La última encuesta realizada por el Centro Palestino de Investigación de Políticas y Encuestas (PCPSR, https://pcpsr.org/en/node/1010) ofrece datos que contradicen frontalmente el relato dominante en el palestinismo occidental. La conclusión es clara: la mayoría de los palestinos quiere la solución de los dos estados, y la guerra no ha radicalizado a la población sino que la ha hecho más pragmática.
El apoyo a la solución de dos estados ha aumentado desde el 7 de octubre y sigue siendo la opción mayoritariamente preferida. El apoyo a fórmulas de un solo estado —el horizonte implícito de la consigna "del río al mar"— sigue siendo bajo. En Gaza, a pesar del impacto de la guerra, la población se muestra incluso más dispuesta al compromiso que en Cisjordania: la realidad vivida ha generado pragmatismo, no maximalismo. Incluso en la cuestión de la normalización de las relaciones, una minoría significativa admite una apertura condicional si Israel reconoce un estado palestino en las fronteras de 1967.
Nada de esto se parece al programa que predica el palestinismo occidental. La consigna "del río al mar" no refleja la voluntad mayoritaria de los palestinos, sino la fantasía ideológica de un sector de la izquierda europea y norteamericana que ha convertido la causa palestina en un instrumento a su servicio, donde Israel debe ser eliminado porque encarna simbólicamente el imperialismo occidental, el colonialismo o el capitalismo —dependiendo del día—.

El problema es que este activismo occidental que usa la causa palestina para su promoción política personal es perjudicial para los propios palestinos por una razón elemental: la solución de los dos estados —la única que la mayoría palestina quiere— requiere condiciones que el palestinismo occidental no contribuye a crear, sino a destruir.
La primera condición es que Hamás abandone el poder en Gaza. Sin esto, ningún estado palestino viable es posible. Hamás no es un movimiento de liberación nacional en el sentido que sus apologistas occidentales le atribuyen: es una organización islamista que ha destruido sistemáticamente cualquier perspectiva de convivencia, ha cometido crímenes de guerra, ha utilizado a la población civil como escudo y ha subordinado el bienestar de los gazatíes a su estrategia de confrontación permanente. Mientras Hamás gobierne Gaza, la solución de dos estados es inalcanzable, porque ninguna negociación seria es posible con un actor que niega el derecho a la existencia de Israel por imperativo religioso y que ha hecho todo lo materialmente posible por ejecutar su objetivo mesiánico.
El palestinismo occidental, sin embargo, se ha negado sistemáticamente a hacer cualquier crítica a Hamás —cuando no lo ha glorificado abiertamente— en el mejor de los casos por ignorancia o miedo a parecer "cómplice de la narrativa israelí". En el peor, directamente por odio antisemita. El resultado es que el palestinismo occidental se ha convertido en la cobertura ideológica de un régimen que oprime a los palestinos de Gaza y los condena al desastre.
La segunda condición es una cierta normalización de las relaciones con Israel, o al menos la construcción de mínimos de confianza e interlocución. Los datos de la encuesta muestran que incluso entre los palestinos —incluidos los que han vivido la guerra— hay espacio para posiciones pragmáticas cuando se plantean compromisos concretos. Pero el discurso del activismo occidental, que presenta cualquier negociación con Israel como una traición y cualquier reconocimiento de su existencia como una capitulación, blinda políticamente a cualquier dirigente palestino que quiera moverse en esa dirección. Basta con ver a qué voces se invita a dar conferencias o a opinar en nuestro entorno más cercano, tanto en instituciones públicas como en los medios de comunicación convencionales.
En definitiva, el barómetro árabe de opinión retrata a un pueblo que quiere vivir en paz en un estado propio, que la guerra ha predispuesto más, no menos, al compromiso, y que no pide a sus aliados occidentales que griten consignas de aniquilación en su nombre. Los que lo hacen no defienden a los palestinos: los utilizan. Y, al hacerlo, contribuyen a perpetuar exactamente las condiciones —Hamás en el poder, paz imposible, negociación impensable— que alejan a los palestinos de la única solución que la mayoría de ellos sigue deseando ▪
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Toni Florido es presidente de ACAI, la Associació Catalana d’Amics d’Israel (Asociación Catalana de Amigos de Israel).
