Editoriales

Un repaso institucional con demasiadas omisiones

Hay balances que sirven para rendir cuentas y otros que revelan más por lo que callan que por lo que dicen. El repaso de 2025 realizado por el presidente de la FCJE, David Obadía, en Radio Sefarad, pertenece claramente a la segunda categoría.
Tras más de un año y medio al frente, Obadía parece descubrir ahora la extrema gravedad del antisemitismo que la comunidad judía lleva soportando desde el 7 de octubre, y cuya escalada ha sido constante durante 2024 y 2025. Sus palabras, aunque ciertas, son tardías, y llegan cuando ya hay un gran daño.
El problema no es a quién señala Obadía, sino a quién evita señalar. Porque el antisemitismo que hoy se ha normalizado en España no se explica sin el aliento que recibió desde el poder político e institucional.

Hay entrevistas que informan y otras que delatan. El balance de 2025 que el presidente de la Federación de Comunidades Judías de España (FCJE), David Obadía, realizó la semana pasada en Radio Sefarad —la emisora institucional de la propia Federación— pertenece claramente a la segunda categoría.

Después de más de un año y medio en funciones, en ella Obadía pareciera descubrir, solo ahora, el feroz  antisemitismo que llevamos sufriendo los judíos españoles desde el 7 de octubre de 2023, como si este hubiera irrumpido de forma súbita y reveladora tras la casi total ruptura de España con Israel entre septiembre y octubre, o el atentado de Sídney en diciembre.

"Dejamos un año 2025 bastante complicado para lo que es la comunidad judía", afirma Obadía en la entrevista, subrayando que el periodo estuvo marcado por "un aumento muy muy muy preocupante en el antisemitismo y también diría yo que en el antijudaísmo". Curiosa su matización, aunque nada de lo que dice es falso. Lo llamativo es el momento en el que el presidente de la FCJE decide verbalizarlo con cierta claridad. ¿Dónde estuvo todo 2024 (fue elegido a finales del primer trimestre)? ¿Dónde estuvo la primera mitad de 2025 y el resto del peor verano que hemos tenido los judíos españoles desde hace siglos?



Durante todo este período de la actual ola de antisemitismo que vivimos en España, Obadía optó por un liderazgo de perfil bajo, por una ambigüedad calculada, por una estrategia de "cordialidad" y "conciliación" que no se tradujo ni en liderazgo público ni en confrontación política. Aparte de meros comunicados de condena, pareció dejar que el trabajo lo hicieran otros. No hubo presencia visible en manifestaciones por los rehenes, ni una defensa inequívoca de Israel cuando esta era más que necesaria, ni una pedagogía clara ante una sociedad intoxicada por el discurso del odio. Hoy, cuando el daño ya está hecho, el presidente parece despertar y sorprenderse de "por dónde viene" ese odio.

Sólo en diciembre, en una serie de entrevistas y declaraciones a medios de comunicación, Obadía comenzó personalmente a identificar como responsables del antisemitismo a la "ultraizquierda" de Sumar y Podemos. Lo hace desde entonces con insistencia, y es cierto que esos espacios políticos han sido —y siguen siendo— altavoces activos del antisionismo más agresivo, y por ende, al menos según la declaración de la IHRA, de la base ideológica y social que sustenta buena parte del antisemitismo que vivimos. Es más, según la IHRA, son la misma cosa. Pero el problema con las entrevistas de Obadía no es a quién señala, sino a quién omite. Porque no es Sumar, menos aún el desinflado Podemos, el que abrió las compuertas de los muros que hasta 2023 servían de contención al antisemitismo más feroz. No es un tertuliano marginal quien legitimó el lenguaje. Fue el presidente del Gobierno.

