Cultura

Cuando la danza recuerda lo que la historia olvida: un puente de memoria entre España e Israel

El proyecto reúne a dos bailarines del centro Nevé Shejter de Tel Aviv con dos españoles de la Danza Esquivel, bajo la dirección de Isaac Chocrón y María José Ruíz Mayordomo.
Cuando la danza recuerda lo que la historia olvida: un puente de memoria entre España e Israel
Memoria del movimiento (Foto: Enfoque Judío)
Actualizado el 26/6/2026, 16:55 hs.

Hay memorias que sobreviven en los libros. Otras permanecen en los archivos, en las piedras o en las fotografías. Pero existe otra, mucho más frágil, que solo continúa viva mientras alguien sea capaz de volver a ponerla en movimiento.

Ese es el reto que plantea Memoria del Movimiento, un laboratorio de creación que durante esta semana ha reunido en Madrid a bailarines e investigadores españoles e israelíes para explorar hasta qué punto un gesto puede atravesar los siglos sin perder aquello que lo hace reconocible.

Más que reconstruir una coreografía, el proyecto se propone seguir el rastro de la memoria cuando cambia de cuerpo. Descubrir qué permanece cuando un movimiento viaja de una época a otra, de una cultura a otra y de una generación a la siguiente.

La iniciativa nace del encuentro entre el centro israelí de arte y cultura judía contemporánea Neve Schechter, de Tel Aviv, y la compañía Esquivel Danza & Música, dirigida por María José Ruiz Mayordomo, una de las mayores especialistas españolas en danza histórica.

Con ella, al frente del proyecto, Isaac Chocrón Bendahán, quien a sus 28 años parece avalar el espíritu de la iniciativa con su propia biografía. Nacido en Madrid en el seno de una conocida familia judía, hizo aliyá con apenas quince años a través del programa juvenil Naalé y hoy desarrolla su trabajo en Tel Aviv como actor, coreógrafo y gestor cultural de Neve Schechter. Desde allí impulsa proyectos que exploran el diálogo entre patrimonio, identidad judía y creación contemporánea.

Su contraparte española, Ruiz Mayordomo, lleva más de tres décadas dedicada a reconstruir danzas antiguas a partir de manuscritos, tratados y documentos conservados en archivos europeos.

El laboratorio reúne además a los bailarines israelíes Or Saadi y Shajar Hanin, junto a los españoles Lucía Pládenas y Borja García Torres. Impulsado con el apoyo del Centro Sefarad-Israel y de la Embajada de Israel en España, el proyecto presentó una primera exhibición al público este jueves 25 en Madrid y concluirá con una segunda representación el 27 de junio en Alcalá de Henares, como culminación de varios días de convivencia artística.

Danza 3
Ensayo antes de la presentación de la iniciativa "Memoria del movimiento" en el Centro Sefarad Israel
(Foto: Enfoque Judío)

Cuando el movimiento se convierte en memoria

Más que un espectáculo, Memoria del Movimiento es una investigación. Parte de su inspiración nace de un documento coreográfico hallado en Cervera (Lérida), considerado uno de los primeros manuscritos europeos que intentó fijar mediante signos el movimiento de una danza. Aquellas anotaciones del siglo XV planteaban un desafío que sigue siendo el mismo: cómo preservar algo tan efímero como un gesto.

"No buscamos reconstruir exactamente un movimiento, sino comprender cómo viaja entre generaciones y culturas, cómo cada cuerpo lo transforma sin perder su esencia", explica Chocrón. "La memoria del movimiento quiere conservar, guardar, enseñar y vivir ese viaje por el tiempo".

Porque La memoria, dicen los impulsores del proyecto, no es una pieza inmóvil que atraviesa intacta los siglos: Es un legado que cambia cada vez que alguien lo recibe. Chocrón recurre a una imagen para explicarlo.

"Pensamos el movimiento como el Arca de Noé: entra, se transforma, vuelve a salir y nunca regresa siendo exactamente el mismo. Eso ocurre también con la memoria", explica el coreógrafo en diálogo con Enfoque Judío, durante uno de los ensayos antes de su exhibición en el Centro Sefarad Israel.

Danza 1
La bailarina y coreógrafa Or Saadi, del centro Nevé Shejter de Tel Aviv, durante uno de los ensayos en Madrid
(Foto: Enfoque Judío)

La reflexión encuentra una interlocutora natural en Ruiz Mayordomo. Después de décadas dedicada a reconstruir danzas históricas, sostiene que la investigación solo adquiere sentido cuando aquello que permanece escrito vuelve al cuerpo.

"Necesitamos mentes abiertas. Porque eso dará lugar a un cuerpo abierto que tendrá un movimiento abierto", afirma.

