Dos libros imprescindibles han sido evocados en mi memoria durante el Congreso de la Lucha contra el Antisemitismo, organizado por el Ministerio de la Diáspora: El devenir de una negación, del filósofo francés Alain Finkielkraut, y Yihad y odio a los judíos: islamismo, nazismo y las raíces del 11 de septiembre, de Matthias Küntzel.
El primero advirtió, ya hace más de cuarenta años, sobre las nuevas formas de negación: más sofisticadas, más camufladas y, por tanto, más peligrosas que la negación clásica. El segundo expone la relación clara e histórica entre la yihad y el nazismo. Ambos temas estuvieron muy presentes en este congreso, celebrado por segunda vez en Jerusalén, coincidiendo con el Día Internacional de Conmemoración del Holocausto.
El lema "Generation of Truth" no fue casual. Su objetivo fue recordar, en un contexto saturado de "narrativas", que existe una verdad firme: no "mi verdad" o "tu verdad", sino una verdad basada en hechos y datos, sobre la cual deben sostenerse las percepciones y las políticas. La tan criticada hasbará israelí ha fracasado precisamente por haber optado durante años por un discurso centrado en narrativas, solo para descubrir que, al evitar hablar de hechos históricos y geopolíticos —mientras nos enorgullecíamos del orgullo gay en Tel Aviv—, nuestra historia fue apropiada por y adjudicada a la narrativa palestina. Así, Israel pasó de ser percibido como pueblo indígena de la Tierra de Israel, que retorna a su hogar ancestral, a ser retratado como un ente colonialista, conquistador y racista de supremacismo blanco.
El debate estuvo guiado por una línea racional, señalando el problema sin esconderlo tras lo políticamente correcto y abordando de forma práctica los pasos a seguir.
Ninguno de los participantes que acudió a esta cita de gran relevancia se dejó engañar por narrativas falsas. Entre ellos se encontraban líderes políticos como Scott Morrison, trigésimo primer ministro de Australia; Edi Rama, primer ministro de Albania; Sebastian Kurz, ex canciller de Austria; Mariano Cúneo Libarona, ministro de Justicia de Argentina; el senador Flávio Bolsonaro de Brasil; Jimmie Åkesson, líder de los Demócratas de Suecia; Matteo Salvini, viceprimer ministro de Italia (mediante un mensaje grabado); miembros del Parlamento Europeo de Polonia, España, Bélgica, Países Bajos y Hungría; Eric Adams, exalcalde de Nueva York; así como juristas, intelectuales, periodistas, líderes comunitarios e influencers. Entre ellos destacaron Hillel Neuer, de UN Watch; el intelectual libanés-judío-canadiense Gad Saad; Eli David, figura influyente en Twitter; el filántropo Sylvan Adams; y, como cierre, el embajador de Estados Unidos Mike Huckabee, quien reiteró el compromiso del presidente Trump con Israel.
Todos buscaron transmitir, ante todo, el mensaje de "no estáis solos", tan importante para el ciudadano israelí medio, que a menudo lee en los medios locales que Israel es un país boicoteado y aislado, mientras se afirma que el mundo entero es antisemita y se cuestiona si esta situación es "culpa" de Israel. Más allá del abrazo emotivo, el debate estuvo guiado por una línea racional, señalando el problema sin esconderlo tras lo políticamente correcto y abordando de forma práctica los pasos a seguir. Para los participantes del congreso, apoyar a Israel es conveniente por su papel en la lucha de la civilización contra la barbarie o, en palabras de Santiago Abascal —quien iba a asistir pero tuvo que posponer su viaje por campaña electoral—, "Atenas Roma y Jerusalén vencerán".
Leo Terrell destacó la histórica solidaridad de la comunidad judía en EEUU con la comunidad afroamericana, previa a la imposición de divisiones y rivalidades sembradas por la política de identidades.