El 14 de mayo, ni más ni menos que el mismo día de su independencia, Pedro Sánchez calificó por primera vez a Israel de "Estado genocida" en el Congreso de los Diputados. "No hacemos negocios con un Estado genocida, no lo hacemos", afirmó en respuesta a una interpelación del Gabriel Rufián (ERC). Ese día no se dijo nada nuevo en los márgenes ideológicos y políticos, pero sí se produjo algo decisivo: la acusación pasó del activismo radical al centro del poder institucional. A partir de ahí, todo fue permisible. El aluvión del verano en medios, en eventos deportivos, en espectáculos y fiestas populares no fue casual, fue consecuencia. Con ello, Sánchez contribuyó a institucionalizar, popularizar y folclorizar el antisemitismo de los últimos ocho meses.



Obadía parece no comprender —o no querer comprender— que no es lo mismo que un partido marginal repita una consigna a que lo haga el jefe del Ejecutivo. No confiere la misma legitimidad, no tiene el mismo impacto, no produce el mismo efecto social ni mediático. Tampoco parece asumir que, a diferencia de líderes de otros grandes países europeos, Sánchez jamás ha salido a decir públicamente que el antisemitismo no sería tolerado en España y que sería combatido con todo el peso de la ley. Sí, lo hizo con notoria claridad tras el atentado de Sídney, pero sin reconocer que la estigmatización anti-israelí que le precedió -la misma que él ha propagado desde mayo de 2025-,  fue lo que condujo al asesinato de 15 personas en Bondi Beach. Sus intentos de sancionar a Israel en la UE, de boicotearla en Eurovisión y competiciones deportivas, de apoyar iniciativas erráticas en tribunales internacionales y tantas y tantas otras políticas (incluido el Real Decreto-ley del 23 de septiembre), forman parte de la estigmatización y demonización de todo un pueblo. Lo reconocía, aunque atribuyéndoselo a Sumar y Podemos, hasta el propio Obadía: "Al final lo que hacen es que la gente salga y diga: ‘El judío es muy malo, el judío es genocida, el judío es un asesino, el judío es…’ ".

Sánchez no lo ha reconocido ni una sola vez. Al contrario: él y su ministro de Exteriores se han limitado a negar que España fuera un país antisemita, una obviedad que no responde al problema real. Por supuesto que España NO es un país antisemita y que, como toda democracia ejemplar, tiene las leyes suficientes para prevenirlo y castigarlo: El antisemitismo, y cualquier otra forma de racismo o discriminación. ¡Faltaría más! El problema es que no lo hace. Se investiga el odio a los "meteorólogos y divulgadores climáticos" pero no el antisemitismo. El problema es que según más de una organización judía –nacional e internacional-, según más de un medio español y extranjeros, y hasta según el Gobierno israelí, el actual Gobierno de España sí que lo es o, cuanto menos, ha permitido que otros actores en España sí lo sean.



Mientras tanto, los hechos de carácter antisemita, muchos denunciados por la propia FCJE, se acumulaban en Vigo, Asturias, Valencia, Madrid, Bilbao, Granada, Málaga, y cómo no, en Barcelona. ¡Tantas ciudades! "No solo eran insultos, sino también ataques a tiendas, restaurantes que han intentado incendiar en Madrid, pintadas en los cementerios…", reconocía Obadía en base a datos oficiales del Ministerio del Interior. ¿Realmente necesita al Ministerio del Interior que se lo diga? ¿No vio la Vuelta a España, las Fallas valencianas, los Sanfermines, los festejos populares en tantos y tantos pueblos? Y aun así, su mensaje político aquellos días siguió siendo tibio. Condenas por escrito, y alguna que otra denuncia institucional, aparte.

Y cabe preguntarse por qué. Tal vez por temor a poner en riesgo la protección policial extraordinaria que reciben las comunidades judías, en la que, sin duda alguna, están la mano y la voz discreta de la FCJE. Tal vez por miedo a incomodar al Gobierno, del que la Federación recibe financiación —en torno a 216.000 euros anuales a través de la Fundación Pluralismo y Convivencia—. Tal vez por una convicción errónea inicial del propio Obadía de que el silencio preserva, de que la cordialidad y la conciliación son mejores herramientas… En cualquier caso, la tibieza de la FCJE hasta hace apenas dos o tres meses no evitó el antisemitismo: le permitió remontar vuelo. Bien que ha hecho Obadía en cambiar por fin de estrategia, aunque lamentablemente llegue en pequeñas dosis y demasiado tarde.

