En un contexto internacional marcado por el aumento de las expresiones antisemitas y por una creciente polarización ideológica en universidades y espacios culturales, el profesor francés Bruno Chaouat, profesor de la Universidad de Minnesota (EEUU), defendió este jueves en Madrid que el análisis del odio antijudío sigue siendo una herramienta fundamental para comprender las fracturas morales e ideológicas de las democracias occidentales contemporáneas.
"Estudiar las distintas formas del odio a los judíos arroja luz sobre el lado oscuro de Occidente (…). Estudiar las expresiones actuales del antisemitismo debería ayudarnos a diagnosticar nuestra cultura contemporánea. Es un cliché, aunque no una falsedad, decir que el antisemitismo revela inseguridades identitarias y fragilidades psíquicas en las sociedades. Nos ayuda a descubrir los desafíos existenciales de nuestro tiempo", afirmó Chaouat durante su conferencia "Antisemitismo en la era de fatiga democrática", celebrada en el Centro de Ciencias Humanas y Sociales (CCHS) del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) de Madrid.
La conferencia, organizada en un momento especialmente sensible para cualquier reflexión pública sobre antisemitismo, Israel o judaísmo dentro de ámbitos académicos y culturales europeos y españoles, reunió a investigadores y especialistas en torno a una ponencia de fuerte carga filosófica y política. El acto fue presentado por el investigador del CSIC Alejandro Baer, mientras que la respuesta crítica estuvo a cargo de la escritora e investigadora Marta Marín-Dòmine, de la Universitat Oberta de Catalunya.
Libertad académica y debate intelectual
Baer definió a Chaouat como un intelectual que "nunca ha rehuido la polémica" y destacó especialmente su defensa de la libertad académica frente a los alineamientos ideológicos predominantes. "Ninguna constricción, ningún impedimento, ningún alineamiento debería impedirnos hacer preguntas reales", señaló durante la presentación.
La celebración misma de una conferencia de estas características es en sí misma un hecho significativo en el actual clima universitario. Precisamente en sectores académicos y culturales es donde más intensamente se debaten cuestiones relacionadas con Israel y Palestina, pero en los dos últimos años bajo una narrativa única y que incurre generalmente en la descalificación sistemática -y hasta negación- de Israel. De ahí la importancia de encuentros como el de este viernes, con una discusión compleja sin quedar atrapados en marcos ideológicos rígidos o narrativas únicas.
Chaouat dedica sus investigaciones a la historia intelectual y cultural de Francia, la teoría literaria, los estudios sobre la Shoá y la relación entre antisemitismo y pensamiento contemporáneo. Entre sus obras, Baer destacó "Is Theory Good for the Jews? French Thought and the Challenge of the New Antisemitism" (¿Es buena la teoría para los judíos? Pensamiento judío y desafíos del nuevo antisemitismo", Liverpool University Press 2024), en el que el investigador sostiene que el antisemitismo europeo contemporáneo ya no presenta a los judíos como figuras "desarraigadas" o cosmopolitas, sino precisamente como un obstáculo para determinados ideales multiculturales. A su juico, los judíos son percibidos hoy por ciertos sectores ideológicos como una identidad excesivamente vinculada a la tradición, la comunidad y la pertenencia histórica.

El antisemitismo como síntoma cultural
En su conferencia, Chaouat partió de una reflexión inicial sobre lo que denominó una cierta "fatiga" respecto al propio análisis del antisemitismo. El académico se preguntó hasta qué punto todavía era posible formular algo nuevo sobre un fenómeno que, dijo, parece haber sido estudiado desde todos los ángulos posibles.
Sin embargo, lejos de considerar agotado el debate, sostuvo que las mutaciones contemporáneas del antisemitismo permiten diagnosticar transformaciones profundas de las sociedades occidentales. Para ello retomó las tesis del historiador David Nirenberg sobre el anti-judaísmo como elemento revelador de las tensiones internas de la tradición occidental.
A lo largo de la conferencia repasó distintas transformaciones históricas del odio antijudío: desde las acusaciones medievales durante la peste negra hasta las actuales teorías conspirativas en redes sociales y movimientos populistas.
Según explicó, los judíos han sido sucesivamente presentados como responsables del capitalismo, del bolchevismo, del colonialismo, de la inmigración masiva o incluso de conspiraciones globales contemporáneas. Todo ello, afirmó, refleja una época marcada por lo que definió —siguiendo al sociólogo Gérald Bronner— como un auténtico "apocalipsis cognitivo".

