Treinta y seis niños, dos aulas y decenas de familias celebraron el final de curso de Ofek, la escuela de hebreo y cultura israelí de la Comunidad Israelí de Madrid (ICM), un proyecto que se ha consolidado como mucho más que un espacio educativo: un punto de encuentro para la construcción de identidad, comunidad y pertenencia en la diáspora.
"Al final, nuestro objetivo es mucho más que enseñar una lengua. Estamos construyendo un lugar donde niños y familias puedan sentirse en casa", resumieron desde la organización al despedir un curso que concluyó con una celebración al aire libre en un parque de Alcobendas, tras desarrollarse durante todo el año en las instalaciones de uno de los colegios privados de La Moraleja.

La academia cerró así una nueva etapa de trabajo con sus dos grupos de alumnos, que reunieron a 36 niños de diferentes edades. Los más pequeños finalizaron el curso reconociendo todas las letras del alfabeto hebreo, identificando palabras, cantando canciones y familiarizándose con relatos y contenidos culturales israelíes. Los mayores, por su parte, avanzaron en lectura y comprensión, demostrando que el hebreo puede formar parte de la vida cotidiana incluso lejos de Israel.
Desde su creación hace dos años, Ofek ha buscado combinar la enseñanza del idioma con una aproximación vivencial a la cultura israelí y judía. Los alumnos no sólo celebran las festividades del calendario hebreo, sino que profundizan en su significado, sus historias y los valores que transmiten, dentro de un marco educativo plural y abierto.
Mucho más que aprender hebreo
El proyecto, impulsado por la ICM en colaboración con la red educativa Ofek de la Organización Sionista Mundial, se ha convertido en uno de los principales referentes de educación israelí laica para niños en Madrid. Según explicó su directora, Yifat Tzaig, la iniciativa nació para responder a la necesidad de muchas familias de mantener vivo el vínculo con el hebreo y la cultura israelí fuera de Israel.

Sin embargo, uno de los aspectos que más destacan los organizadores es el componente social que ha surgido alrededor de la escuela. Durante el curso, los niños no sólo comparten clases, sino también juegos, celebraciones y actividades comunitarias que terminan fortaleciendo vínculos que se extienden más allá del aula.
"Lo más emocionante son las amistades", señaló Tzaig al hacer balance del año. Los responsables del programa destacan que los alumnos crecen juntos, participan en las mismas festividades, coinciden en actividades comunitarias y campamentos de verano, y construyen relaciones que pueden acompañarlos durante años.
Ese fenómeno también alcanza a los padres. Muchas de las familias que participan en la academia han encontrado en ella una red de apoyo y amistad que trasciende la educación de los hijos. A lo largo del curso se generan conexiones personales, espacios compartidos y una sensación de pertenencia especialmente valiosa para quienes viven lejos de Israel o buscan un entorno judío e israelí de carácter plural.

Construir comunidad para la próxima generación
La clausura del curso dejó una imagen que resume la filosofía del proyecto: niños y familias celebrando juntos los logros de un año de aprendizaje mientras refuerzan los lazos que sostienen una comunidad en crecimiento.
Desde la ICM subrayan que preservar el hebreo, transmitir la cultura israelí y fortalecer la identidad judía son objetivos inseparables de la construcción comunitaria. La lengua, la tradición y las relaciones humanas forman parte de una misma apuesta destinada a conectar a las nuevas generaciones con sus raíces y proyectar ese legado hacia el futuro.
Con el curso ya finalizado, Ofek se prepara para abrir una nueva etapa a partir de septiembre, cuando volverán las clases y nuevas familias podrán incorporarse a un proyecto que aspira a seguir siendo, para muchos niños y padres, un auténtico hogar lejos de casa ▪
