En un rincón casi oculto de Melilla, junto al baluarte de San Carlos, se conserva un lugar que reescribe un capítulo olvidado de la historia judía en España. Se trata del cementerio judío más antiguo en territorio español tras la expulsión de 1492, según las investigaciones de la historiadora María Elena Fernández Díaz, especialista en el legado histórico de esta ciudad autónoma del norte de África y de su comunidad judía.
Doctora en Historia Contemporánea por la UNED, licenciada en Geografía e Historia por la Universidad Complutense y Máster en Archivística y Diversidad Cultural, Fernández ha dedicado años a estudiar la historia de la comunidad judía melillense. Sus hallazgos han revelado que Melilla fue el primer lugar de asentamiento formal de una comunidad judía en España tras la expulsión decretada por los Reyes Católicos, casi 370 años después.
La clave de esta afirmación está en la existencia documentada de un cementerio comunitario judío, establecido en 1864, cuando una real orden permitió el asentamiento de comerciantes judíos en la ciudad. A diferencia de enterramientos aislados que se dieron en otras localidades como Madrid o Barcelona, en Melilla la comunidad organizó un cementerio propio, adquirió el terreno legalmente y gestionó su uso. Para Fernández, este hecho lo convierte en un símbolo del primer retorno colectivo y estructurado de judíos a suelo español.
El cementerio refleja organización comunitaria
"No se trata de simples entierros dispersos como en otros lugares de la península. Aquí hablamos de una comunidad organizada que compra un terreno y lo destina al enterramiento de sus miembros. Eso tiene un enorme valor histórico", explica la historiadora.
El cementerio se instaló junto al antiguo camposanto cristiano, que fue trasladado en 1892. Sin embargo, el cementerio judío permaneció en su ubicación original gracias a la iniciativa de la comunidad, que temía que el terreno fuera urbanizado. Para evitar la exhumación de los cuerpos, gestionaron la compra del solar a las autoridades locales. "La comunidad pidió primero permiso a los gobernantes españoles y luego a la Junta de Arbitrios de Melilla, que era como el ayuntamiento. Finalmente, se les vendió el terreno", detalla Fernández.
Los registros indican que la comunidad pagó 1.080 pesetas, una cifra considerable en su momento. A partir de entonces, se constituyó la Colonia Judía, que a inicios del siglo XX pasó a llamarse Comunidad Israelita de Melilla.

Unas 80 tumbas
Fernández, una madrileña que llegó a Melilla hace 22 años por el trabajo de su marido, es el alma académica del proyecto "Mem Guimel", destinado a recuperar y visibilizar la herencia judía de Melilla y que está presidido por Mordejai Guahnich.
Según la historiadora, la primera inscripción oficial en el registro del cementerio data de 1882, aunque hay evidencias de entierros anteriores. El cementerio tiene espacio para unas 100 tumbas, pero el Registro Civil solo recoge cerca de 80. "Hemos encontrado lápidas sin inscripción y otras que no figuran en los archivos oficiales. Incluso sabemos que algunos cuerpos fueron trasladados desde Marruecos para ser enterrados aquí", apunta.
Durante décadas, el cementerio permaneció cerrado y prácticamente olvidado. Muchos de los enterrados pertenecían a familias que emigraron, especialmente hacia Venezuela, Brasil o Argentina, y con el paso del tiempo se perdió la memoria de su existencia.
La recuperación del camposanto
Para la inmensa mayoría de los judíos de Melilla, el camposanto era toda incógnita. Casi nadie sabía de su existencia. Solo hace unos 15 años fue recuperado, limpiado y rehabilitado.
"Cuando se clausuró, se prohibió a la comunidad visitarlo. Hoy para entrar hay que pasar por el pasillo de una vivienda, donde antes había una calle. La rehabilitación no respetó totalmente el trazado original", lamenta la investigadora.
El cementerio representa la punta del iceberg de una comunidad que, aunque menguante, tuvo gran peso en la vida de Melilla. A principios del siglo XX llegó a contar con 26 sinagogas; hoy solo permanecen siete en uso cotidiano. Durante su apogeo, en los años 30, la comunidad judía alcanzó los 7.000 miembros. Actualmente se calcula que no supera los 1.000, muchos de ellos mayores, y buena parte de la juventud se ha marchado al extranjero, sobre todo a Israel.

La pérdida de la regeneración
"Los jóvenes se van a estudiar fuera y no regresan. Los padres, cuando se jubilan, también se marchan para estar cerca de sus hijos y nietos. Varios negocios importantes han cerrado en los últimos años y la tendencia sigue", explica Fernández en ese sentido.
La historiadora reconoce que la comunidad sigue viva, pero su futuro es incierto. "Seguirá aquí durante un tiempo, pero quizá le queden 50 o 60 años. La población musulmana crece rápidamente, mientras que los cristianos y judíos tienen menos hijos. La ciudad está cambiando", añade.
Pese a ello, Fernández reivindica el papel histórico de Melilla como primer punto de retorno judío tras siglos de exilio. "Melilla fue el puente. Aquí se documenta el primer regreso organizado de judíos a España. Hay menciones a otras ciudades, pero ninguna con registros tan antiguos y tan claros como los nuestros", concluye▪
