Lorenzo Rodríguez, el alcalde Castrillo Mota de Judíos (Burgos), fue homenajeado en la Cumbre Europea de Alcaldes contra el Antisemitismo, celebrada en París el mes pasado. Ahora, en una entrevista difundida por la organización Combat Antisemitism Movement (CAM), Rodríguez repasa el camino —a veces arduo— que su pequeño pueblo recorrió para recuperar y reconectar con su verdadero pasado.
"Cuando decidimos recuperar el nombre histórico de nuestro municipio, fue entonces cuando comenzaron el acoso y la confrontación", recuerda Rodríguez sobre el referéndum de 2014 que revirtió la denominación impuesta en 1627: Castrillo Matajudíos. Aquel nombre, una deformación hostil nacida en un clima de persecución tras la expulsión de los judíos en 1492, quedó atrás después de casi cuatro siglos. La presión, asegura, no vino del interior: "Provino de gente de fuera que no quería que recuperáramos nuestro pasado".
Aun así, los vecinos no dudaron. "Nuestra comunidad mantuvo su decisión con la misma fuerza con la que siempre ha defendido su identidad, desde el corazón y con profunda convicción", sostiene. El cambio no fue solo administrativo: "Recuperar el nombre Castrillo de Judíos honraba a los fundadores que establecieron el pueblo en 1035 y reafirmaba la dignidad y la memoria de un pueblo que sabe quién es y de dónde viene".

Un modelo para otros municipios
Hoy, Castrillo de Judíos es citado como ejemplo de cómo una administración local puede afrontar con valentía su legado judío. Rodríguez tiene claro qué aconsejaría a otros alcaldes. "Mi consejo es muy simple: hay que sentir lo que se hace desde el corazón y actuar con la profunda convicción de que es lo correcto", afirma. No se trata de trámites: "Reconocer la historia judía no es burocracia. Es una responsabilidad moral".
También pide realismo y paciencia. "Hay que avanzar con paso firme, sabiendo que el camino no será fácil, pero que puede recorrerse paso a paso". En ese proceso, insiste, el respeto debe guiarlo todo. "Debe hacerse con respeto hacia todas las opiniones y con un objetivo claro: recuperar la verdad histórica y dignificar el pasado del municipio".
Una idea central recorre su mensaje: la memoria exige valentía, pero también método y constancia.
Vandalismo, amenazas y una respuesta insuficiente
La visibilidad de Castrillo de Judíos no ha estado exenta de riesgos. El alcalde detalla en la entrevista una larga serie de ataques: "Tras sufrir más de una docena de actos vandálicos, amenazas de bomba y amenazas personales, la respuesta de las autoridades españolas ha sido, lamentablemente, de absoluto abandono".
Incluso medidas básicas de seguridad fueron bloqueadas. "El municipio no podía tomar medidas para protegerse, como instalar cámaras de seguridad", lamenta. Las denuncias —media docena en total— tampoco prosperaron. Ninguna tuvo resultado.

Rodríguez sitúa este abandono en un problema mayor: "Tenemos un gobierno que, en lugar de proteger y promover la convivencia, fomenta el odio hacia el pueblo judío", acusa. Frente a esa deriva, plantea una alternativa clara: "Para combatir el antisemitismo necesitamos cultura, educación y conocimiento de la historia de cada municipio. Lo que no necesitamos son líderes que alimenten la hostilidad".
Arqueología, educación y un centro de memoria sefardí
Pese a los obstáculos, el pueblo sigue invirtiendo en conocimiento. "Llevamos varios años realizando excavaciones arqueológicas en la zona donde la comunidad judía se asentó en 1035 y permaneció hasta la expulsión de 1492", explica Rodríguez. Entre los hallazgos figuran calles originales, restos de edificios y tumbas. Todo ello perteneciente a una comunidad que llegó a reunir entre 500 y 1.000 personas.
La ubicación del municipio añade un valor simbólico y turístico. "El Camino de Santiago pasa directamente por Castrillo, lo que nos convierte en un punto estratégico de interés histórico y cultural para visitantes de todo el mundo", subraya.
El alcalde destaca la creación del primer centro de memoria sefardí local: "Ya está construido. Es un espacio dedicado a preservar y compartir la historia de la comunidad judía de Castrillo". Sin embargo, queda mucho por hacer. "Casi todo el esfuerzo económico recae en el ayuntamiento y su personal, y no es suficiente para desarrollar todo el potencial arqueológico".
De ahí su llamado a la cooperación: "Necesitamos gente interesada en apoyar y colaborar. Solo juntos podremos proteger, compartir y elevar la historia de nuestra comunidad judía".
Las lecciones del 7 de octubre y un mensaje a Europa
El vínculo de Castrillo con Israel, especialmente a través de su hermanamiento con Kfar Vradim, ha permitido al alcalde seguir de cerca la situación del país. "Mi relación con Israel me ha mostrado que los judíos continúan enfrentando amenazas muy reales en el mundo", afirma. Los hechos del 7 de octubre reforzaron esa percepción: "La seguridad y dignidad de las comunidades judías requieren una acción firme".

Rodríguez cree que los líderes europeos deben asumir esta realidad sin ambigüedades. "La paz no puede construirse sobre el resentimiento o el sectarismo", advierte. Y recuerda una máxima histórica: "La humanidad no puede tropezar dos veces con la misma piedra". Para evitarlo, insiste, la respuesta debe apoyarse en cultura, educación y comprensión histórica.
A las comunidades judías europeas les envía un mensaje directo: "Permanezcan unidas, firmes y conscientes de su historia". Y añade: "Es esencial no normalizar el antisemitismo y denunciar toda forma de odio, ya sea verbal, física o institucional".
La defensa de la memoria, sostiene, empieza por los jóvenes: "Debemos mostrarles que convivir significa respetar cada creencia y cada forma de vida". Y termina con un llamado ético: "Debemos exigir responsabilidad a los líderes que generan odio para ocultar sus propios fracasos".
Castrillo de Judíos, concluye, seguirá hablando claro. "Necesitamos más municipios que se expresen con firmeza contra el antisemitismo", afirma. "Esperamos que personas comprometidas ayuden a que lo que hacemos en Castrillo continúe, preservando su historia y su memoria" ▪
