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Carta abierta a un amigo projudío y antisionista

Hamás es responsable en gran medida de sus propias bajas. Si hubiera devuelto a los secuestrados en los primeros días del conflicto, se habrían evitado decenas de miles de muertos. Pero para Hamás puede más el odio a los judíos que el amor a sus propios niños.

Armando Azulay Tapiero

Tras una larga conversación con un amigo -gran conocedor y respetuoso de la religión y costumbres del judaísmo- en la que salió a relucir el conflicto entre Gaza e Israel, me dio a conocer su postura, una que considero habitual en la sociedad española y que se podría resumir en torno a tres ejes básicos.

El primero consiste en rechazar con firmeza cualquier forma de antisemitismo, venga de donde venga, y condenar sin matices el terrorismo de Hamás con sus crímenes, que no tienen justificación alguna. El segundo, implica defender el derecho del pueblo palestino a vivir con dignidad, seguridad y sin ser castigado colectivamente por los crímenes de una organización terrorista que entiende que no lo representa. Y, el tercero, defender el derecho de Israel a proteger a su población y a recuperar a los secuestrados, pero sin extralimitarse en sus acciones, llegando incluso a considerar que, si lo hace, podría estar cometiendo un genocidio.

A continuación, traslado aquí cuál fue mi respuesta a mi querido amigo:

Considero que tu postura —rechazar el antisemitismo, defender a Israel, condenar a Hamás y evitar el sufrimiento de la población palestina— es la que querríamos todos los que deseamos que Israel viva en paz para siempre. Sin embargo, creo que es una utopía propia de quienes desconocéis la complejidad del conflicto y la idiosincrasia del pueblo palestino.

Estamos hablando de un conflicto que comenzó hace más de 80 años, desde el mismo día de la fundación del Estado de Israel, con un único objetivo: su aniquilación. Desde entonces, Israel tiene como vecinos a un pueblo que ha sido adiestrado generación tras generación, desde la más tierna infancia, en el odio y en cómo matar judíos. Un pueblo cuyos gobernantes consideran héroes a los terroristas si sobreviven a sus atentados y mártires si mueren; donde fanáticos religiosos prometen una vida eterna llena de felicidad y recompensas a quienes se inmolan; y donde un gobierno mantiene económicamente a las familias de los terroristas con rentas vitalicias.



En ese contexto, para muchos padres es motivo de orgullo que sus hijos asesinen judíos y mueran como mártires. Por todo ello discrepo contigo y afirmo que Hamás sí representa el sentir de la inmensa mayoría de su pueblo, como quedó demostrado el 7 de octubre de 2023, cuando parte de la población civil celebró y participó en las masacres, jactándose del número de judíos asesinados y de mujeres violadas. Es más, una encuesta palestina del PCPSR a fines de 2023, poco después de la masacre de Hamás, así lo confirmaba: casi 3 de cada 4 palestinos consideraba "correcto" el sangriento ataque a Israel.

Se trata de una guerra en la que los agresores sabían perfectamente contra qué ejército luchaban y cuál sería la reacción de Israel. La incongruencia es que, según tu opinión —que coincide con la del resto de "buenistas" y "pacifistas" de Occidente— quienes iniciaron la guerra se han convertido en víctimas por ser débiles, y los agredidos en agresores por ser más fuertes. Este relato ha calado entre quienes sois ajenos al conflicto, identificando a los "pobres" palestinos como víctimas de los "malos" israelíes.

Todo ello ha sido alentado por gobiernos, partidos de izquierda y medios de comunicación afines en Occidente, provocando una ola de antisemitismo con proclamas que acusan a Israel de ser un Estado genocida, como tú mismo das a entender. Estos apoyos han dado alas a Hamás para perpetuar la guerra, negarse a rendirse y a devolver a los secuestrados, incrementando así el sufrimiento de ambos pueblos: el palestino y el israelí.

Respecto a la acusación de "genocidio", conviene distinguir entre querer provocar un genocidio y no poder —el caso de Hamás— y poder provocarlo y no querer —el caso de Israel—. Si esa hubiera sido su intención, Israel lo habría conseguido en pocas semanas, sin arriesgar la vida de un solo soldado, mediante bombardeos indiscriminados. Sin embargo, optó por una operación terrestre, lo que ha causado más de mil muertos y decenas de miles de heridos en su propio ejército.