El premio especial por la contribución destacada a la lucha contra el antisemitismo fue otorgado este año a Leo Terrell, jurista de derechos humanos y asesor en la Fiscalía General de la División de Derechos Civiles del State Department para impulsar acciones legales contra el antisemitismo en las universidades americanas. Terrell se suma al británico Douglas Murray y a la australiana Erin Molan galardonados con el premio anteriormente. Terrell, por su parte, destacó la histórica solidaridad de la comunidad judía en Estados Unidos con la comunidad afroamericana, previa a la imposición de divisiones y rivalidades sembradas por la política de identidades. Este mensaje fue reforzado también por Dumisani Washington, de Black Solidarity with Israel.
Otros momentos especialmente emotivos fueron la entrega de un premio especial al asesinado Charlie Kirk —recibido por su pastor Rob McCoy—, y el acto conmemorativo de las víctimas de los atentados en el consulado de Israel en Washington y las del atentado en Sydney con la participación de sus familiares.
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Amichai Chikli, ministro de la Diáspora y arquitecto de este congreso, está acostumbrado a las críticas por cultivar y fortalecer lazos con sectores considerados los más "extremistas" del mapa político occidental. Una crítica que peca de pereza intelectual, incapaz de ver en cualquier "derecha" algo distinto del "fascismo" o el "nazismo", o de adaptarse a las nuevas realidades.
El argumento más frecuente sostiene que el "discurso de odio" de la derecha hacia los extranjeros (musulmanes) tarde o temprano alcanzará a los judíos. Sin embargo, este planteamiento incurre en un fallo moral al equiparar a ciudadanos judíos legales y plenamente integrados en Europa, Estados Unidos, América Latina o Australia con extranjeros, condenándolos permanentemente a esa condición.
Al finalizar la intensa jornada, al salir al aire fresco de Jerusalén aún envuelta en impresiones, me preguntaba si todo había sido una burbuja de unas pocas horas destinada únicamente a elevar la moral.
Ello supone, paradójicamente, adoptar una lógica cercana a la nazi en nombre de la lucha contra el nazismo. Frente a esta postura peligrosa, son precisamente muchos partidos de derecha los que más defienden los derechos y la seguridad de los ciudadanos, incluidos los judíos. No obstante, el antisemitismo presente en el ala conspirativa de la derecha estadounidense constituye una excepción preocupante, tratada con detalle en el congreso.
Implicado en las relaciones con los políticos de "Patriots for Europe", Chikli demuestra además una lectura acertada del mapa político: los políticos disidentes de hoy pueden convertirse en los líderes de mañana, un proceso ya visible en varios países europeos y latinoamericanos, y cuya expansión se prevé. Precisamente sobre esta transformación vertiginosa —que llevó al partido Vox, de los márgenes de la legitimidad a convertirse en una fuerza política relevante— conversé con Jorge Buxadé, representante del partido en el Parlamento Europeo, quien asistió al congreso junto a Hermann Tertsch. Buxadé además pidió transmitir el mensaje que los españoles no son antisemitas.
Al finalizar la intensa jornada, al salir al aire fresco de Jerusalén aún envuelta en impresiones, me preguntaba si todo había sido una burbuja de unas pocas horas destinada únicamente a elevar la moral, si este mensaje tan importante quedaría encerrado en Jerusalén o si, como dice el profeta, "de Sion saldrá la ley y de Jerusalén la palabra de Dios" (Isaías 2:3) ▪
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Einat Talmon es traductora de literatura del español y conferenciante sobre historia y cultura española. Colabora con diversos medios de comunicación en Israel y España en temas de política, cultura y sociedad. Ha sido profesora invitada en el Departamento de Lenguas Semíticas de la Universidad Complutense de Madrid, y trabajó en el Departamento de Cultura de la Embajada de Israel en España. Es titular de un máster en Estudios Españoles y Latinoamericanos por la Universidad Hebrea y la Universidad Complutense, y graduada del programa The Israel Story Fellowship del Instituto Abba Eban para la Diplomacia y las Relaciones Internacionales, Universidad Reichman.
