El Rebe de Kotzk decía que la persona más peligrosa no es el malvado declarado, sino quien se miente a sí mismo con elegancia.
Bamidbar interrumpe esa elegancia.
La Torá abre el libro de Bamidbar con un censo. Di-s le ordena a Moshé: cuenta a cada uno. No al pueblo. A cada uno.
Aquí está el primer golpe: no somos una masa. Somos unidades con nombre, tribu, familia y número. Cada uno contado. Cada uno visto.
Y sin embargo — ironía de ironías — el lugar donde esto sucede es el desierto. El lugar de la nada. El espacio sin dueño, sin cultivo, sin estructura. Como para recordarnos que la identidad verdadera no nace en la comodidad sino en el vacío. No en el palacio sino a la intemperie.
La conducta individual parte de una premisa incómoda: tú eres responsable de tus respuestas. No de lo que te hicieron. De lo que haces con lo que te hicieron. El desierto no te pregunta si tuviste una infancia difícil. El desierto simplemente es. Y tú, sencillamente, tienes que caminar.
Hay algo revelador en el inglés que el castellano no muestra: en inglés no se dice estoy sino "I am" — sin distinción entre el ser permanente y el estar circunstancial. Todo es ser. Lo que sientes, lo que vives, lo que atraviesas: todo forma parte de lo que eres. El desierto lo sabe. No te pregunta cómo estás. Te pregunta quién eres.
Bamidbar nos provoca desde el primer versículo. Porque el censo no es burocracia divina. Es un espejo. Di-s te cuenta porque quiere que tú te cuentes. ¿Cuántas veces has actuado en piloto automático y después has culpado al líder, al vecino, al sistema, a la historia? El desierto es el lugar donde esas excusas no tienen dónde esconderse.
Ser contado significa: eres insustituible. Pero también — y esto duele más — significa que eres responsable. No hay tribu que te cubra. No hay multitud que te diluya. Cuando Di-s cuenta, cuenta hasta ti.
La pregunta de esta semana no es qué pasa en el mundo.
La pregunta es: ¿qué estás haciendo tú con lo que te ha tocado?
El desierto no tiene respuesta. Tiene silencio.
Y en ese silencio, por fin, se escucha la voz que siempre estuvo.
Shabat Shalom – Gut Shabbos◾