La cultura israelí despide a una de sus figuras más influyentes de las últimas décadas. El compositor, arreglista, productor y cantante Mati Caspi, considerado uno de los pilares de la música israelí moderna, falleció este domingo a los 76 años en el hospital Ijilov de Tel Aviv, tras una prolongada lucha contra un cáncer metastásico avanzado. Con él se va una obra que marcó a generaciones y redefinió los límites armónicos de la música hebrea.
La dimensión de la pérdida quedó reflejada en el mensaje del presidente de Israel, Itzjak Herzog, quien subrayó el lugar central de Caspi en la historia cultural del país: "Demasiado pronto nos despedimos de Mati Caspi, uno de los más grandes creadores israelíes de nuestra generación, que pasó a cuidarnos desde lo alto", escribió, evocando uno de sus versos más conocidos —"Mishéhu doég li sham lemalá" ("Alguien cuida de mí allá arriba")— y destacando que su legado seguirá acompañando a la sociedad israelí durante generaciones.

Una despedida rodeada de música y memoria
Caspi falleció durante la noche del sábado al domingo, después de haber hecho público en mayo de 2025 que padecía cáncer avanzado con metástasis. Entonces anunció la cancelación de todas sus actuaciones para concentrarse en los tratamientos. "Queridos amigos, deseo informarles que he enfermado de cáncer avanzado con metástasis en todo el cuerpo. Lamentablemente debo cancelar todas mis actuaciones para poder concentrarme en los tratamientos dentro del proceso de curación", escribió en un comunicado dirigido a su público.
En julio de ese mismo año, el músico recurrió a la asociación "Lehoshit Yad" ("Tender una mano") para lanzar una campaña de recaudación de fondos destinada a financiar tratamientos que no estaban incluidos en la cobertura sanitaria. En entrevistas posteriores explicó las dificultades económicas del proceso médico y afirmó: "Los médicos se centran en prolongar la vida, pero yo estoy decidido a no rendirme y a vencer".
A finales de agosto de 2025, decenas de artistas participaron en un concierto homenaje en el Anfiteatro Park de Ra’anana. Caspi apareció visiblemente emocionado, agradeció al público y dijo: "Ustedes me dan fuerza para seguir luchando". Debido a su estado de salud, tuvo que abandonar el escenario tras interpretar solo algunos temas.
Caspi deja esposa, Kao (Rachel) y cuatro hijos: Brit, Bar, Suyan y Sean. En un comunicado familiar se decía: "Con el corazón dolorido y una profunda tristeza anunciamos el fallecimiento de nuestro amado esposo y querido padre. La luz de nuestras vidas se ha apagado". Su funeral se celebra este lunes en el cementerio Menujá Nejoná (cementerio laico) de Kfar Saba, y su féretro será colocado previamente en el Centro de Artes Escénicas de Tel Aviv para que el público pueda rendirle homenaje.
Una obra que definió generaciones
Nacido el 30 de noviembre de 1949 en el kibutz Hanita, Caspi mostró desde la infancia una inclinación absoluta por la música. A los cinco años comenzó a tocar distintos instrumentos y, tras la compra —excepcional para la época— de un piano por parte del kibutz, estudió en el conservatorio de Nahariya. A los 16 años apareció en el programa de talentos "Teshuot Rishonot" ("Primeros aplausos"), y a los 17 grabó su primera canción, "Leitzán Kipurím" ("Payaso de Iom Kipur").
En una época aún en la que los grandes músicos israelíes se curtían en las filas del Ejército, durante su servicio militar integró la Banda del Comando Sur, en la que consolidó su carrera como compositor y director musical. Posteriormente formó parte de distintos proyectos colectivos antes de iniciar una prolífica trayectoria en solitario.
A lo largo de más de seis décadas, Caspi escribió, compuso y arregló cientos de canciones que se convirtieron en clásicos de la música israelí. Entre las más destacadas figuran "Brit Olam" ("Pacto eterno"), "Yaldutí Hashniá" ("Mi segunda infancia"), "Yeméi Binyaminá" ("Los días de Binyamina"), "Ajotí Haktaná" ("Mi hermana pequeña"), "Mishehu" ("Alguien"), "Slicha" ("Perdón") y "Makóm Ledagá" ("Un lugar para la preocupación"). Su colaboración con el letrista Ehud Manor es considerada una de las más influyentes en la historia del cancionero hebreo.
En 2005 recibió el Premio ACUM a la Trayectoria de Vida, y críticos musicales destacaron "el timing prodigioso y las armonías no convencionales" que marcaron su estilo. Más que ningún otro rasgo, Caspi será recordado como quien elevó el umbral armónico de la música israelí, fusionando el pop local con jazz brasileño, bossa nova, folk y sonidos mediterráneos.
Reconocimientos y voces del mundo cultural
La noticia de su muerte provocó una ola de reacciones en el ámbito cultural y político. El ministro de Cultura y Deporte, Miki Zohar, afirmó: "Nos despedimos hoy de Mati Caspi, el gran cantante y creador que tocó el alma de todos nosotros". Desde ACUM se destacó que su obra constituye "un pilar esencial e insustituible del patrimonio musical hebreo".
Artistas que compartieron escenario y estudio con él también expresaron su dolor. Shlomo Gronij lo definió como "uno de los más grandes de la música israelí", mientras que Riki Gal, su colaboradora histórica, escribió: "Mientras el mundo exista, tú seguirás con nosotros".

El periodista Raz Shechnik resumió su impacto cultural: "No hay reemplazo para alguien así. Supo unir la música más compleja y elevada con el mainstream israelí". En palabras de quienes lo conocieron, Caspi fue tanto un creador monumental como una figura singular, alejada del culto a la popularidad y fiel a su verdad musical.
Con más de 30 álbumes publicados, miles de canciones y una influencia decisiva en varias generaciones de músicos, Mati Caspi deja un legado que seguirá resonando en la cultura israelí mucho más allá de su partida ▪
