El rabino Sergio Bergman, presidente de la Unión Mundial del Judaísmo Progresista (WUPJ), presidió en Madrid la ceremonia de ordenación de tres nuevos rabinos formados por el Instituto Iberoamericano de Formación Rabínica Reformista. En declaraciones a Enfoque Judío, subraya el valor simbólico del acto en suelo español, reflexiona sobre el desarrollo tardío del movimiento reformista en España y lanza una propuesta de unidad comunitaria frente al antisemitismo.
A diferencia de otros países europeos, donde el reformismo se ha consolidado con estructuras institucionales fuertes, en España su implantación es aún incipiente. El acto de ordenación fue, por tanto, también una declaración de intenciones: reforzar una identidad judía inclusiva y diversa en un contexto donde la presencia judía sigue siendo frágil y muchas veces invisibilizada.
PREGUNTA – ¿Por qué celebrar en Madrid la ordenación de tres rabinos si han estudiado en Buenos Aires?
Es importante plantear que el Instituto de Formación Rabínica Reformista, liberal a lo progresista, es iberoamericano. Es decir, que la definición que hacemos es por la cultura y el lenguaje común más que por una geografía.
Para nosotros era muy importante darle relevancia a que tres españoles van a recibir su ordenación rabínica en suelo español, luego de la Expulsión de España, dado que los rabinos que habitualmente viven aquí se forman y se gradúan fuera del territorio español.
Es un acto de retomar nuestras raíces judías, de proyectar a la sociedad española —sobre todo en estos tiempos tan difíciles— que hay una identidad judía de España, no solamente de los judíos, que tiene que ser reconocida y, en este caso, también planteada la diversidad y la pluralidad de las formas de la identidad judía tanto en la religión como en la cultura.

PREGUNTA – El reformismo ha llegado más tarde a España que a Europa o Estados Unidos. ¿Por qué ese retraso?
Bueno, porque en realidad yo no creo que haya una diferencia por las denominaciones en términos —digamos— de la práctica religiosa, sino por la actualización.
Yo diría que aquí la comunidad es antigua, no ortodoxa. Es antigua en el sentido de que se mantuvo la tradición marroquí o de los que no es que llegaron primero sino que se quedaron —que no es lo mismo— y retomaron la identidad judía. Luego vinieron las modernas, o sea, las versiones más modernas del judaísmo.
La primera que vino fue masortí, de las liberales, por una migración de argentinos que trajeron su tradición masortí de Latinoamérica, a pesar de que la tradición masortí latinoamericana es liberal. Y por último, llega el movimiento reformista, en este caso por ser una mujer la que la lidera y la necesidad de que una mujer sea reconocida en la plena vigencia de su rol femenino y rabínico.
O sea, yo explico que la llegada del movimiento reformista como la tercera opción dentro de la diversidad religiosa judía tiene que ver con modernizar la tradición judía en España.
PREGUNTA – Sin embargo, la comunidad reformista apenas tiene unos 300 miembros activos, sobre todo en Madrid y Barcelona.
Fíjate qué interesante, porque una cosa es la afiliación que declara la gente y otra cosa es la identidad que porta. La mayor parte de los judíos, en general, son seculares y luego van a diferentes instituciones por servicios. Y si haces una trazabilidad, si le pusieras un localizador a los judíos en Madrid, verías que rotan.
Algunos van a la escuela judía (E.J. de la comunidad ortodoxa), otros van a la comunidad conservadora (masortí), otros van a la comunidad reformista, otros van a Macabi, y otros no van a ningún lado. Y sin embargo circulan en lo que yo llamo un "circuito comunitario".
La confusión es que las instituciones creemos que somos nosotros los que les otorgamos identidad a la gente. Cuando en realidad la gente construye su propia identidad.
