La presión pública sobre Israel y la normalización de discursos antisionistas están reactivando viejos estereotipos antisemitas en Europa, alertaron académicos, educadores y líderes comunitarios durante un panel celebrado la semana pasada en Bruselas, en el marco de una jornada de estudios organizada por la División de Prensa (EIPA) de la European Jewish Association (EJA).
El debate, titulado ‘Presión pública y aumento del antisemitismo/antisionismo’, abordó el modo en que el antisionismo contemporáneo se ha convertido en un fenómeno organizado, transversal y legitimado en espacios políticos, mediáticos y académicos, con efectos directos —y devastadores— sobre las comunidades judías europeas, según coincidieron los panelistas.
La sesión fue moderada por Oliver Bradley, asesor de medios de EIPA para Alemania e Italia, y contó con la participación del rabino Menachem Margolin, presidente de la European Jewish Association; Joel Kotek, profesor de la Universidad Libre de Bruselas, historiador y presidente del Instituto Jonathas; y Aline Pennewaard, educadora e historiadora del Holocausto del Centro de Información y Documentación sobre Israel (CIDI), de los Países Bajos.
Bradley enmarcó el debate en el contexto europeo actual, marcado por lo que describió como una "presión doméstica enorme", en alusión a las palabras del presidente francés Emmanuel Macron sobre el reconocimiento de un Estado palestino, una presión que —señaló— se replica en distintos países del continente.

La reactivación de viejos estereotipos bajo un nuevo lenguaje
En su intervención inicial, Joel Kotek se centró en el caso belga, al que describió como especialmente grave. "No hay duda de que la guerra en Gaza ha ofrecido al antisemitismo la oportunidad de reactivarse bajo nuevas formas", afirmó, advirtiendo que sentimientos que se creían superados "solo estaban dormidos, listos para resurgir a la primera oportunidad".
Kotek ilustró su análisis con ejemplos de caricaturas publicadas en la prensa belga, algunas premiadas oficialmente, que —según explicó— recurren a la inversión del Holocausto, la figura de Ana Frank y acusaciones de asesinato ritual o genocidio. "Arquetipos que creíamos relegados al basurero de la historia han vuelto a la superficie", sostuvo.
El historiador identificó cuatro causas combinadas del resurgimiento del antisemitismo: el antisemitismo estructural tradicional; el antisemitismo secundario, vinculado a la culpa por el Holocausto; el antisemitismo terciario u oportunista, motivado por cálculos electorales; y un antisemitismo radical que describió como la "sacralización" de la causa palestina, elevada al rango de religión civil. "Israel se convierte en el receptáculo de frustraciones y odios heterogéneos", afirmó.
En varios pasajes, Kotek denunció lo que llamó la "liberación del discurso antisemita", citando amenazas explícitas contra figuras públicas judías y la normalización de llamados a la violencia. Algunas de estas referencias, por la transcripción disponible, no permiten identificar con total precisión a todas las personas mencionadas, cuestión que convendría verificar antes de su publicación literal.

Culpa, negación y distorsión histórica
Aline Pennewaard trasladó el foco a los Países Bajos, recordando que el 90% de la población judía neerlandesa fue asesinada durante la Shoá, la proporción más alta de Europa occidental. "No fue porque el antisemitismo fuera más fuerte, sino porque somos una nación que no confronta", explicó.
Según Pennewaard, ese pasado no resuelto influye en el presente. "Existe una necesidad perversa de retratar a los judíos como perpetradores de genocidio", afirmó, señalando el uso sistemático de términos del Holocausto para describir la situación en Gaza. "Si los judíos son ahora los malos, entonces quizás no fuimos tan culpables por no haberlos salvado", reflexionó.
La educadora subrayó que muchos ciudadanos optan por evitar el conflicto, dejando espacio a los extremos. "Una minoría muy ruidosa marca el tono, mientras la mayoría prefiere mirar hacia otro lado", dijo.
Dónde termina la crítica y empieza el odio
El rabino Menachem Margolin abordó directamente la confusión entre crítica legítima a Israel y antisemitismo. "Las comunidades judías de Europa no se sienten seguras, ni apoyadas, ni bienvenidas en muchos lugares", afirmó, explicando que esa realidad motivó la creación de la EJA en 2011.
Margolin insistió en que el problema no comenzó el 7 de octubre, sino que es estructural. "Nuestra labor es educar, proteger y asegurarnos de que la voz judía sea escuchada", señaló, citando iniciativas como delegaciones ministeriales en Auschwitz o denuncias legales recientes contra expresiones de odio en Bruselas.

En el intercambio posterior, varios panelistas coincidieron en que la línea se cruza cuando la crítica se transforma en demonización colectiva. "Cuando el odio ya no va contra un gobierno, sino contra los judíos como tales", explicó Margolin, se entra en el terreno del antisemitismo.
El rabino comparó la reacción europea ante Israel con la ausencia de boicots o exclusiones hacia ciudadanos rusos por la guerra en Ucrania. "No vemos restaurantes vetando a rusos ni manifestaciones masivas contra ellos", dijo. "Esto no es una teoría de conspiración: es antisemitismo puro".
Miedo político y falta de confrontación
Sobre la pasividad de las autoridades, Pennewaard apuntó al temor al conflicto civil. "Dejan que esto continúe porque tienen miedo de trazar una línea clara", afirmó. Otros participantes coincidieron en que la respuesta institucional suele limitarse a más educación sobre el Holocausto, una herramienta necesaria pero insuficiente frente a las formas actuales del odio.
En la parte final del panel, se debatió también la actitud de las propias comunidades judías. Pennewaard fue tajante: "Los judíos deberían dejar de disculparse". Según dijo, exigir constantes condenas previas a Israel para poder hablar "socava la legitimidad y la autoestima comunitaria".
Margolin cerró con una analogía contundente: "Hay comportamientos humanos que no desaparecen, pero se controlan con leyes claras y consecuencias". El objetivo, concluyó, no es erradicar todo prejuicio, sino "hacer que quien odia a los judíos no se sienta cómodo expresándolo" ▪
