Tzav

Pesaj: romper el miedo, entonces y ahora

El sacrificio de Pésaj no fue solo un rito, sino un acto de liberación interior: romper con los miedos que nos esclavizan es el primer paso hacia una libertad auténtica.
Actualizado el 28/3/2026, 15:05 hs.
Rabi David Libersohn

En la víspera de la salida de Egipto, justo antes de que el pueblo de Israel dejara de ser esclavo para convertirse en nación libre, se dio una de las instrucciones más sorprendentes de la Torah: el sacrificio de Pésaj. El mandato incluía una acción desconcertante: tomar un cordero, sacrificarlo y marcar con su sangre las puertas de las casas.

Pero detrás de este acto no había solo un ritual religioso. Maimónides, en su obra Guía de los Perplejos (III, 46), explica que se trataba de una acción educativa y revolucionaria. Los egipcios consideraban sagrado al cordero, que representaba la energía creadora de la naturaleza. Ordenar a los israelitas que lo sacrificaran públicamente era, en realidad, desmontar la idolatría desde su raíz.

La idea es clara: tomar aquello que la sociedad considera intocable y demostrar que no lo es. No era solo un sacrificio; era un acto de liberación mental. La esclavitud no es solo física: también es cultural, psicológica e incluso emocional.

El mensaje sigue siendo sorprendentemente actual. El miedo no desaparece con el tiempo; solo cambia de forma. Hoy no vivimos bajo el poder del faraón, pero hay otros temores: mostrarse tal como uno es, expresar la propia identidad o enfrentar prejuicios como el antisemitismo, que condiciona nuestra vida judía.

El sacrificio de Pésaj no invita a la confrontación violenta. Invita a algo más profundo: no vivir condicionados por el miedo. No esconder lo que uno es por temor a la reacción de los demás. Y tampoco temer un cambio más decisivo con nuestro judaísmo, ese miedo interno que a veces nos atrapa.

La libertad comienza cuando el miedo deja de dictar nuestras decisiones.

Esa frase resume todo. Porque el mayor cambio que experimentó Israel no fue solo salir de Egipto, sino atreverse a salir del Egipto individual sin miedo.

Hoy, ese desafío sigue vigente. Ser fiel a la propia identidad, defender valores, vivir con autenticidad y cumplir con la tradición requiere valentía. No siempre es fácil, pero es el camino hacia una libertad real.

El primer sacrificio de Pésaj no es solo un recuerdo del pasado. Es una lección viva: romper el miedo es el primer paso para ser verdaderamente libres.

Entonces, nuestra mesa de Pésaj estará lista y vestida de alegría. Allí, los símbolos nos representan: la amargura y la alegría, las lágrimas y el jaroset, que recuerda la materia prima del pueblo de Israel, ese barro en el que siempre estamos dispuestos a entrar para unirnos como uno solo en el camino hacia Yerushalaim.

No solo se sientan los cuatro hijos que reflejan la pluralidad de Am Israel, sino que también recordamos a quienes no están presentes, aquellos que han perdido su identidad. Aunque ausentes, forman parte intrínseca de nosotros, de nuestra historia y de nuestra libertad. La mesa se convierte así en un espacio de memoria, pertenencia y unidad, porque el año próximo en Yerushalaim… es este año mismo.

Shabat shalom
Pésaj Kasher vesameaj◾