Especial 7-O | 2º Aniversario

Gabriel Schorr: "En octubre y noviembre de 2023 vivimos una sensación apocalíptica en Israel"

Durante una visita a Madrid en la que se ha reunido con la comunidad judía, Gabriel Schorr desgrana su visión sobre la guerra contra Hamás, las fallas estratégicas de los primeros meses y la fractura social que, según él, amenaza con resurgir con fuerza en la sociedad israelí, a una semana de que se conmemore el segundo aniversario de la masacre del 7 de octubre.
Gabriel Schorr: "En octubre y noviembre de 2023 vivimos una sensación apocalíptica en Israel"
Actualizado el 10/11/2025, 20:22 hs.
Elías L. Benarroch

Gabriel Schorr es analista político, investigador del islamismo y exmilitar de una de las brigadas de combate de infantería del Ejército israelí. Vive en Israel, donde dirige una operadora de turismo, y combina la experiencia del terreno con el análisis geopolítico. Desde esa doble mirada —la del soldado y la del estudioso— observa con crudeza los cambios que ha sufrido Israel desde el 7 de octubre de 2023.

En esta conversación con Enfoque Judío, durante una visita a Madrid en la que se ha reunido con la comunidad judía, Schorr desgrana su visión sobre la guerra contra Hamás, las fallas estratégicas de los primeros meses y la fractura social que, según él, amenaza con resurgir con fuerza en la sociedad israelí, a poco más de una semana de que se conmemore el segundo aniversario de la masacre del 7 de octubre.

—PREGUNTA. Gabriel, ¿Cómo describiría la situación actual de seguridad de Israel, dos años después del 7 de octubre?

—RESPUESTA. Desde la perspectiva de seguridad exterior, Israel está hoy mejor posicionada que hace dos años. Hemos desarticulado gran parte de la infraestructura militar de Hamás y reducido su capacidad operativa. También hemos contenido a Hezbolá y a las milicias proiraníes en Siria. Pero eso no significa que estemos tranquilos. El país vive con una sensación de alerta permanente.

Lo más grave, sin embargo, está dentro. La sociedad israelí entró al 7 de octubre dividida, con tensiones reales entre lo religioso y lo laico, entre los que sirven en el ejército y los que no, entre quienes creen que el país se debe a la tradición y quienes lo entienden como un proyecto democrático moderno. La guerra nos unió los primeros meses, pero esa unión se está deshilachando.

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Gabriel Schorr: "Una sensación de que si hacíamos un error estratégico, el país se terminaba. Había pánico en las calles." (Foto: Enfoque Judío)

PREGUNTA. Usted ha dicho que octubre y noviembre de 2023 se vivieron como una "sensación apocalíptica". ¿Cómo recuerda esos días?

—RESPUESTA. Fue exactamente eso. Una sensación de que si hacíamos un error estratégico, el país se terminaba. Había pánico en las calles. Recuerdo haberme quedado con la puerta atrancada con muebles, escuchando noticias minuto a minuto. Era como si todo el país respirara al mismo tiempo, conteniendo la respiración. Nunca había sentido tanto miedo colectivo.

Israel es un país acostumbrado a la guerra, pero no a la humillación. Y el 7 de octubre fue eso: una herida profunda, una derrota simbólica. El ataque no fue una guerra; fue el mayor atentado terrorista en la historia del Medio Oriente.

PREGUNTA. ¿Qué falló el 7 de octubre?

—RESPUESTA. Fallaron muchas cosas a la vez: inteligencia, cadena de mando, planificación. Pero sobre todo falló la capacidad de imaginar que algo así podía pasar. Nos habíamos convencido de que Hamás quería estabilidad, que se había convertido en un actor racional. Fue un error estratégico.

Después del ataque, el ejército reaccionó con rapidez, pero sin plan. No había una hoja de ruta. Las operaciones se improvisaban en función de las necesidades del momento. Por eso digo que no fue una guerra planificada, sino una reacción desesperada ante un ataque sin precedentes.

PREGUNTA. En aquel momento, muchos en Israel exigían "eliminar a Hamás" y recuperar a todos los rehenes. ¿Cree que esos objetivos eran compatibles?

—RESPUESTA. No, no lo eran.En la práctica, son metas contradictorias. Cuando uno intenta destruir completamente a una organización que tiene rehenes, termina poniendo en riesgo la vida de esos rehenes.

Yo lo dije en noviembre de 2023: "No vamos a recuperar a los 250 secuestrados vivos". Y lo mantengo. Esconder a 250 personas vivas es mucho más difícil que esconder cadáveres.

