En el segundo aniversario de la masacre perpetrada por Hamás en Israel, la comunidad judía de Madrid reunió a unas doscientas personas en un acto de memoria y denuncia del creciente antisemitismo en España, con el que ha querido advertir de los peligros de ambos fenómenos para la sociedad.
La concentración, celebrada en Alcobendas, recordó a las 1.200 víctimas asesinadas por los palestinos en la masacre del 7 de octubre de 2023 y a los 48 rehenes –de un total de 250 hace dos años- que aún permanecen cautivos en Gaza. Fue, sobre todo, un llamado a poner fin al odio contra los judíos y contra Israel, en un contexto social marcado por el miedo y el silencio.
La ceremonia —organizada por una treintena entidades judías e israelíes y de amistad— contó con un fuerte dispositivo de seguridad y tuvo lugar junto al monumento conmemorativo erigido el año pasado cerca del colegio judío de Madrid: un olivo traído desde Israel y una verja elaborada con restos del Festival Nova.
El acto estuvo dedicado a recordar a las víctimas del 7 de octubre, reafirmar la dignidad del pueblo judío y expresar solidaridad con las familias que aún esperan la liberación de los rehenes.

"No podemos seguir callados ante el odio"
La embajadora en funciones de Israel en España, Dana Erlich, fue una de las principales oradoras. En su intervención, destacó la necesidad de mantener viva la memoria y de alzar la voz contra la hostilidad creciente. "Durante estos dos años nos han dicho que escondamos nuestras banderas, que la del pueblo judío es una provocación. Verlas aquí, ondeando con orgullo, me da esperanza", afirmó emocionada.
La diplomática, que ya vivió en propia carne las consecuencias del odio siendo embajadora en Irlanda, recordó que el ataque de Hamás no sólo golpeó a Israel, sino que tuvo repercusiones personales y colectivas en todo el mundo judío.
"No entiendo cuando me preguntan si fui personalmente afectada por el 7 de octubre, porque todos lo fuimos. Todos fuimos heridos esa mañana", expresó. Erlich advirtió que el antisemitismo y el odio hacia Israel han resurgido con fuerza: "Vemos campañas orquestadas, mentiras repetidas sin comprender —o comprendiendo demasiado bien— su impacto. Por eso no podemos estar callados, y no dejaremos que nos callen".
Para muchos asistentes, las palabras de la embajadora reflejaron el sentimiento de vulnerabilidad y de resistencia que atraviesa hoy a buena parte de la comunidad judía española. "Tenemos miedo, sí, pero también esperanza. Esperanza de que esta pesadilla termine y podamos reconstruir juntos", concluyó.
Un acto discreto, marcado por el miedo y una importante ausencia
El encuentro congregó a representantes de las principales instituciones judías e israelíes de la capital. Estuvieron presentes, además de la embajadora israelí en funciones, la presidenta de la CJM, Estrella Bengio, el presidente de la comunidad Bet El, Ariel Liberman, la presidenta de la Comunidad Reformista Or Jadash, Yael Cobano, y el presidente de Macabi, Mauricio Cohn. También participó la alcaldesa de Alcobendas, Rocío García Alcántara, así como su concejal de Educación, Fernando Martínez Rodríguez, y la concejal del Distrito Urbanizaciones, Cristina Capdevila.
En total, según el cartel de convocatoria, una treintena de instituciones co-organizaron o dieron su apoyo a la concentración, por mencionar algunas: el Ayuntamiento de Alcobendas, la Embajada de Israel, la Federación de Comunidades Judías de España (FCJE), United with Israel, ACOM, Movimiento contra la Intolerancia, Fundación HispanoJudía, Madres Judías por la Paz, etc.