Hay, sin embargo, un punto en el que el balance de Obadía sí que introduce una novedad muy relevante: por primera vez, reconoce —aunque entre líneas— que el Plan Nacional de Lucha contra el Antisemitismo es insuficiente, "papel mojado" que lo describieron otros en su día. Expertos se lo decían desde hace meses y por fin, la FCJE reconoce ahora que, con ese plan, "realmente no se logran los objetivos con los que se presentó", y señaló la falta de profundidad y resultados. Es un paso. Tardío, limitado, pero necesario. ¡También bien que por fin llega! El problema es que llega cuando la comunidad ya ha pagado el precio y que se formula sin asumir responsabilidades ni señalar con claridad a quien creó el marco político que normalizó el odio.



En el apartado "debe" del balance de 2025 hay también una cuestión estructural que Obadía evita: la plena representatividad comunitaria en la FCJE. Al instar a la unidad comunitaria, su última frase de la entrevista ("al final la unión hace la fuerza"), el presidente parece olvidar que la Federación sigue integrada, como miembros de pleno derecho, por solo 14 comunidades, cuando en España existen registradas alrededor de 30-35: En su conjunto, las comunidades miembro reunirían a 10.000-12.000 judíos (a lo sumo) de los 70.000 que la propia FCJE dice que hay en España – o sea, entre el 15% y 17% del total.

Obadía prometió revisar la incorporación de corrientes no ortodoxas —algunas con más de dos décadas de historia como Bet Emuná, Bet Shalom, Bet El, Atid o Maccabi— y el proceso está paralizado desde que él entró en funciones. Obadía debería saber que la unidad no se proclama: se construye, y que el antisemitismo no distingue entre ortodoxos, reformistas o conservadores.

La Federación, un organismo representativo de los judíos ante las autoridades y la sociedad españolas, su voz más política y autorizada, debería dejar de entrometerse en cuestiones comunitarias internas —ni carnes kosher, ni rabinos-jefe, ni tribunales rabínicos, ni cementerios, ni campamentos de última hora, etc— y concentrarse en lo esencial: la representación política y legal de todos los judíos de España. Rescatando la famosa frase de Ben Gurión sobre el Libro Blanco, bastante adaptada por supuesto a nuestra realidad española, debería: "Luchar por la unidad comunitaria como si no existiera el antisemitismo, y luchar contra el antisemitismo como si existiera unidad".

Está claro que la admisión de nuevos "socios" no puede ser ni generalizada ni incondicional, que el proceso debería comenzar por las comunidades con mayor solidez a lo largo del tiempo, pero desde luego es hora ya de dar un primer paso y de estudiar cómo hacer parte, también, a esos "minianín" o protocomunidades que van surgiendo en los márgenes de las comunidades más arraigadas. Israelíes incluidos.

Quizá el lapsus final de Obadía en la entrevista —la mención de los  supuestos "paquistaníes" que conviven en Israel – hindúes sí hay, pero no son residentes permanentes— sea anecdótico. Lo que no lo es, es la sensación de que la Federación, bajo su mando, llegó tarde, habló bajo y miró de reojo al antisemitismo durante 2024 y buena parte de 2025. En el último trimestre sí que ha elevado el tono, pero en 2026 no bastará con esperar que "la parte política comprenda", como dice él mismo. Comprender no es suficiente. ¡Hay que exigir, confrontar y nombrar!

Porque el antisemitismo no se combate con buenas intenciones y cordialidad, sino con liderazgo. Y ese liderazgo, en 2024 y 2025 brilló por su ausencia ▪