Bajo el título "¿Está Trump cumpliendo una profecía bíblica?" y con el sugerente rótulo de fondo "El gran triunfo del diablo", el canal de YouTube Geoestratego ha publicado una entrevista con José Miguel Villarroya que ya acumula miles de "Me gusta" — y que reproduce, casi punto por punto, algunos de los bulos antisemitas más antiguos y dañinos de la historia.
El invitado no acusa nunca de forma directa y explícita a los judíos de practicar rituales de sangre. Lo que hace es algo más sutil pero igual de problemático: mezcla, sin ninguna transición ni aclaración, dos bloques temáticos distintos.
Primero habla de "círculos de poder" con "ritos satánicos" y sociedades secretas, y ahí mismo desliza que uno de esos rituales implica sangre de "el inocente" — aclarando que no se refiere a un adulto, sino a un recién nacido o un niño pequeño — rematando con que no le extrañaría que ya se hubieran cometido estos crímenes.
Acto seguido, sin pausa, pasa a explicar lo que llama "escatología judía": Netanyahu, Israel, y un mesías que llegará "con sangre y espada" para someter al resto del mundo.
Más adelante repite casi la misma frase sobre "la sangre del inocente" pegada de nuevo a esa misma discusión sobre Israel y "esta gente" que "cree mucho en estas cosas". El resultado es una asociación por yuxtaposición: nunca se afirma textualmente el vínculo, pero se construye deliberadamente para que el oyente lo infiera. Es precisamente el mecanismo retórico clásico del libelo de sangre, la acusación falsa que en la Europa medieval y moderna costó la vida a miles de judíos: rara vez se declara de forma abierta, se insinúa y se deja flotando junto al tema judío.
Nada de esto existe en los textos judíos reales
El problema está en que ni la Torá ni otros textos sagrados hablan de nada de eso.
De hecho, la Torá prohíbe consumir sangre y condena a muerte el sacrificio de niños (Levítico 17:10-14; 18:21; 20:2-5), y las profecías mesiánicas centrales del Tanaj (Isaías 2:4, Miqueas 4:3) hablan de paz universal, no de conquista.
Es más, el propio entrevistado admite en un momento que "esto no está en la Biblia", pero dos frases después lo presenta como si fuera la explicación real de la política de Israel — una contradicción que desmonta su propio argumento.
Más distorsiones históricas:
El vídeo también incurre en errores factuales que sirven a un mismo propósito: cuestionar la legitimidad de la conexión judía con sus propios textos y con la tierra de Israel.
"El hebreo moderno lo creó un letón, es un idioma artificial", dice por ejemplo. Pero el impulsor histórico del hebreo moderno, Eliezer Ben-Yehuda, nació en 1858 en Luzhki, entonces Imperio ruso (actual Bielorrusia) — no en Letonia. Pero el error más relevante no es geográfico: Ben-Yehuda no inventó una lengua desde cero, sino que revitalizó el hebreo bíblico y rabínico ya existente, añadiendo vocabulario moderno, un proceso documentado y comparable al renacimiento de otras lenguas. Presentarlo como "artificial" sugiere que el vínculo actual del pueblo judío con sus textos sagrados —y con Israel— sería reciente y fabricado, no genuino ni continuo.
Y una contradicción interna: el propio orador afirma que "el hebreo bíblico no tiene nada que ver con el hebreo actual", pero la revitalización de Ben-Yehuda se basó precisamente en la gramática y el vocabulario del hebreo bíblico y mishnaico — el mismo idioma que el invitado usa para "explicar" términos como "mesías" o "ungido".
También alude a que "los sefardíes están perseguidos [en Israel]… les intentan fastidiar la vida", una afirmación sin ninguna fuente ni contextualización . Existe un debate académico real sobre disparidades socioeconómicas históricas entre ashkenazíes y mizrajíes/sefardíes en Israel, pero es un asunto de política social interna, muy distinto de la "persecución" genérica que sugiere el orador. Esta idea recuerda a teorías conspirativas que buscan cuestionar la "autenticidad" de los judíos asquenazíes frente a los sefardíes, como forma de deslegitimar el vínculo judío global con la tierra de Israel.
¿Por qué importa?
Organismos como la IHRA (Alianza Internacional para el Recuerdo del Holocausto) incluyen explícitamente el libelo de sangre y las teorías de "conspiración judía mundial" entre los ejemplos de antisemitismo contemporáneo. Lo llamativo aquí es el envoltorio: una descripción del vídeo que promete analizar "diversas corrientes ideológicas y religiosas" con tono académico, mientras el contenido reciclado parece provenir directamente de los Protocolos de los Sabios de Sion y del imaginario de los pogromos en la Rusia zarista.