Entonces, lo que creo es que a mayor diversidad de opciones, más crecimiento y expansión del judaísmo. En lugar de restringir las opciones, yo creo que hay que multiplicarlas. Yo lo que valoro de los rabinos, cualquiera sea su denominación, es la vocación de incluir y de sumar.
El tema es si esa inclusión o esa suma en la comunidad es con la intención de convertirlos en algo que no son. Nosotros no tratamos de convertir a nadie a nada. Tratamos de que cada uno viva con identidad su judaísmo, pero estoy de acuerdo que no se puede tener identidad sin estudios, sin formación.

PREGUNTA – ¿La WUPJ planea impulsar activamente su presencia en España o prefiere que las comunidades crezcan por sí solas?
Nosotros creemos que España y Portugal, la península ibérica, es una región emergente de judaísmo, de desarrollo de comunidades. Lo hacemos con la visión amplia de articular con otras instituciones, no solo las reformistas.
Estamos justamente manifestando nuestra proximidad, nuestra cercanía, nuestra amplitud, porque después de lo que nos está pasando creo que no tenemos margen para no estar juntos trabajando, respetando las diferencias. Tanto en el mundo como en España, un país que ha manifestado sin límite y sin vergüenza tanto un antisionismo como un antisemitismo, y con un gobierno totalmente antisemita, porque no es un problema de ser pro-palestino, el problema es de ser antisemita y de propiciar el odio a los judíos.
Dentro de esta visión amplia, una cosa es estar todos juntos mezclados como si fuéramos lo mismo —que no lo somos—, y otra cosa es tender puentes y trabajar articulados.
El movimiento reformista en este sentido viene a sostener el desarrollo de nuestras comunidades, viene a trabajar con otras instituciones y creemos que España tiene todo por hacer. España tiene un potencial increíble, porque hay un cambio demográfico con la nueva inmigración que no encuentra respuestas a lo que existe hoy.
¿Cree que las comunidades mayores, o más antiguas, están abiertas a ese diálogo?
Pero es un tema de las comunidades antiguas, que están de alguna manera fosilizadas en viejos modelos. Pero te diría otra cosa: la comunidad tradicional aquí mismo en Madrid también está sufriendo cambios, también está teniendo nuevos dirigentes que están planteando discusiones internas.
Por lo tanto, yo creo que algunos quieren responder a los desafíos y otros no. Yo lo respeto, no lo critico. Creo que nosotros tenemos que proponer más alternativas y crecer con la comunidad y dejar de discutir entre nosotros nuestras diferencias, y afirmar nuestras coincidencias, siempre con el mismo criterio.
Nadie tiene la verdad, nadie tiene la razón, nadie tiene de alguna manera una única opción de ser judíos. Eso no es una posición liberal, es una posición fáctica. Y, además, nosotros no somos solo una religión. Nosotros somos una religión, pero no solo. Somos una cultura, somos una tradición, somos una nación, somos un pueblo. Lo que nos une es ser un pueblo judío. No qué denominación religiosa del judaísmo somos.
Y nosotros, después del 7 de octubre, no tenemos más margen que terminarla de una vez y fortalecernos en la diversidad que nos dé unidad y, sin cancelarla, trabajar juntos por Medinat Israel, que es algo muy importante. No confundir el gobierno de Israel —que es difícil apoyar— con el Estado de Israel, que es el ideal que todos sostenemos.
Y al mismo tiempo también —en mi opinión, que es una opinión en este caso personal, no del movimiento—, lamentar que también los civiles gazatíes inocentes también son rehenes de Hamás.
Y lamentablemente esta guerra se está llevando muchísimas víctimas inocentes que no solamente tenemos que lamentar porque fueron masacrados en el pogromo del 7 de octubre, aquellos que fueron tomados como rehenes.
Yo creo que nuestra sensibilidad judía tiene que ver con todo ser humano que tiene el derecho a la dignidad de la vida. Y ninguna guerra, por más justificada que esté, puede mantenernos indiferentes al dolor y a la pérdida ▪