Y pese a su respaldo institucional, el evento estuvo marcado por la ausencia del más alto representante de la FCJE, su presidente David Obadía, que volvió a faltar a un acto conmemorativo de gran relevancia para la comunidad. En su lugar, asistió su directora ejecutiva, Carolina Aysen, quien sin embargo no se situó en línea con los más altos representantes oficiales presentes.
La ausencia de Obadía en eventos relacionados con la lucha contra el antisemitismo y de solidaridad y defensa de Israel no es nueva. Su postura distante y poco representativa en este tipo de convocatorias genera preguntas acerca de la función en este plano de la Federación, que es legalmente la representante ante el Estado de todos los judíos españoles. Aunque en los últimos meses Obadía ha aparecido en medios y debates sobre antisemitismo, su falta de presencia física en actos de unidad y solidaridad con Israel puede ser percibida como una carencia simbólica en un momento en que las comunidades buscan cohesión frente a la agresiva ola de antisemitismo, especialmente cuando hay ministros del Gobierno que -directa o indirectamente- la alientan con muy polémicas proclamas en contra de Israel, al menos según la definición de antisemitismo de la IHRA.

"La peor barbarie en Israel desde la destrucción del Segundo Templo"
Mucho más activa en este tipo de eventos desde el 7-O (no suele faltar a ninguna cita), la presidenta de la Comunidad Judía de Madrid (CJM), Estrella Bengio, quien centró su discurso en la memoria y en la exigencia moral de condenar el terrorismo.
"Estamos aquí para recordar a las víctimas inocentes de la masacre del 7 de octubre, para reclamar la liberación de los secuestrados y acompañar a sus familias en esta espera interminable", señaló en su discurso.
Bengio evocó la magnitud del horror vivido aquel día: "Fue una cacería inhumana, una emboscada salvaje que asesinó a más de 1.200 personas y secuestró a más de 240, entre ellos niños y ancianos". Y citando al historiador Yuval Harari, subrayó que "desde la destrucción del Segundo Templo de Jerusalén (en el siglo I), no había ocurrido en la historia de Israel una barbarie semejante".
La dirigente comunitaria lamentó también la indiferencia de parte de la sociedad española frente a este sufrimiento y frente al antisemitismo: "Muchos callaron ante las imágenes de los terroristas persiguiendo a jóvenes durante el festival Nova. Callaron viendo cómo los asesinaban entre gritos de júbilo. No podemos olvidar esa insensibilidad moral", advirtió. Y frente a ello, hizo un llamado a la unidad: "El 7 de octubre nos golpeó con crueldad, pero también nos recordó que el pueblo judío sabe levantarse una y otra vez, con la certeza de que la luz de la vida vence siempre a la oscuridad".
España, entre la hostilidad política y la vulnerabilidad judía
El acto de Alcobendas se celebró sin presencia de representantes del Gobierno español. En los últimos dos años, España se ha posicionado como uno de los países europeos más críticos con el Gobierno de Israel, adoptando medidas como el embargo de armas, el boicot a eventos con participación israelí y el apoyo a iniciativas judiciales internacionales contra el primer ministro Biniamín Netanyahu y el anterior titular de Defensa Yoav Gallant.
Sucesos como los de la Vuelta a España o el impulso que, desde el Gobierno de Pedro Sánchez, se da a las ya incontrolables manifestaciones antiisraelíes, han acabado afectando a la vida judía en España y a las relaciones bilaterales. Además de que la expresión "genocidio en Gaza" se ha vuelto tan habitual en el discurso público, incluso en instituciones del Estado, que ha pasado un proceso de "folclorización" imparable cuando ninguna institución jurídica internacional se ha pronunciado aún en ese sentido.
Este clima social no ha pasado inadvertido para los judíos españoles. Algunos asistentes al acto reconocieron a Enfoque Judío que la participación fue menor de lo esperado, probablemente alentado por miedo a represalias o por el atentado antisemita en Mánchester durante Yom Kipur. Aun así, muchos desafiaron el temor y acudieron portando banderas de Israel y de España, junto a pancartas que exigían "NO al antisemitismo", "libertad para los rehenes" y "derecho de Israel a existir".
El evento concluyó con los himnos de España e Israel y una ofrenda floral ante el monumento a las víctimas. Jóvenes de los movimientos Noam, Tzofim y Macabi condujeron la ceremonia, que —más allá de su sobriedad— simbolizó la determinación de una comunidad que se siente cada vez más sola, pero no dispuesta a rendirse.
Entre la emoción y la preocupación, una idea sobrevoló todo el acto: la convicción de que recordar el 7 de octubre no es sólo un deber con las víctimas, sino también una forma de resistencia frente al odio que crece en las calles de España ▪
