las comunidades judías, incluso antes de los pogromos de 1391.
De lo que no tiene ninguna duda es de que, una vez convertido, el ya bautizado como Pablo de Santa María no llevó una doble vida ni actuó con ambigüedad: durante décadas defendió activamente el cristianismo y desarrolló una carrera eclesiástica de primer nivel. Ese compromiso sostenido complica la idea de una conversión meramente táctica o superficial.
La apertura estuvo a cargo del presidente de la Fundación, David Hatchwell, quien en su bienvenida subrayó la relevancia de abordar el periodo que va de los pogromos de 1391 a la expulsión de 1492 como un punto de inflexión en la historia peninsular. Destacó asimismo la dimensión cultural de los proyectos de la Fundación, entre ellos el futuro Museo Judío de Madrid, y enmarcó el debate dentro de la vocación de la entidad por recuperar episodios que, a su juicio, marcaron de forma duradera la identidad española.

Un libro entre la biografía y la historia
Villanueva subrayó el carácter "excepcional" de la obra y la definió como una suma de géneros: biografía, historia, libro de viajes y reflexión sobre la convivencia. Para él, la figura central de Salomón Leví / Pablo de Santa María, no se limita en la obra a un retrato individual: recorre los pogromos de 1391, las leyes de Valladolid, la disputa de Tortosa y el clima que precedió a la expulsión de 1492.
El exdirector de la RAE explicó que el libro resume con "precisión" y "objetividad" la secuencia histórica que va desde los pogromos de Sevilla, Córdoba o Valencia hasta la instauración de la Inquisición, y aplaudió la actitud del autor en la reconstrucción de unos hechos sin buscar "víctimas" ni "victimarios", porque "la historia es la mezcla de aciertos y de errores" y, también, lo que algunos filósofos han dicho: que "todo acto de civilización puede incluso encerrar un acto al mismo tiempo de barbarie".
Además de su dimensión histórica, recordó Villanueva, el texto adopta la forma de un viaje. Jiménez-Blanco y Bengio recorren ciudades clave en la biografía del protagonista: Burgos, Sevilla, Valencia, Tortosa o París, donde el nuevo obispo se formaría como teólogo. El itinerario físico se convierte en un recorrido intelectual por un siglo que, según Bengio, suele reducirse en la memoria sefardí a un simple prólogo de la expulsión.

Para el autor, el libro nació como una investigación abierta y sin límites, y en ese sentido reconoció la inquietud que le generaba la recepción, tanto entre judíos como entre no judíos, precisamente por los "mensajes complementarios e incómodos" que contiene. Pero consideró que la historia de España es "más rica contada así que como una sucesión de guerras civiles".
Jiménez-Blanco defendió que muchos conversos, lejos de mantener una práctica oculta indefinida, se integraron plenamente en la sociedad cristiana, porque "la gente, en una situación de gran presión, hace lo que puede para sobrevivir". Rechazaba así lecturas simplificadoras de héroes y traidores, avalando con sus comprobaciones las tesis expuestas por el centenario historiador Ben Sión Netanyahu (1910-2012) en sus últimos libros sobre los conversos y la Inquisición.
Conversión, presión y disputas
Y aunque el espectro investigativo del libro cubre un período relativamente corto, hasta 1435, Bengio situó su proyección temporal en el siglo que va de 1391 a 1492. "Esos 100 años son clave, es el principio de la destrucción de una comunidad que tenía 1.500 años de historia", afirmó. En su casa, recordó, se hablaba de la expulsión, pero no de los años previos. El viaje junto a Jiménez-Blanco -dijo- fue para él un proceso de descubrimiento.

Entre los episodios analizados destacó la disputa de Tortosa (1414-1416), que calificó de "clave para el destino de la comunidad judía". Allí, explicó, la presión sobre los rabinos de Aragón derivó en numerosas conversiones. Bengio evocó también la experiencia personal de contemplar en Barcelona una pared reconstruida con lápidas del antiguo cementerio judío tras el pogromo de 1391: "Fue el momento más emocionante de todo ese viaje, ver la historia que se te cae encima".
Pero confesó que para él, la pregunta de fondo sobre la conversión de Salomón Leví permanecía y permanece abierta: "¿Cómo pudo un rabino de su talla romper el pacto de siglos con Dios?", se preguntó. Ni siquiera la respuesta de un rabino amigo al que consultó ("Quince siglos de exilio son muy largos") pareció llenar ese vacío.
Jiménez-Blanco coincidió en que es imposible conocer las motivaciones íntimas, pero señaló que, tras convertirse, Pablo de Santa María dedicó décadas a la defensa activa del cristianismo, lo que complica interpretaciones unívocas, más aún cuando decidió convertirse años antes de las leyes de limpieza de sangre de Toledo de 1448. Para él, tuvo que haber un elemento voluntario, de verdadera convicción, o quizá de pragmatismo social. Y lo más probable, una combinación de todo ello.

Memoria selectiva y actualidad
Destacable también del coloquio la reflexión de Jiménez-Blanco sobre el espíritu de aquellas conversiones a la luz de la persecución de los conversos iniciada décadas después, un absurdo que -recordó- volvió a repetirse en la Alemania de los siglos XIX y XX: "A mí siempre me ha llamado la atención -reconoció- hasta qué punto se parece ese fenómeno al terrible fenómeno alemán de 500 años más tarde".
Razones a un lado, en ambos casos se produjo un proceso de conversión y asimilación de los judíos a la sociedad ("por las malas, pero asimilación al fin al cabo") que degeneró en un arrepentimiento colectivo y la persecución de los judíos o conversos: "En España, las leyes de limpieza de sangre vienen 50-60 años después de los pogromos de 1391 (y las conversiones forzosas). En Alemania, después de la emancipación del 19, se produjo el nacimiento del antisemitismo alemán contra judíos, que ya no son tales de religión sino que se han integrado en la sociedad alemana". "Es increíble pensar lo parecido a esos dos fenómenos. ¡La historia no se repite, pero rima!", apostilló parafraseando al escritor estadounidense Mark Twain.
Su paralelismo atrajo naturalmente una comparación con el presente desde el público. Jiménez-Blanco distinguió entre el antisemitismo medieval, de raíz religiosa, y el antisemitismo actual, que definió como ideológico y no confesional. Pero Bengio, que estuvo de acuerdo en la apreciación sobre el origen ideológico del antisemitismo actual, sí encontró una relación: "El genocidio del cual se nos acusa a los judíos tiene que ver con el deicidio del cual se nos acusaba. Es decir, se busca un mecanismo para deshumanizar al judío de tal manera que se le pueda eliminar. Es importante esto porque el antisemitismo que hemos vivido a raíz de la guerra de Gaza es un antisemitismo que también tiene el mismo objetivo: eliminar al judío".
El coloquio concluyó con la convicción compartida de que la historia de los conversos, lejos de ser un episodio marginal, constituye una pieza central para comprender la identidad española y la memoria sefardí ▪
