El día 7 de octubre de 2023 Hamás junto con otras organizaciones terroristas, contando con la participación y el apoyo del pueblo palestino, iniciaron una guerra de la manera más cruel imaginable asesinando ciudadanos incluyendo niños y ancianos, violando y torturando hasta la muerte a mujeres, incinerando familias enteras y secuestrando personas, todo ello acompañado del lanzamiento de miles de misiles a núcleos urbanos. En menos de 24 horas fueron asesinados más de 1.200 israelíes y unos 250 fueron secuestrados -algunos de ellos ya cadáveres- y otros fueron ejecutados durante su cautiverio.
Todo el mundo daba por hecho que estos ataques no iban a conseguir una victoria desde el punto de vista militar y sí una reacción brutal por parte del poderoso Ejército de Israel, como así ha sucedido. Lo que en Occidente se pensaba que iba a ser cuestión de pocos días o de un par de meses como mucho, las predicciones del Gobierno de Israel eran que esta guerra iba a durar varios años, como así está sucediendo, ya que era conocedor de la preparación y adiestramiento de los terroristas de Hamás en guerras urbanas con combates cuerpo a cuerpo, con sus infraestructuras de túneles, la posesión de decenas de miles de misiles y otros explosivos y el habitual uso que hace de su población y edificios como escuelas y hospitales.
Con lo que Israel no contaba es con un arma que ha resultado ser una de las más eficaces para los terroristas palestinos: el apoyo de gobiernos, partidos políticos, instituciones judiciales, medios de comunicación, sectores del mal llamado mundo de la cultura, universidades y de la amplia población musulmana de la mayoría de los países de los cinco continentes que ha ido calando en el resto de los ciudadanos no conocedores del complejo conflicto surgido en Oriente Medio desde el mismo día de la independencia del Estado de Israel, que han considerado a los palestinos como víctimas y a los israelíes como agresores.
El odio a los judíos, que permanecía larvado en el mundo occidental, ha resurgido con fuerza en forma de manifestaciones multitudinarias en prácticamente todas las ciudades. En ellas se exige abiertamente la desaparición del Estado de Israel y el exterminio de su población judía mediante proclamas como "Palestina libre del río al mar", expresadas incluso por ministros y altos cargos de países democráticos. Un ejemplo de ello es la vicepresidenta del Gobierno de España, Yolanda Díaz.
A esto se suman falsas acusaciones de un genocidio inexistente, formuladas también de manera pública por presidentes de países democráticos —como Pedro Sánchez—, que pretenden y logran, mediante técnicas ya empleadas en la Alemania nazi, repetir una mentira hasta convertirla en verdad a los ojos de la opinión pública. El fenómeno se completa con boicots y campañas de desprecio contra empresas, científicos, cantantes, deportistas y otros ciudadanos israelíes, a quienes se impide participar en actos académicos, festivales musicales o competiciones deportivas.
Este odio a los judíos ha beneficiado notablemente a Hamás por una sencilla razón: se han visto apoyados por amplios sectores sociales, instituciones, tribunales y gobiernos democráticos que han considerado sus acciones como actos de legítima resistencia, se ha difundido en medios de comunicación afines falsedades que actualmente son evidentes que hacen referencia a una hambruna cuando eran los miembros de Hamás quienes retenían los alimentos; asesinatos no selectivos cuando el Ejército de Israel siempre ha enviado mensajes y avisos a la población para que evacuara la zona a atacar, ataques a colegios y hospitales, cuando eran edificios donde se almacenaba armamento y servían como cuarteles militares donde incluso se retenía y asesinaba a secuestrados.
Estos apoyos han dado alas al terror palestino, que ha evitado plantearse su rendición incondicional sabiendo que la guerra la tenían perdida desde el primer día y ha impedido la entrega de los secuestrados. El conflicto se ha prolongado en el tiempo tal y como preveía el Gobierno de Israel con el consiguiente aumento de bajas en ambos lados, ciudades en las que convivían cientos de miles de personas convertidas en escombros y en definitiva un mayor sufrimiento del pueblo palestino que podía haberse evitado.
Si tras la mayor masacre de judíos cometida desde el Holocausto nazi los países democráticos occidentales, la hubieran condenado de manera unánime, y entendido el derecho del Estado de Israel a atacar el terrorismo y a hacer todo lo posible para recuperar a sus ciudadanos secuestrados y torturados -me pregunto ¿Qué gobierno no habría enviado a su ejército para recuperar a sus ciudadanos que están siendo secuestrados, torturados y asesinados?-, es muy posible que Hamás se hubiera percatado de su gran error, rendido y evitado en gran medida el sufrimiento de su pueblo ▪
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Armando Azulay Tapiero es médico especialista en Medicina Interna y trabaja en un hospital público en Valencia. Es Máster en Derecho y Bioética por la Universidad de Valencia y suele escribir en revistas especializadas sobre Bioética y Medicina Paliativa.
