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Plantar un olivo, el alma de Israel

El pasado 19 de abril, en el Parque de Invierno de Oviedo, se plantó un olivo como acto simbólico del Día Universal de la Resistencia Civil contra el Antisemitismo. Plantar un olivo es decir: aquí me quedo. Es el alma de Israel que seguirá floreciendo bajo el cielo cobalto de la promesa cumplida aun desde las tierras de la dispersión.

Carmen Nuevo Fernández

El pasado 19 de abril, en el Parque de Invierno de Oviedo, se plantó un olivo como acto simbólico del Día Universal de la Resistencia Civil contra el Antisemitismo. Por supuesto, ese hermoso acto fue auspiciado por la Comunidad Judía del Principado de Asturias con sede en Oviedo, Beit Emunah, y también por otras personas de afín sensibilidad.

Como todos sabemos, el olivo quizás sea el árbol más sagrado y más pleno de significación en la tradición judía y en la identidad de Israel, un vínculo entra la tierra y la paz. Aquella primera paloma, que portando una rama de olivo, implicó el fin de la destrucción del diluvio y convirtió para siempre al árbol en el símbolo de la reconciliación entre Di-s y la humanidad y el fin de la destrucción. Recordemos también la comparación de Jeremías del pueblo de Israel con un olivo frondoso y de hermoso fruto. La vitalidad única que crece de un pacto espiritual o el emblema nacional de un estado cuya existencia se basa en la persistencia y el esfuerzo. El aceite extraído de sus frutos, combustible único de la luz perpetúa de la Menorá. Las raíces profundas y la capacidad de regeneración como metáfora circular y perfecta de la resiliencia del pueblo judío dentro y fuera del suelo ancestral de Eretz Israel.

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Plantación de un olivo en un parque de Oviedo (Foto: Cedida)

El plantar un olivo no solo es un acto de memoria física, es también un transito entre la primera palabra primordial y la promesa eterna que palpita bajo las piedras de Judea. El plantar un olivo, no solo es depositar una raíz en el suelo, sino formar parte de la historia como un tronco rugoso de los siglos, rescatando la esperanza de la ceniza y el aceite de las sequías. El olivo es un vigía de plata, un árbol que nos acompaña en los exilios, porque sus nudos hablan el idioma de los profetas y su resistencia es eco de un pueblo que reclama su libertad y su sombra. Cada hoja lanceolada es la caligrafía de la persistencia a la luz del sol, que impertérrita se niega a deshacerse ante el viento de la historia.

El plantar un olivo no es conquistar, sino reencontrarse, el hijo que vuelve a casa,  abraza a su madre y hunde sus dedos en la madera ancestral.

Plantar un olivo es decir: aquí me quedo. Es el alma de Israel que seguirá floreciendo bajo el cielo cobalto de la promesa cumplida aun desde las tierras de la dispersión ▪

Carmen Nuevo Fernández es escritora y poeta, y miembro de la comunidad Bet Emuná de Oviedo. @VersoFuster

Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad exclusiva de su autor
y no necesariamente reflejan la postura editorial de Enfoque Judío ni de sus editores.

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