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La Jalá como lenguaje espiritual de la abundancia

La Jalá no es solo alimento. La Jalá es un lenguaje espiritual hecho de harina, agua, tiempo e intención. Un acto sencillo que, realizado con conciencia, puede transformar nuestra relación con la abundancia, el trabajo y la bendición en el hogar.

Rafaela Almeida

Amasar, esperar, separar y compartir: cada paso en la elaboración de la Jalá, el tradicional pan de shabbat y jornadas festivas en el judaísmo, refleja una enseñanza profunda de la Torá y la Cabalá sobre la creación del mundo y la bendición que habita en los actos hechos con conciencia.

La tradición judía no solo transmite normas y rituales; ofrece una profunda pedagogía espiritual sobre cómo relacionarnos con la materia, el trabajo y la bendición. A menudo se destaca la educación financiera judía como una de las claves del éxito económico de muchas comunidades. Sin embargo, existe una herramienta menos visible, profundamente espiritual y tradicionalmente vinculada al mundo femenino, que ha sido transmitida de generación en generación: la elaboración de la Jalá.

Hacer Jalá no es simplemente cocinar. Es un acto de creación consciente, una mitzvá (precepto) cargada de simbolismo y kavaná (intención), que la Torá asocia directamente con la bendición del hogar. En el libro de Bamidbar (Números 15:17–21) se ordena separar una porción de la masa como ofrenda sagrada. Nuestros sabios explican que esta mitzvá fue dada especialmente para traer berajá (bendición) a la casa, y el Talmud (Shabat 32b) enseña que el cumplimiento cuidadoso de la mitzvá de Jalá está vinculado al bienestar y la abundancia.

Jala Shabat 1

Desde una perspectiva cabalística, el proceso mismo de hacer pan refleja la dinámica de la creación. Al tamizar la harina, separando lo fino de lo grueso, imitamos el primer acto de tikún: ordenar la materia prima del mundo. La harina, símbolo del polvo, al mezclarse con el agua, evoca la formación del ser humano, creado del barro de la tierra y animado por el aliento divino (Bereshit 2:7). No es casual que la tradición asocie esta mitzvá con la mujer: así como la vida se gesta en el vientre, la masa "cobra vida" en un espacio protegido.

La levadura representa el ruaj, el soplo vital. En la Cabalá se explica que todo crecimiento requiere la medida justa: demasiado fermento arruina la masa, demasiado impulso sin contención puede desviar incluso los mejores proyectos. La paciencia necesaria para dejar levar la masa es, en sí misma, una lección espiritual: confiar en los procesos, permitir que lo sembrado madure a su tiempo.

Cuando la masa ha crecido y se separa la porción de Jalá, se realiza un gesto profundamente significativo. Al recitar la bendición y quemar ese pequeño trozo, recordamos que no todo nos pertenece, que incluso el fruto de nuestro trabajo está ligado a una dimensión sagrada. Los comentaristas relacionan este acto con la tzedaká (justicia, rectitud; generalmente empleado como caridad o solidaridad): reconocer que de la abundancia recibida, una parte debe ser devuelta para elevar el mundo.

Ver cómo una masa simple se multiplica y se transforma en panes que alimentan a otros refuerza una idea central del pensamiento judío: Dios desea bendecir la obra de nuestras manos, siempre que esta esté acompañada de conciencia, gratitud y responsabilidad.

En Shabat, antes de disfrutar de la Jalá, la costumbre de sumergir el pan tres veces en sal recuerda el "pacto de sal" mencionado en la Torá (Vaikrá 2:13), símbolo de una alianza eterna. La sal, según la tradición mística, representa la permanencia y el equilibrio entre rigor y bondad.

En esta misma línea, resulta especialmente iluminadora la explicación compartida por Jeremy Abramson.

La Jalá, entonces, no es solo alimento. La Jalá es un lenguaje espiritual hecho de harina, agua, tiempo e intención. Un acto sencillo que, realizado con conciencia, puede transformar nuestra relación con la abundancia, el trabajo y la bendición en el hogar.

Aprovecho también para recomendar seguir el inspirador trabajo de Anat Ishai (@challah.mom).

Receta de Jalá

En un bowl, desmenuzar la levadura, mezclar con 1 vaso de agua tibia y 1 cucharada de azúcar, y dejar reposar hasta que fermente.

En otro recipiente, mezclar el resto de los ingredientes, agregar la levadura fermentada y amasar hasta obtener una masa homogénea.

Dejar reposar la masa en un recipiente cubierto, en un lugar sin corrientes de aire, hasta que doble su volumen.

Amasar nuevamente para retirar el aire.

Antes de dar forma a las Jalot (los panes), separar un trozo de masa de aproximadamente 30 g y recitar la bendición de separación de la Jalá:

BARUJ ATÁ A-DO-NAI E-LO-HE-NU MELEJ HAOLAM, ASHER KIDESHANU BEMITZVOTAV VETZIVANU LEHAFRISH JALÁ.

Luego decir: HAREI ZÓ CHALÁ (esto es Jalá).

Dividir la masa en porciones de 120 g, formar las tiras y trenzar o dar forma redonda.

Colocar en una bandeja con papel vegetal o engrasada.

Dejar levar nuevamente unos 20 minutos.

Pintar con huevo batido, espolvorear sésamo y hornear a 180 °C durante 18–20 minutos.

Luego, solo queda compartir, agradecer y observar cómo un acto sencillo, realizado con intención, puede convertirse en una fuente real de cambio y bendición en nuestras vidas ▪

Rafaela Almeida, nacida en Brasil y nacionalizada española, es empresaria, escritora, educadora y presentadora de televisión. Es autora del libro Comunicación Internacional y Relaciones Públicas (Editorial Base, 2023), obra recomendada por la Escuela Diplomática española. Ha alzado la voz contra el antisemitismo en charlas TEDx y en medios nacionales e internacionales. Actualmente estudia Relaciones Internacionales en la UOC.

Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad exclusiva de su autor
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