Con las puertas abiertas, las mesas colmadas de dulces y una consigna de hospitalidad sin reservas, la Mimuna emerge al final de Pésaj como una última celebración celebración que trasciende lo culinario para convertirse en un gesto comunitario de esperanza, abundancia y renovación. Esta festividad, profundamente arraigada en las tradiciones de los judíos del Magreb —especialmente los de origen marroquí—, invita a recrear en cada hogar una noche donde la fe y la convivencia se expresan en forma de comida, música y bendiciones.
Las fuentes más románticas fijan su origen en la llegada de los judíos de España a territorio magrebí, hace más de 500 años, y la describen como "el canto de esperanza de una comunidad que había sufrido el oprobio, la represión y la quema en las hogueras", pero lo cierto es que no hay una base histórica sólida sobre esa creencia y lo más probable es que la fiesta de Mimuna se consolidara a mediados del siglo XIX.

Una noche de puertas abiertas y símbolos de abundancia
La Mimuna, que en la Diáspora se celebrará esta noche al concluir el Pésaj (en Israel fue la noche de ayer miércoles y hoy jueves), coincide con el inicio del retorno del jámetz. En este contexto, la mesa se convierte en el eje central de la celebración, cargada de alimentos dulces y simbólicos que representan prosperidad y buenos augurios. Y entre ellos destacan la mufleta o terit, una suerte de crepe fino servido con miel y mantequilla, preparada inmediatamente después de la festividad como signo del retorno de la harina al hogar. También está el zaban —una espuma de claras con almíbar—, así como una amplia variedad de dulces, frutos secos y mermeladas.

En línea con esta tradición, la Comunidad Judía de Madrid (CJM) difundió una guía práctica para quienes deseen recrear la Mimuna en sus hogares, poniendo el acento en la centralidad de la mesa como espacio simbólico. Entre las recomendaciones se destaca recubrirla con un mantel decorado con flores y espigas de trigo, y disponer elementos cargados de significado y esencia espiritual: desde un pescado entero —asociado a la abundancia— hasta recipientes con leche, panes, mantequilla y bandejas de dulces. También se sugiere colocar una masa leudada adornada con monedas o elementos dorados, reforzando la idea de prosperidad.
La propuesta incluye además gestos rituales específicos, como un plato con harina, huevos y vainas de habas, así como la tradicional bandeja con hojas de lechuga y miel, utilizadas para bendecir a los presentes con buenos deseos. Estas indicaciones, según la CJM, buscan recuperar el espíritu original de la Mimuna, donde cada elemento en la mesa no solo cumple una función culinaria, sino que actúa como portador de bendiciones para el nuevo ciclo que se inicia tras Pésaj, en un clima de hospitalidad y celebración compartida.
La puerta abierta
Uno de los elementos distintivos de esta noche es la costumbre de dejar la puerta del hogar abierta, invitando a vecinos, amigos e incluso desconocidos a compartir la mesa. Este gesto traduce en la práctica la idea de hospitalidad absoluta, en sintonía con la frase de la Hagadá: "Todo aquel que tenga hambre, que venga y coma". La celebración adquiere así un carácter colectivo, donde la distinción entre anfitrión e invitado se diluye.
Asimismo, la tradición incluye rituales cargados de simbolismo. En algunas comunidades, el anfitrión bendice a los presentes con hojas de lechuga mojadas en leche y miel, pronunciando versículos de buenos deseos. También es habitual colocar sobre la mesa elementos como harina, huevos, miel o dátiles, todos asociados con la fertilidad, la salud y la prosperidad.
En el pasado, sobre todo cuando la proximidad física predominaba entre las comunidades, la Mimuna era un evento comunitario y familiar muy popular, en el que se iba de casa en casa felicitando, uno tras otro, a los anfitriones. Actualmente, con la natural dispersión geográfica, sobre todo en las capitales, se hace más difícil poner en práctica esa itinerancia. En Israel, por ejemplo, los hijos y nietos suelen acudir a casa de los abuelos, y al día siguiente organizar algún picnic multitudinario.

Entre la fe, la historia y la diversidad de interpretaciones
El origen de la Mimuna ha sido objeto de múltiples interpretaciones tanto en la tradición como en el ámbito académico. Una de las explicaciones más extendidas vincula el nombre de la festividad con la palabra árabe "mimún", que significa suerte o fortuna, lo que refuerza la idea de una jornada propicia para pedir bendiciones. Otra interpretación relaciona el término con la palabra hebrea "emuná" (fe), subrayando el carácter espiritual de la celebración como expresión de confianza en la redención futura.
También se ha sugerido que la Mimuna conmemora la fecha de fallecimiento de Rabí Maimón, padre de Maimónides, o que alude al primer pan horneado tras Pésaj. Desde una perspectiva académica, algunos historiadores sostienen que podría tener raíces en festividades agrícolas o incluso en rituales compartidos con comunidades musulmanas del norte de África, lo que evidenciaría un trasfondo de interacción cultural.
Más allá de su origen específico, lo cierto es que la Mimuna ha sido entendida como un momento de transición: del período de restricciones de Pésaj hacia una etapa de apertura y renovación. En este sentido, algunos textos destacan que el mes de Nisán es considerado el inicio de los meses, lo que convierte a la Mimuna en una suerte de "segundo Año Nuevo", marcado por la esperanza de prosperidad económica, salud y oportunidades, incluyendo los matrimonios.
De tradición comunitaria a celebración colectiva
Con el paso del tiempo, la Mimuna ha trascendido su carácter doméstico para convertirse en una celebración pública. En Israel, por ejemplo, desde 1965 comenzaron a organizarse festividades masivas que buscaban integrar a judíos de distintas procedencias, promoviendo la convivencia y el reconocimiento de la diversidad cultural. Estas celebraciones, que llegaron a reunir a decenas de miles de personas, contaron incluso con la participación de figuras políticas y líderes públicos.
Este proceso de apertura transformó a la Mimuna en un símbolo de unidad y encuentro, donde la tradición de una comunidad específica pasó a ser compartida por el conjunto de la sociedad. En paralelo, en Marruecos, iniciativas contemporáneas han recuperado la festividad como parte del patrimonio cultural del país, destacando su valor como expresión de convivencia entre culturas.
En el plano doméstico, sin embargo, la esencia de la Mimuna se mantiene intacta: una noche de reunión, de comida compartida y de bendiciones. La expresión tradicional "Terbaj u tes’ad", traducida como "ganarás y prosperarás", resume el espíritu de la celebración, que no solo apunta al bienestar material sino también a la capacidad de ayudar a los demás.
Al día siguiente, muchas familias prolongan la festividad con salidas al campo, donde celebran la renovación de la naturaleza y recitan bendiciones sobre los árboles en flor. Este cierre refuerza la dimensión cíclica de la Mimuna, conectando la vida comunitaria con los ritmos naturales y espirituales ▪
