En el marco de su 60.º aniversario, el Santuario del Libro y el Museo de Israel exhiben desde este martes uno de los mayores tesoros de su colección: el Gran Rollo de Isaías desplegado en toda su longitud —7,17 metros de pergamino cosido hace más de dos milenios—. Se trata del único manuscrito bíblico antiguo completo descubierto hasta la fecha, con sus 66 capítulos distribuidos en 54 columnas y 17 hojas unidas con hilos de lino.
La exposición no tiene precedentes porque los Rollos del Mar Muerto son conservados en una cámara subterránea climatizada, y lo que los turistas suelen ver en la zona pública del Museo son reproducciones.
Pero ahora el Museo ha decidido festejar su 60 aniversario por todo lo alto y con recorrido que comienza en el desierto en la zona de Qumrán. Fue allí donde, en 1947, pastores beduinos descubrieron por azar una cueva con vasijas que contenían antiguos manuscritos. Una de las leyendas más difundidas habla de una cabra perdida y de piedras arrojadas hacia la oscuridad, seguidas por el sonido de algo que se rompía. Los rollos fueron llevados a Belén y vendidos por sumas que hoy absolutamente ridículas pero que entonces parecían suficientes. Khalil Eskander Shahin (Kando), intermediario en la transacción, llegó a lamentar haber entregado "mucho papel sucio por poco papel limpio".

Una herencia milenaria
Los textos no son sólo una herencia patrimonial y pilar fundamental de la historia judía más antigua, también son un ejemplo de continuidad religiosa y de un idioma que, tras el exilio, perduró a lo largo de 1.900 años a través de los libros sagrados.
El investigador Pablo Antonio Torijano Morales, profesor del área de estudios hebreos y arameos de la Universidad Complutense de Madrid, subraya en ese sentido que el texto confirma la continuidad de la Biblia hebrea: "El texto consonántico, lo que son las consonantes, es en un 95% idéntico al que tenemos en nuestros días. Es decir, la línea de transmisión del texto nunca se rompió". Su afirmación adquiere un peso especial si se considera que el rollo, fechado hacia el 125 a.C. mediante análisis paleográfico y Carbono-14, antecede en aproximadamente mil años a los grandes códices medievales.
El contexto de su descubrimiento coincidió con los últimos meses del Mandato Británico y el estallido de la Guerra de Independencia de Israel (1947-8). entonces, el profesor Eliezer Lipa Sukenik logró adquirir parte de los rollos y el 1 de diciembre de 1947 dejó escrito en su diario: "Leí más de las pieles, temo que aquí haya uno de los descubrimientos que nunca siquiera esperábamos…".
Los manuscritos siguieron un itinerario accidentado: fotografías tomadas en 1948 por el Dr. John Trever en Jerusalén Este, traslado a Estados Unidos por parte del arzobispo Atanasio Samuel, un anuncio publicado en 1954 en el Wall Street Journal ofreciendo su venta y, finalmente, una compra secreta por 250.000 dólares gestionada por Yigael Yadin, hijo de Sukenik. Poco después se decidió construir el Santuario del Libro, inaugurado en 1965 como sede permanente de los rollos.

Los rollos como objeto arqueológico
La muestra actual examina por primera vez el documento no solo como texto sagrado sino como objeto arqueológico. Las hojas de pergamino presentan líneas marcadas antes de la escritura, añadidos entre palabras y correcciones visibles.
Para Torijano, que habló sobre la muestra en un encuentro organizado por la Oficina de Turismo de Israel la pasada edición de FITUR, el rollo funciona como "un microscopio a la formación del texto": aunque la coincidencia con la tradición posterior es abrumadora, existe un 5% de variantes. Algunas son ortográficas; otras revelan diferencias composicionales. En Isaías 53:11, por ejemplo, la presencia de la palabra "luz" en el rollo explica divergencias con la versión griega. "Por una parte atestigua la fidelidad del texto y por otra parte nos hace ver cómo se creaba el texto, cómo evolucionaba y cómo trabajaban los escribas", explicó.
La relevancia de Isaías en Qumrán queda reflejada en la cantidad de copias halladas en las cuevas: alrededor de veinte ejemplares en distintos estados de conservación. Para la comunidad que los usaba, y que escribió probablemente una parte de ellos, el texto tenía una lectura actualizada. "Isaías no está hablando del siglo séptimo, no, está hablando de ahora", señaló Torijano al describir la interpretación aplicada a su propio tiempo.
Hasta el día de hoy no se conocen con certeza quiénes fueron los autores de estos documentos.

Isaías, un libro querido y disputado
El carácter profético de Isaías explica también la centralidad de los documentos para el cristianismo. Cayetana Johnson, especializada en Arqueología Bíblica, recordó que el libro contiene referencias mesiánicas fundamentales y destacó la dimensión arqueológica que refuerza su historicidad. En 2009, la arqueóloga Eilat Mazar halló en el Ofel de Jerusalén el sello de "Yeshaya Navi", en un contexto administrativo cercano al del rey Ezequías. Para Johnson, estos descubrimientos confirman que "esto no es un mito".
La exposición culmina con el despliegue íntegro del manuscrito. Las letras, en una forma temprana de escritura cuadrada hebrea, resultan sorprendentemente familiares para el lector moderno. El visitante contempla no solo un texto bíblico, sino un objeto que sobrevivió al desierto, a guerras y a décadas de incertidumbre, y que hoy vuelve a exhibirse como testimonio tangible de continuidad cultural, religiosa y nacional judía.
A 2.200 años de su redacción y casi ocho décadas después de su hallazgo fortuito, el Gran Rollo de Isaías vuelve a ocupar el centro de la escena: no solo como reliquia del pasado, sino como puente vivo entre historia, arqueología y fe ▪