Otros puntos del discurso que encajan en los ejemplos de la IHRA son:
- La acusación de conspiración judía mundial que controla líderes y gobiernos. La IHRA cita como ejemplo de antisemitismo "las acusaciones sobre que los judíos como pueblo… conspiran para dañar a la humanidad". En el video, el invitado sostiene que figuras como Trump y Netanyahu son "monigotes" preparados de antemano dentro de un plan religioso judío para provocar la llegada del mesías, y que "los que manejan los hilos… creen eso a pies juntillas" — presentando un plan oculto y coordinado detrás del poder político mundial.
- Responsabilizar a "los judíos" como colectivo por decisiones del Estado de Israel o de un gobierno. La IHRA señala como antisemita "responsabilizar a los judíos colectivamente por las acciones del Estado de Israel". El orador atribuye el discurso de Netanyahu y la política exterior israelí a una supuesta doctrina compartida por "la religión judía" en su conjunto, sin distinguir entre gobierno, corrientes religiosas o individuos.
- Reutilización de simbología clásica de la "conspiración judía" mezclada con masonería y satanismo. La IHRA advierte contra el uso de "símbolos e imágenes asociadas al antisemitismo clásico… para caracterizar a los judíos o a Israel". El video combina sin distinción "escatología judía", masonería, símbolos en billetes y ciudades, y "élites satánicas", un collage que reproduce el imaginario de dominación mundial judía de los Protocolos de los Sabios de Sion.
- Generalización de "el pueblo judío" como bloque monolítico con intenciones de sometimiento. El invitado describe el objetivo final como un mesías que llegará "con sangre y espada" para que "los goim (gentiles) estén sometidos al poder del pueblo de Dios" — atribuyendo a todo el judaísmo (sin distinguir corrientes ortodoxas, reformistas o seculares) un proyecto de dominación sobre el resto de la humanidad, encajando en el ejemplo de la IHRA sobre "alegaciones deshumanizadoras o estereotipadas sobre el poder de los judíos como colectivo".
Un mesías inventado para encajar en la conspiración
Uno de los ejemplos que también cita la IHRA como antisemitismo es "hacer afirmaciones deshonestas o exageradas sobre la religión judía para respaldar teorías conspirativas".
Esto es exactamente lo que ocurre cuando el invitado afirma que "en las escatologías judías está la posibilidad de que tú provoques la llegada del Mesías" mediante una figura corrupta como Trump. Esta idea está equivocada en varios niveles: primero, ningún texto judío canónico —ni la Torá, ni el Talmud— describe un mecanismo para "provocar" al mesías instalando a un líder malvado.
El concepto más cercano, jevlei mashiaj (los "dolores de parto" mesiánicos mencionados en el Talmud, Sanedrín 97a), habla de un período de dificultad histórica que precede a la redención, no de un plan deliberado y consciente para fabricar el mal como estrategia religiosa. A diferencia del término "keev" (dolor, en el sentido negativo), "jevel" es utilizado en sentido positivo, cuando es causa de algo importante como un parto (jevlei leidá) o la llegada del mesías.
Segundo, y más importante: esta creencia no pertenece al judaísmo rabínico mayoritario en absoluto, sino que el propio invitado reconoce que "no está en la Biblia" — es decir, construye una doctrina marginal, no verificable y sin ningún consenso religioso, y la presenta como si fuera "la" visión judía sobre la geopolítica mundial. Atribuir a todo un pueblo y una religión milenaria una conspiración inventada para explicar la política de Trump o Netanyahu es, precisamente, el tipo de generalización que la IHRA identifica como antisemitismo: no describe lo que los judíos creen, sino lo que sirve para sostener una narrativa conspirativa previamente decidida.
En definitiva, esta entrevista no es un análisis religioso o geopolítico: es un collage de bulos antisemitas —libelo de sangre, conspiración judía mundial, deslegitimación del vínculo judío con su lengua y su tierra, y una teología inventada que atribuye al judaísmo un pecado colectivo que en realidad pertenece al cristianismo. Todo ello disfrazado con un lenguaje que aparenta erudición y objetividad.
Reconocer este patrón —insinuar sin afirmar, mezclar sin aclarar, atribuir sin verificar— es el primer paso para no darle credibilidad ni difusión ▪
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Rafaela Almeida, nacida en Brasil y nacionalizada española, es empresaria, escritora, educadora y presentadora de televisión. Es autora del libro Comunicación Internacional y Relaciones Públicas (Editorial Base, 2023), obra recomendada por la Escuela Diplomática española. Ha alzado la voz contra el antisemitismo en charlas TEDx y en medios nacionales e internacionales. Actualmente estudia Relaciones Internacionales en la UOC.