La memoria de la Shoá y las nuevas amenazas
Chaouat señaló además varios factores que, a su juicio, hacen particularmente inquietante el momento actual: la expansión de la inteligencia artificial, la relación entre grandes plataformas tecnológicas y estructuras de poder político, las crisis climáticas y migratorias, así como el debilitamiento progresivo de la memoria de la Shoá.
Uno de los ejes centrales de su análisis fue precisamente la transformación contemporánea de esa memoria histórica. El profesor cuestionó la progresiva integración de los estudios sobre el Holocausto dentro de marcos más amplios ligados al colonialismo, el racismo o los estudios de genocidio. Porque esa evolución académica -explicó- termina diluyendo la especificidad histórica de la Shoá y facilita determinados discursos que presentan a Israel como un Estado inherentemente genocida.
Chaouat también alertó sobre la aparición de nuevas formas de nihilismo político y cultural vinculadas tanto a sectores de la extrema derecha como a determinadas corrientes radicales contemporáneas. En su análisis aparecieron referencias al transhumanismo, las redes sociales, las teorías posmodernas y la erosión de los límites culturales y democráticos tradicionales.

El contrapunto de Marín-Dòmine
La respuesta de Marta Marín-Dòmine a la conferencia aportó una lectura crítica y matizada de la ponencia, aunque reconociendo desde el inicio la densidad intelectual y la ambición del planteamiento presentado por Chaouat. "El antisemitismo no es un prejuicio entre otros, sino un síntoma desde el cual una cultura, especialmente la occidental, puede analizarse", afirmó la investigadora, coincidiendo parcialmente con uno de los puntos centrales de la conferencia.
Sin embargo, Marín-Dòmine insistió en la necesidad de afinar cuidadosamente los análisis cuando se estudian formas contemporáneas de antisemitismo vinculadas a posiciones ideológicas y políticas.
La investigadora advirtió del peligro de establecer equivalencias automáticas entre judaísmo, Estado de Israel y gobierno israelí, y defendió introducir una mayor complejidad histórica en la relación entre la izquierda europea y el mundo judío.
Recordó, por ejemplo, la admiración que durante décadas despertaron los kibutzim en sectores progresistas europeos o el célebre lema "Todos somos judíos alemanes" surgido durante el Mayo del 68 francés en solidaridad con el político y activista franco-alemán Daniel Cohn-Bendit.
Marín-Dòmine también señaló la importancia de analizar el impacto que acontecimientos contemporáneos —especialmente la guerra entre Israel y Gaza— tienen sobre la percepción pública del antisemitismo y sobre la memoria de la Shoá.

Los límites del análisis contemporáneo
Uno de los aspectos más relevantes de su crítica fue la reflexión sobre la erosión de los límites culturales y simbólicos en las sociedades contemporáneas. La investigadora se detuvo especialmente en la relación entre nuevas tecnologías, transmisión memorial e inteligencia artificial, una cuestión que Chaouat había vinculado a la progresiva "desmaterialización" de la memoria del Holocausto.
Al mismo tiempo, cuestionó algunas de las conexiones establecidas por el profesor francés entre determinadas corrientes contemporáneas —incluyendo ciertas teorías queer y posthumanistas— y la hostilidad hacia Israel o hacia lo judío.
"No creo que este sea necesariamente el elemento que da forma al antisemitismo", señaló, reclamando una contextualización más precisa y una diferenciación más clara entre teoría, activismo y coyuntura política.
La investigadora defendió además la necesidad de no simplificar la compleja relación histórica entre movimientos progresistas, memoria del Holocausto y percepción contemporánea del conflicto israelí-palestino.
Preguntas abiertas sobre democracia y antisemitismo
En la parte final del encuentro, Chaouat respondió a varias de las reservas planteadas por Marín-Dòmine y profundizó especialmente en dos cuestiones: las manifestaciones del antisemitismo fuera del ámbito occidental y la crisis contemporánea de la memoria de la Shoá.
El profesor sostuvo que buena parte del antisemitismo moderno presente en el mundo árabe incorporó elementos de la propaganda antisemita europea del siglo XX, aunque reconoció también la existencia de rivalidades religiosas históricas entre judaísmo, cristianismo e islam.
Respecto al Holocausto, insistió en que uno de los principales problemas actuales reside en la pérdida de su especificidad histórica dentro de determinados marcos académicos contemporáneos.
"La especificidad del Holocausto se pierde en la traducción", afirmó al explicar las dificultades crecientes para transmitir a las nuevas generaciones la singularidad histórica del exterminio nazi dentro de la larga tradición europea de antisemitismo.
La jornada concluyó con un turno de preguntas del público especialmente participativo, que amplió todavía más el debate sobre teoría crítica, memoria, antisemitismo y crisis de las democracias liberales. La sesión dejó así abiertas numerosas cuestiones sobre el papel de las universidades, la transmisión de la memoria histórica y la capacidad de las sociedades occidentales para sostener debates intelectuales complejos en un clima cada vez más polarizado ▪
