Melilla se incorporó el 1 de enero a la Red de Juderías de España tras un largo proceso institucional. Han sido casi diez años de trabajo con la mira puesta en el mismo objetivo: poner en valor un patrimonio sefardí que, en Melilla, a diferencia de las otras juderías de la Red, cobra vida.
Para la consejera de Cultura de la Ciudad Autónoma, Fadela Mohatar, el reconocimiento no responde solo al patrimonio histórico, sino a una realidad singular: una judería viva, con liturgia, comunidad activa e interculturalidad cotidiana, integrada en un modelo de convivencia que la ciudad reivindica como seña de identidad.
No es una "reliquia", es el presente
Y es que Melilla, de algo más de 12 kilómetros cuadrados, no presenta su legado judío como una reliquia del pasado, sino como una experiencia viva, actual, presente.
"Somos una ciudad con un cruce de civilizaciones y lo que hemos logrado tener hoy por hoy es una judería viva. ¿Quién tiene una judería viva en cualquiera de los territorios que atraviesan las redes de juderías? Creo que ninguno o muy pocos, al menos del modo en que lo tenemos aquí", afirma Mohatar en una entrevista con Enfoque Judío con motivo de la incorporación de la ciudad a la Red.
En Melilla, según estimaciones de la comunidad, viven hoy entre 900 y 1.000 judíos que mantienen vivo el legado sefardí, tal y como sus ancestros lo hicieron a lo largo de siglos en el norte de Marruecos, en ciudades como Tánger o Tetuán, de donde llegaron una parte de ellos. La ciudad llegó a tener alrededor de 7.000 judíos y 26 sinagogas en su máximo esplendor a mediados del siglo XX. Actualmente hay seis, un liceo, un kolel (seminario de estudio de la Torá), comercios kosher, y hasta un hotel también kosher… en otras palabras, una vida judía plena pese a que se trata de una comunidad menguante por el éxodo de los más jóvenes.

En ese sentido, Mohatar destaca que el patrimonio judío de Melilla no se limita a edificios visitables: "Cuando mostramos nuestra maravillosa sinagoga (del arquitecto modernista) Enrique Nieto (conocida como Or Zarúa o de ‘Yamín Benarroch’), decimos que no es solo un lugar para visitar: hay liturgia todo el año". Esa normalidad, agrega, se refleja también en la vida pública porque "aquí celebramos Janucá institucionalmente, y personas de todas las culturas participan y entienden cada momento del calendario".
Se trata, desde siempre, de una relación fluida entre instituciones y comunidades. "Tengo al presidente de la comunidad judía aquí un día sí y un día no, pidiéndonos apoyo para actividades", declara Mohatar con humor. "Siempre le digo que sí, pero también que invitemos a otras comunidades, porque tenemos que conocernos".

Una judería viva en un cruce histórico de civilizaciones
Aunque hay teorías acerca de que comerciantes de Judea pudieron haber visitado Melilla desde tiempos fenicios, que le dieron el nombre de Rusadir, la actual comunidad judía tiene sus orígenes en la segunda mitad del siglo XIX. Así lo constata su primer cementerio en el barrio de la Alcazaba, cerca de la Ciudad Vieja, prueba de que esta ciudad del norte de África fue el primer puente del regreso de los judíos a España tras siglos de inquisición.
"Aquí están el primer cementerio judío, el primer barrio judío", recuerda Mohatar sobre cómo "convivían las procesiones católicas con otros ritos". En su opinión, la clave está en haber sabido conservar y compartir ese legado: "Es un testimonio de un cruce de civilizaciones que ha sabido absorber, conservar y, hoy, exhibirlo con orgullo".
Un argumento, el de la convivencia de culturas -que casi evoca los tiempos de mayor tolerancia en la España medieval-, que fue central en la defensa de la candidatura ante la Red de Juderías. "Creemos que Melilla puede aportar mucho a la Red y esta puede crecer con nuestra inclusión", afirma Mohatar al recordar que la ciudad impulsó incluso una adaptación de los estatutos para que la Red reconociera territorios que, sin un edificio medieval concreto, o prueba material de esa época, cuentan con "una simbología y una impronta patrimonial e histórica que resarce esa carencia". Y Melilla lo hace con creces, más que ninguna otra ciudad de España donde ahora existen o existieron comunidades judías. Tiene ya, además, un Museo Sefardí.
"Es una ciudad que sorprende, porque es muy desconocida, en la que también se respira la mezcla de dos mundos, el sur de Europa y el norte de África", destaca Mohatar, para quien este crisol es visible en iglesias, sinagogas y mezquitas, en la Semana Santa y en Janucá, en bodas musulmanas y celebraciones gitanas.