Otro dato relevante es que, según los datos demográficos disponibles, la población de Gaza no ha disminuido desde el inicio de la guerra. Cuánto menos la de Cisjordania y, menos aún, la que vive dentro de Israel.

Está claro que en todas las guerras la que más sufre es la población civil, y más aún cuando los combates se desarrollan en núcleos urbanos densamente poblados, como en Gaza, una de las zonas más densas del mundo. A ello se suma que Hamás se entremezcla deliberadamente con la población civil, evita llevar uniforme y se esconde en una red de más de 700 kilómetros de túneles bajo viviendas, escuelas y hospitales, que utiliza como cuarteles, almacenes de armas, lanzaderas de misiles o centros de tortura y asesinato de secuestrados. Por ese motivo, estos lugares se convierten en objetivos militares legítimos.

Cuando hablas de "ciudades enteras reducidas a escombros", conviene recordar que esos túneles no pueden ser destruidos sin destruir a la vez lo que hay encima.

En esta guerra ha ocurrido algo inédito: el Ejército israelí avisaba previamente a la población civil para que evacuara las zonas a bombardear, mientras Hamás impedía esas evacuaciones, favoreciendo la muerte de sus propios ciudadanos. Israel permitió además la entrada de artículos de primera necesidad y suministro eléctrico, que Hamás retenía para proyectar una imagen de hambruna en los medios occidentales.

No dudo del elevado número de bajas civiles palestinas, comparable o incluso inferior al de otras guerras en zonas densamente pobladas. Pero considero que las cifras del llamado "Ministerio de Sanidad de Hamás", una fuente nada fiable, son exageradas y no distinguen entre civiles y terroristas. Tampoco separan el índice de mortalidad en Gaza en tiempos normales (algo más de 3‰ antes de la guerra). Hamás comprendió desde el primer momento que cuantas más víctimas civiles, especialmente niños, mayor apoyo recibiría en Occidente.



No olvidemos que desde el primer día Hamás secuestró a ciudadanos israelíes y cometió contra ellos actos inimaginables en pleno siglo XXI: torturas, violaciones, privación de alimentos y ejecuciones, incluidos asesinatos de bebés, todo ello grabado y difundido públicamente. Esto provocó un profundo sufrimiento psicológico en la sociedad israelí, que exigía a su gobierno actuar para liberarlos.

Ningún país que se precie puede mirar hacia otro lado. Israel no tenía más remedio que invadir Gaza, actuando de forma selectiva para evitar dañar a los secuestrados y, aunque no lo creas, para minimizar en lo posible los daños colaterales a la población civil.

Dices que defiendes el derecho de Israel a defenderse, y faltaría más. Israel no solo tiene ese derecho, sino la obligación de proteger a su población, atacada a diario por miles de misiles dirigidos contra civiles, incluidos niños, y de recuperar a sus secuestrados.

Una guerra en la que uno de los contendientes, en este caso el derrotado, proclama que volverá a repetirla, solo puede terminar con la rendición incondicional y el desarme. De lo contrario, está condenada a repetirse de forma cada vez más cruenta. Israel ha decidido que las masacres cometidas el 7 de octubre no deben volver a ocurrir jamás.

Para concluir, y volviendo a la necesidad de que el pueblo palestino viva con dignidad y seguridad, te recuerdo que Hamás es responsable en gran medida de sus propias bajas. Si hubiera devuelto a los secuestrados en los primeros días del conflicto, se habrían evitado decenas de miles de muertos. Pero para Hamás puede más el odio a los judíos que el amor a sus propios niños. No lo dudes ▪

Armando Azulay es médico especialista en Medicina Interna y trabaja en un hospital público en Valencia. Es Máster en Derecho y Bioética por la Universidad de Valencia y suele escribir en revistas especializadas sobre Bioética y Medicina Paliativa.

Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad exclusiva de su autor
y no necesariamente reflejan la postura editorial de Enfoque Judío ni de sus editores.

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