Su objetivo nunca ha consistido en reproducir el pasado como una pieza de museo, sino en descubrir hasta qué punto aquello que parece remoto continúa formando parte de nosotros.

"Quiero que descubran lo que está ocurriendo fuera de España y también qué parte de aquello que ocurre fuera ya está dentro de ellos; que puedan reencontrarse con ello", subraya.

Hasta ese momento, la investigación podría entenderse como un diálogo entre especialistas separados por siglos de historia. Sin embargo, es cuando los bailarines comienzan a compartir sus propios lenguajes corporales cuando la propuesta deja definitivamente los archivos para instalarse en el presente.

Danza 4
Las bailarinas Lucía Pládenas y Or Saadi, dos "luces" en busca del movimiento (Foto: Enfoque Judío)

De "Teimán" (Yemen) a la España renacentista

La investigación artística de Or Saadi parte de la tradición de los judíos yemenitas, aunque desde hace tiempo dialoga con otros folclores del Mediterráneo oriental. El encuentro con la danza histórica española terminó revelándole afinidades que no esperaba encontrar.

"Fue muy interesante comprobar que siempre existía un denominador común relacionado con el paso, con el gesto y con la forma de abordar el movimiento. También pude mirar de otra manera aquello que ya conocía y entrar en el mundo de ellos", explica sobre estos últimos días.

Más que una fusión de estilos, lo que emerge es una conversación entre memorias que han viajado de forma distinta, pero que conservan una lógica común: el cuerpo como vehículo de transmisión cultural.

"Cuando María José me enseñó los elementos de la danza tradicional española, descubrí que siempre existía un lenguaje común: en los pasos, en los gestos, en la forma de entender el movimiento e incluso en la manera de sostener el cuerpo. Eso me permitió mirar desde otra perspectiva lo que ya conocía y, al mismo tiempo, entrar en el mundo de ellos", afirma.

Danza 5
Shajar Hanin (primer plano) y Borja García Torres (Foto: Enfoque Judío)

Cuando el arte sigue tendiendo puentes

El proyecto adquiere un significado particular en el marco del 40 aniversario del establecimiento de las relaciones diplomáticas entre España e Israel, una conmemoración atravesada por las consecuencias que la masacre del 7 de octubre de 2023 y la guerra posterior han tenido también sobre los intercambios culturales.

Chocrón reconoce que muchos artistas israelíes encuentran hoy mayores dificultades para participar en festivales, residencias y proyectos internacionales: "Hay una gran dificultad para que sean aceptados en festivales, residencias y oportunidades internacionales. Por eso lo que está ocurriendo aquí es tan extraordinario".

Su experiencia en España ha sido, sin embargo, distinta.

"Nos han recibido con muchísimo interés, con curiosidad, con libertad artística y con una enorme voluntad de colaborar. No he sentido ninguna actitud hostil", destaca.

Para él, la reflexión sobre la memoria adquirió una dimensión más profunda tras el 7 de octubre, aunque insiste en que Memoria del Movimiento no nace como respuesta política, sino como una investigación sobre la persistencia del gesto: Como puente entre culturas.

Danza 2
"Memoria del movimiento", un punto de encuentro cultural en momentos de polarización (Foto. Enfoque Judío)

El espacio sagrado

En ese sentido, el laboratorio no busca borrar diferencias, sino ponerlas en relación. Cuatro intérpretes formados en tradiciones distintas conviven durante días en un mismo espacio creativo donde el lenguaje común no es verbal, sino corporal.

"La danza crea un espacio casi sagrado. Es un lugar dedicado al contacto, a la relación y a los sentidos. Muchas barreras del día a día desaparecen muy rápido. Puedes acercarte y hablar de cosas muy íntimas con personas que acabas de conocer", explica Saadi.

En ese intercambio, la memoria deja de ser un concepto abstracto para convertirse en experiencia compartida. No pertenece únicamente a los archivos ni a los tratados históricos: se activa cuando el cuerpo vuelve a ejecutarla.

Ruiz Mayordomo, que reivindica el origen sefardí de sus apellidos y su vínculo con la tradición musical y dancística israelí, resume el sentido del proyecto en una frase que trasciende el propio laboratorio: "Me gustaría que el público descubriera lo que está ocurriendo fuera de España, pero también que reconociera qué parte de todo eso ya lleva dentro; al final, se trata de reencontrarse con uno mismo".

Antes de que la historia pudiera escribirse, ya se bailaba. Y quizá por eso ningún movimiento pertenece del todo al pasado: sobrevive mientras alguien lo repite, lo transforma y lo vuelve a poner en pie. En ese tránsito incesante entre cuerpos y épocas, la memoria sigue encontrando su forma más antigua y más viva ◾