Una década de trabajo
Para el ingreso en la Red, el trabajo institucional ha sido sostenido durante años. Viene incluso de antes del anterior mandato de Mohatar como consejera entre 2015 y 2019. Desde entonces, dice, "se creó la cátedra Melilla Sefaradí, que nos ha ayudado mucho, hasta finalmente culminar este proceso".
La Consejera sitúa este logro en un contexto de desafíos estructurales en esta ciudad autónoma de unos 85.000 habitantes: "Somos una ciudad que ha tenido que afrontar dificultades socioeconómicas, estratégicas y geográficas. Siempre tenemos que reinventarnos", asegura sobre la dinámica económica y social de la pequeña urbe mediterránea en el norte del litoral marroquí.

En ese marco, el turismo cultural aparece como una oportunidad clara porque la mezcla de culturas en Melilla ofrece una variedad tan inusual como extraordinaria, y el legado sefardí es apenas una de las patas de esta mesa de convivencia, reflejada por ejemplo en la constitución de la Asociación Cultural Mem Guímel, que acaba de entregar sus premios de 2026 a la Red de Juderías, a la Casa de Sefarad en Córdoba y al coronel Antonio Sierra Sánchez.
Mohatar asegura que "el impacto del turismo cultural, con las redes culturales, se va a notar; otros socios ya lo han experimentado" y que la incorporación a la Red de Juderías abre además la puerta a circuitos de promoción a través de Turespaña y agencias de viajes, así como a distintivos de calidad en gastronomía, señalética y servicios. "Ahora tenemos que adaptarnos e incluirnos en esos emblemas y estándares de calidad", indica.

Turismo, frontera y una ciudad que sorprende
La Consejera vincula esta apuesta cultural a una estrategia más amplia de desarrollo en una ciudad que, tras el regreso en 2023 del actual gobierno, que encabeza Juan José Imbroda (PP), dice que se encontraron con "una ciudad que había retrocedido en muchos aspectos" y con un problema central: la frontera con Marruecos: "No está facilitando nada la vida de la ciudadanía ni de las empresas; solo queda un paso fronterizo, con colas interminables y restricciones", lamenta sobre la caída del intercambio comercial, principal motor económico de la ciudad hasta hace unos años. Ante ese escenario, el Ejecutivo local ha definido tres pilares: "Tener una ciudad universitaria, atraer empresas tecnológicas y fomentar el turismo".
En este último ámbito se inscribe una campaña intensa de promoción –que puede ser vista por ejemplo en autobuses en Madrid-, con bonificaciones al transporte para llegar a Melilla. "Cualquier persona puede venir con un 75% de descuento en avión o barco", explica Mohatar, subrayando el esfuerzo económico de la ciudad ("pone cada año 5, 6 o 7 millones de euros sobre la mesa para poder financiar estas subvenciones") ante lo que califica como "frío apoyo del (actual) Gobierno de España".

Se refiere a los "Bonos de Melilla", que pueden ser solicitados fácilmente por internet y que reducen sustancialmente los costes de avión, barco y hotel para cualquier turista interesado. La ciudad también cuenta ahora con una mayor conectividad aérea que en el pasado, sobre todo en verano.
"Nuestra interculturalidad no es un eslogan, es la pura verdad", resume Mohatar, quien menciona otro tesoro poco conocido, el de que Melilla es "la segunda ciudad de España, después de Barcelona, con más arquitectura modernista: más de 500 edificios", así como su ciudadela histórica bien conservada, playas, clima y una gastronomía variada e intercultural.

Interculturalidad vs convivencia
Una interculturalidad que, para transformarla en convivencia, requiere también de grandes esfuerzos de parte de las autoridades y de las propias comunidades, sean la cristiana, musulmana, judía, hindú o gitana.
Preguntada por las numerosas manifestaciones que Melilla ha vivido los dos últimos años en relación a la guerra en Gaza, que han tensado por momentos las relaciones entre la comunidades musulmana y judía -esta última viéndose acosada hasta por intentos de un boicot comercial-, Mohatar explica que el "equilibrio" es algo en lo que la ciudad trabaja día a día.

En 2008, abunda, se creó el Instituto de las Culturas, y en 2014 se firmó el Pacto Local por la Interculturalidad. Incluso en momentos de tensión internacional, como tras los acontecimientos entre Israel y Gaza, la ciudad optó por "generar espacios de convivencia", a decir de la Consejera, y el 22 de octubre de 2023, recuerda, se celebró un rezo ecuménico con representantes judíos, musulmanes, cristianos y evangelistas: "Ese es el mejor testimonio que podemos dar para la paz".
La política del actual Gobierno autónomo, matiza Mohatar, es la de no "no importar" conflictos de fuera que puedan afectar a la "convivencia", el patrimonio humano de mayor valor de Melilla: "Hemos nacido en los mismos hospitales, estudiado juntos y crecido juntos. ¿Por qué trasladar conflictos externos a una convivencia que hemos trabajado durante décadas?" ▪
