Con el inicio de septiembre se abre un momento propicio para realizar un balance del verano. En el contexto español, esta estación se distingue por la concentración y proliferación de fiestas populares, cuya densidad y variedad constituyen un rasgo característico del calendario estival.
Un elemento transversal de muchas de estas celebraciones, este año, ha sido la presencia de manifestaciones de carácter antiisraelí. Dichas expresiones se han materializado en distintos escenarios festivos: en el chupinazo de Pamplona, con consignas como "Paremos el genocidio" o "Palestina libre"; en Barcelona, en las fiestas de Gracia, mediante pancartas con mensajes de rechazo explícito al sionismo y en las fiestas de Sants, a través de un pregón en el que dos artistas articularon su protesta con un sonoro "estamos hartas" en referencia al conflicto; en Valencia, con la exhibición de una bandera palestina de grandes dimensiones durante la Tomatina; así como en festividades locales de menor escala, donde tanto en conciertos como en actividades complementarias se reiteró la solidaridad con Gaza y la crítica exacerbada a Israel. Fiestas multitudinarias que han ofrecido un nuevo protagonismo a la causa palestina en el espacio público festivo, visibilizando cómo la reivindicación política se entrelaza con la celebración popular.
El judío como constructo cultural en el Medievo
La presencia de mensajes antiisraelíes en ciertas festividades actuales puede entenderse en clave histórica si se compara con las celebraciones populares de la España medieval, en las que la figura del "judío" desempeñaba un papel simbólico y ritualizado más que una representación fiel de la minoría real. En ese marco, el judío operaba como un constructo cultural, reproducido en sermones, autos sacramentales, procesiones o espectáculos festivos, en los que solía encarnar valores negativos. Todo se desarrollaba bajo el auspicio de la Iglesia.
"El judío forma parte del imaginario español tanto en su dimensión histórica como contemporánea. Esto explica, en parte, que personas sin vínculo directo con ninguno de los contendientes se obcequen tanto con el conflicto en Oriente Medio"
En la dramaturgia religiosa, medieval y moderna —especialmente en los dramas asuncionistas o en las representaciones de la Pasión de Cristo— se consolidó la imagen del judío como verdugo, vinculada al mito del deicidio y a la acusación del crimen ritual. Esta atribución inicial, de raíz teológica, fue evolucionando hacia una secularización del estereotipo: la crueldad pasó a articularse mediante argumentos de índole económica (asociación con la usura o con intereses materiales) y psicológica (rasgos en apariencia positivos como la inteligencia o la astucia, reinterpretados como instrumentos al servicio del mal). Paralelamente, se reforzó un imaginario físico estereotipado que acentuaba el carácter estigmatizador y deshumanizante del personaje. Como ejemplos concretos, la doctora Bárbara Duran ha analizado los prejuicios judeófobos que se difundieron a través del Misterio de Elche o la Sibil·la mallorquina, cantos que figuran hoy en día como patrimonio inmaterial de la UNESCO.[1] LINK https://www.sibetrans.com/etno/public/docs/8-articulo-barbara-duran.pdf
En suma, la figura del judío en el ámbito festivo y cultural no respondía tanto a la presencia real de la comunidad hebrea como a un mecanismo de construcción simbólica que legitimaba prejuicios y consolidaba jerarquías sociales y religiosas. De este modo, siglos de adoctrinamiento mediante mensajes aparentemente fútiles o banales, transmitidos a través de fiestas populares, contribuyeron a consolidar un imaginario colectivo que acabaría justificando —y, en última instancia, autorizando— la expulsión de los judíos (1492).

El imaginario del "judío" y las demonización de "Israel"
Tras su expulsión, la difusión de una imagen distorsionada del "judío" no cesó. Como señala Gonzalo Álvarez Chillida, hasta bien entrado el siglo XIX la ausencia de judíos no impidió su persistencia en la mentalidad colectiva. La imposibilidad de contrastar aquellas representaciones con una experiencia social directa favoreció la perpetuación y amplificación de los prejuicios. En la actualidad, la presencia judía en España continúa siendo muy reducida en términos demográficos, lo que implica que el contacto cotidiano con personas judías siga siendo limitado, pero el contacto con su simbolización o mitología sigue siendo fundamental. El judío, en este sentido, forma parte del imaginario español tanto en su dimensión histórica como contemporánea. Esto explica, en parte, que personas sin vínculo directo con ninguno de los contendientes se obcequen tanto con el conflicto en Oriente Medio.
