15 enero 2026
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Eurovisión, RTVE y la pataleta anti-israelí de Pablo López

José Pablo López, presidente de RTVE, eligió convertir el revés diplomático del jueves en una cruzada personal contra la UER, contra Eurovisión… y, de manera apenas velada, contra Israel. Lo hizo desde su cuenta personal —aunque recordemos que un presidente de radiotelevisión pública nunca habla realmente “a título personal”— planteando insinuaciones, acusaciones y una serie de preguntas retóricas que dibujan, en realidad, su propia frustración.

El jueves, la Unión Europea de Radiodifusión (UER-EBU) tomó una decisión inequívoca: Israel podrá participar en Eurovisión 2026. Una resolución clara,  legítima. Se aprobaron reformas, no se votó el boicot de Israel. España, junto con Eslovenia, Países Bajos y algún otro país que lleva meses cultivando una política abiertamente hostil hacia Israel, decidió abandonar el concurso tras conocer el resultado. Hasta ahí, una postura discutible pero comprensible.

Lo sorprendente vino después.

José Pablo López, presidente de RTVE, eligió convertir el revés diplomático en una cruzada personal contra la UER, contra Eurovisión… y, de manera apenas velada, contra Israel. Lo hizo desde su cuenta personal —aunque recordemos que un presidente de radiotelevisión pública nunca habla realmente "a título personal"— planteando insinuaciones, acusaciones y una serie de preguntas retóricas que dibujan, en realidad, su propia frustración.

La pregunta es inevitable: ¿A qué viene esta pataleta infantil?
¿A que no se hizo lo que él quería?
¿A que la votación europea no se inclinó del lado que él había decidido que era el único legítimo?
¿A que Israel no se limitó a agachar la cabeza y tuvo la audacia de defenderse de un boicot político disfrazado de neutralidad cultural?

Jose Lopez

El "equipo" israelí en la sombra

Porque eso es lo que revelan los tuits de López: molestia, no por un supuesto ataque a la "neutralidad" del festival, sino por haber perdido una batalla diplomática. Y peor aún: por haber descubierto que Israel se tomó en serio la ofensiva desplegada desde Madrid, Liubliana o Hilversum. Según publicó Ynet, el presidente israelí Itzjak Herzog creó un equipo específico de trabajo para contrarrestar los esfuerzos de estos países por excluir a Israel. ¿De verdad sorprende eso? Cualquier Estado digno habría hecho exactamente lo mismo. Lo raro hubiera sido lo contrario.

Sin embargo, tras enterarse por un post de fans, López dio un paso más: afirmó que Israel "maniobró en la sombra" durante meses. ¿Acaso él no lo hizo? ¿Acaso RTVE no ha dedicado esfuerzos ingentes —y recursos públicos— a convertir Eurovisión en un instrumento de protesta política? ¿De verdad pretende que nos creamos que su conducta ha sido transparente, equilibrada y neutral?

Pero lo más grave no es la doble vara de medir. Lo más grave es que el presidente de RTVE olvida que ocupa un cargo público que representa a todos los españoles, también a los que somos judíos y sentimos afección por Israel. Y que sugiera presiones ocultas, "farsas cocinadas en despachos" o conspiraciones israelíes "en la sombra" no solo es irresponsable: roza un tipo de insinuación histórica que sabemos demasiado bien a dónde suele conducir y de qué tipo de personas suele provenir.

No es la primera vez que una figura pública en España coquetea con ese registro retórico. Pero sí es especialmente preocupante cuando lo hace el máximo responsable de una radiotelevisión pública que debería ser guardiana de la pluralidad, no agitadora de sospechas.

¿No le gusta que le planten cara?

Otra pregunta necesaria: ¿No será que López esperaba que su campaña fuera incontestable? ¿Que su posición, tan orgullosamente radicalizada estos dos últimos años, fuese compartida por la mayoría de Europa? La votación (o no-votación, habría que decir) en la UER para expulsar a Israel ha demostrado exactamente lo contrario.

La política exterior española, convertida en una de las más extremas del continente junto con Irlanda, no tiene acompañamiento europeo. Alemania se lo había dejado claro de antemano. No tiene peso en relación con Israel, ni en foros diplomáticos, ni en decisiones culturales como Eurovisión. Ni siquiera a la hora de condenar a Israel, como demostró una reciente carta de crítica de Alemania, Francia, Italia y Reino Unido por lo que está ocurriendo en Cisjordania con ciertos colonos muy extremistas. Parece que ninguno de esos gobiernos llamó a Moncloa para pedir la firma del documento.

Con su postura hacia Israel, pero no sólo, España se ha descolgado voluntariamente hacia la marginalidad internacional, y eso tiene consecuencias. Cuando el resto del continente mantiene criterios democráticos, España y su radiotelevisión pública parecen optar por posiciones casi punitivas, más cercanas a la propaganda y la imposición ideológicas, que al pluralismo.

La ofensa a Bulgaria, Rumanía y Moldavia

Y como si no bastara, López decidió rematar su ofensiva por X insinuando que países como Bulgaria, Rumanía o Moldavia tienen poco valor porque sus audiencias de Eurovisión son pequeñas. ¿Ese es el estándar democrático de RTVE? ¿Un presidente de una televisión pública presume del tamaño de las audiencias para decidir quién merece respeto y quién no? ¿En serio ése es el tono con el que España aspira a recuperar credibilidad internacional?

Lo que consigue, con esa condescendencia, es exactamente lo contrario de lo que dice desear: aleja a esos países, los ridiculiza y los avergüenza públicamente. Todo para justificar que España se ha quedado sola en una postura que no comparten ni los Estados europeos ni la organización del propio festival. Si no fuera por los "fabulosos" resultados de RTVE en Eurovisión en los últimos años, pensaríamos que se trata de la pataleta de un niño que no sabe perder.

¿Un uso partidista de la televisión pública?

Pero el episodio más preocupante es otro. El propio López promocionó en redes un especial de Informe Semanal —significativamente titulado "Eurovisión a negro"— emitido horas después de su cadena de mensajes.
La pregunta es inevitable: ¿Lo pidió él o fue una elección libre de los editores del programa? ¿Se ha utilizado el programa histórico de la televisión pública para apoyar la narrativa personal del presidente contra la UER? ¿Se prestó RTVE, por orden directa o indirecta de su presidente, a una operación de descrédito internacional disfrazada de análisis periodístico?

Si esto fuera así, estaríamos ante un caso gravísimo de manipulación editorial desde la cúpula de RTVE. No hay eufemismo que pueda suavizarlo. A la israelí Kan, desde luego, RTVE no debería darle lecciones de ética y libertad de prensa.

Responsabilidad institucional, no activismo personal

José Pablo López tiene derecho a sentir frustración. Tiene derecho a discrepar. Pero lo que no tiene es derecho a convertir su cargo —pagado por todos, sostenido por todos, responsable ante todos— en una plataforma de combate personal contra un país democrático, contra una organización internacional legítima y contra la realidad misma de que España no marca el paso en Europa.

Eurovisión no es un asunto menor. Es un espacio cultural compartido, con 70 años de historia, que simboliza cooperación, cultura, respeto y diálogo. Lo que no puede ser es un escenario para imponer venganzas políticas internas o luchas ideológicas externas.

El presidente de RTVE parece haber olvidado esta verdad sencilla. Y debería recordarla urgentemente. Porque RTVE no es suya. Es de todos. Y todos merecemos una televisión pública que represente a la sociedad española en su pluralidad, sin prejuicios, sin insinuaciones y sin cruzadas personales o al servicio de otros por encima de él ▪

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