Además, la lógica de "primero los rehenes y después la guerra" no tiene sentido operativo. Hamás nunca iba a entregar a los rehenes sin garantías de supervivencia. Y desde el punto de vista militar, Israel no podía parar sin lograr algo que se pudiera llamar "victoria".

PREGUNTA. ¿Y es posible realmente "eliminar" a Hamás?

—RESPUESTA. Depende de lo que se entienda por eliminar. Si hablamos de matar a los líderes, es posible, pero eso no destruye a la organización. Si se elimina a Yahya Sinwar, aparecerá otro. Lo mismo pasó con Al-Qaeda y con ISIS.

Hamás no es solo un ejército, es una idea, una estructura social, un movimiento religioso. No se lo borra con tanques. La única forma de que Hamás desaparezca del poder es acompañar la operación militar con una estrategia política. Y eso es precisamente lo que no se ha hecho.

PREGUNTA. ¿Cuál sería esa estrategia política?

—RESPUESTA. Hay que pensar en "el día después". No se puede vaciar Gaza sin decidir quién entra. Si Israel retira sus tropas y no hay una autoridad que gobierne, el vacío se llena solo: o con Hamás otra vez, o con el caos.

Mi hipótesis es que la única salida viable pasa por una coalición árabe respaldada por los Acuerdos de Abraham. Países como Emiratos Árabes, Egipto o incluso Arabia Saudita podrían enviar policías, ingenieros, dinero. Pero lo harán solo si Hamás desaparece como poder político y militar.

PREGUNTA. ¿Y quién podría gobernar Gaza en ese escenario?

—RESPUESTA. Mohammed Dahlán. Tiene contactos en Gaza, conoce la estructura local y cuenta con el respaldo de algunos países del Golfo. Es un personaje complejo, sí, y muchos palestinos lo ven como colaboracionista. Pero también es alguien que podría mantener cierto orden sin depender de Hamás.

Yo creo que, si Israel logra debilitar a Hamás hasta un punto sin retorno, los países árabes moderados estarían dispuestos a intervenir con Dahlán o con otra figura similar. Lo que no van a hacer —y lo han dicho claramente— es entrar a Gaza mientras Hamás siga ahí.

PREGUNTA. ¿Qué papel ve para la Autoridad Palestina en ese plan?

—RESPUESTA. La Autoridad Palestina ya no tiene legitimidad. En Gaza no la quieren y en Cisjordania está desgastada. Si se la impone por la fuerza, será percibida como un gobierno títere. Por eso, insisto, se necesita una solución regional, con respaldo árabe, no una imposición unilateral de Israel.

Y, por supuesto, todo eso requiere una decisión política dentro de Israel, que hoy no existe. Mientras el gobierno no defina qué quiere hacer el día después, el ejército solo puede ganar batallas, no la guerra.

PREGUNTA. Usted mencionó antes las divisiones internas en la sociedad israelí. ¿Cómo afectan a la conducción de la guerra?

—RESPUESTA. Afectan muchísimo. En Israel hay hoy dos relatos nacionales que casi no se tocan. Uno es el del país liberal, tecnológico, occidental; el otro, el del país religioso, identitario, más apegado a la tradición.

El 7 de octubre congeló esas diferencias durante algunos meses. Pero ahora, con la guerra alargándose, vuelven los reproches, las protestas, la desconfianza hacia los políticos. La fractura sigue ahí, latente.

Y eso tiene consecuencias estratégicas: un país dividido no puede sostener una guerra larga. La unidad es una herramienta de defensa nacional.

PREGUNTA. En retrospectiva, ¿qué enseñanza deja el 7 de octubre para Israel?

—RESPUESTA. Que la seguridad absoluta no existe. Que los errores de percepción se pagan carísimo. Y que la fortaleza de Israel no está solo en su ejército, sino en su cohesión social.

Si el país vuelve a dividirse como antes, ni el Iron Dome nos va a salvar. Pero si entiende que su supervivencia depende tanto del consenso interno como de la victoria militar, entonces podremos salir fortalecidos.

PREGUNTA. ¿Cómo imagina el futuro inmediato?

—RESPUESTA. Creo que el conflicto con Hamás entrará en una fase de baja intensidad, con operaciones puntuales, inteligencia y ataques selectivos. La gran pregunta es qué hará el liderazgo israelí: si aprovechará la oportunidad para definir una estrategia regional, o si seguiremos reaccionando en lugar de planificar.

Y, sobre todo, espero que no volvamos a vivir lo que vivimos en aquellos días. El miedo, la impotencia, la sensación de fin del mundo… fue demasiado.

"El 7 de octubre nos recordó que la existencia de Israel no está garantizada por decreto. Cada generación tiene que reconstruirla" ▪