Para complementar nuestro análisis histórico, hay otras maneras de entender esta utilización popular del judío (y el Estado de Israel) en el imaginario contemporáneo, y en los escenarios públicos actuales. Con una mirada hacia la condición humana, surge una advertencia en torno a la naturaleza del grupo que se puede resumir de este modo: las manifestaciones públicas y los movimientos políticos pueden tener la función de ofrecer una herramienta para huir del individualismo y, con ello, de la tarea de enfrentar realidades no siempre tan fáciles de dividir en blanco y negro.
""En la España medieval, la figura del judío desempeñaba una función simbólica en la construcción de la identidad colectiva, asociada a valores negativos y ritualizados. En la actualidad, ciertos mensajes dirigidos contra Israel o contra los sionistas reproducen, con otros lenguajes y contextos, esta misma lógica de instrumentalización"
Esta hipótesis es, en términos generales, la del psicoanalista judío Erich Fromm (1900-1980), autor de la reconocida obra El Miedo a la Libertad. Su argumento fue concebido 1941, durante la Segunda Guerra Mundial, y sirvió para explicar la génesis del nazismo en la Alemania de la que le tocó escapar. Según Fromm, el ser humano busca una huida del "proceso de individuación" debido a que durante la Edad Media había estado amparado por la Iglesia y el sistema feudal. Mientras que un mayor individualismo (gracias a la Reforma y el Renacimiento) ofrecía ventajas, también situaba al individuo en un estado de incertidumbre existencial y "soledad", y siéndole intolerables, recurría a tres "mecanismos de evasión": el autoritarismo (acto de "fundirse con algo, o alguien, externo a uno mismo" especialmente a través de la sumisión-el masoquismo-o la dominación-el sadismo); la destructividad (la eliminación total de un sujeto u objeto); y la conformidad automática.
Los "mecanismos de evasión" de Fromm en los festivales de España
En torno a aquellos festivos populares que se centran en el odio de Israel y del judío, hay una trágica sintonía con este pronóstico de Fromm, y podemos observar que abogan, en la mayoría de los casos, por: hacerle sufrir emocionalmente a sus conciudadanos judíos a través de la humillación (el sadismo/autoritarismo); eliminar por completo el Estado Judío y correspondientemente la vida de millones de judíos (la destructividad); y repetir los mismos eslóganes y de llevar, a menudo, los mismos accesorios de ropa tanto dentro como fuera de sus manifestaciones políticas (la conformidad automática).
"La exhibición de eslóganes populares puede entenderse como una forma de simplificación de la realidad. Estas consignas suelen presentar el conflicto en términos de una verdad única, sin dejar espacio para la existencia de distintas perspectivas o narrativas … Es la afirmación de una postura absoluta"
De modo importante, todo se expresa de una manera explícitamente pública y aparte de ser "mecanismos de evasión", también son actos que precisan de los demás para reforzar sus prejuicios y posturas en la práctica. Su vivencia requiere una masa pública en carne propia, una que no se ve contenta con los meros intercambios online y privados. Y por requerir esta exhibición pública se alinea más a una teología laica. Lo que promueven estos festivales, que se centran en los eslóganes antisraelíes y antijudíos, puede entenderse como una teología dogmática en la que su razón de ser se ha convertido en un Dios y una misión sagrada que no pueden ser cuestionados.
Por otra parte, la exhibición de eslóganes populares puede entenderse como una forma de simplificación de la realidad. Estas consignas suelen presentar el conflicto en términos de una verdad única, sin dejar espacio para la existencia de distintas perspectivas o narrativas. En este sentido, constituyen un discurso cerrado que no busca el debate, sino la afirmación de una postura absoluta.

La instrumentalización del sionismo
La utilización de símbolos o referencias al "otro" en los espacios festivos no es un fenómeno nuevo. En la España medieval, la figura del judío desempeñaba una función simbólica en la construcción de la identidad colectiva, asociada a valores negativos y ritualizados. En la actualidad, ciertos mensajes dirigidos contra Israel o contra los sionistas reproducen, con otros lenguajes y contextos, esta misma lógica de instrumentalización. De ahí que algunos autores, como Jonathan Sacks, hayan descrito el antisemitismo como un virus mutante que se adapta a cada época.
En el marco del calendario judío, festividades como Rosh Hashaná y Yom Kipur ofrecen una oportunidad para reflexionar sobre estos procesos colectivos y sobres las respuestas personales frente a ellos. Inspirados por el pensamiento del teólogo Paul Tillich (1886-1965), se plantea la idea de mantener la identidad propia y auténtica, incluso en medio de contextos sociales donde prevalecen discursos uniformes. Esta visión apunta a un crecimiento individual que no dependa de mecanismos de evasión, sino de la asunción consciente de la libertad y la responsabilidad personal ▪
