La Federación de Comunidades Judías de España (FCJE) asumirá temporalmente, desde este viernes, la dirección de la Comunidad Judía de Alicante (CJAL) tras el aplazamiento de las elecciones previstas para este jueves, una decisión adoptada por votación de sus socios en medio de una profunda crisis interna marcada por discrepancias sobre el proceso electoral, el modelo de comunidad y cuestiones de carácter religioso y estatutario.
El presidente saliente de la CJAL, José Benatar, confirmó a Enfoque Judío el aplazamiento de los comicios, aunque no ofreció más detalles sobre los motivos de la decisión.
Este medio ha podido saber que, tras una reunión de cerca de dos horas celebrada este jueves, la gestión de la comunidad quedará temporalmente en manos de una gestora designada por la FCJE, que asumirá las funciones de presidencia, secretaría y tesorería hasta la convocatoria de un nuevo proceso electoral. Según diversas fuentes, Benatar participó en la crucial reunión vía telefónica y solicitó el respaldo de los asistentes para que la Federación -que hace dos o tres años la ayudó en la compra de una sede permanente por primera vez- se hiciera cargo provisionalmente de la comunidad.
La decisión pone fin, al menos de forma provisional, a semanas de creciente tensión dentro de la comunidad alicantina, donde concurrían dos candidaturas para suceder a Benatar, una más religiosa y otra más continuista. Según las fuentes consultadas por este medio, la fractura interna había alcanzado tal nivel que se consideró imposible celebrar unas elecciones con las garantías necesarias.
Fuentes conocedoras de la situación, que han preferido mantener el anonimato, describieron el clima vivido en las últimas semanas como "realmente vergonzoso", aunque admitieron la dificultad de reconstruir con precisión lo ocurrido debido a las diferentes versiones existentes. "Es tanto lo que se ha tergiversado y publicado que es difícil saber la realidad", señalaron, añadiendo que, a su juicio, el conflicto "gira alrededor de un enfrentamiento personal" desde hace ya tiempo.
La intervención de la FCJE
El origen inmediato de la intervención de la Federación se encuentra en una carta remitida hace aproximadamente una semana por uno de los miembros de la Comisión Electoral de la Comunidad Judía de Alicante, en la que solicitaba formalmente la intervención urgente de la FCJE y de una autoridad rabínica independiente para supervisar el proceso electoral.
En el escrito, al que ha tenido acceso Enfoque Judío, se manifestaba que la Comisión Electoral no podía desempeñar adecuadamente sus funciones debido a una serie de incidencias que, en su opinión, comprometían la transparencia del proceso. Entre ellas citaba la falta de documentación suficiente para verificar las candidaturas, discrepancias sobre la acreditación de la condición judía de algunos candidatos conforme a la Halajá, posibles conflictos de interés, la ausencia de respuesta a una denuncia presentada durante la campaña, dudas sobre la composición de la propia Comisión Electoral y el incumplimiento de diversos aspectos previstos en los Estatutos de la comunidad.
El autor de la carta insistía en que no pretendía que la Federación diera la razón a ninguna de las partes, sino que una autoridad independiente examinara toda la documentación y determinara si existían las garantías necesarias para continuar el proceso electoral. Asimismo, advertía de que, en caso contrario, deberían adoptarse las medidas oportunas antes de celebrar unas elecciones cuya regularidad pudiera ser posteriormente cuestionada.
Una crisis que trasciende lo electoral
Aunque oficialmente el conflicto gira en torno al proceso electoral, las distintas fuentes consultadas coinciden en que la crisis refleja también un debate de fondo sobre la identidad religiosa y el futuro modelo comunitario.
Según personas conocedoras de la situación, una parte de los socios defiende reforzar el cumplimiento de la Halajá de forma estricta y que quienes integren los órganos de gobierno acrediten su condición de judíos conforme a la normativa religiosa -con Ktubá-, mientras que el otro sector apuesta por mantener el modelo más tolerante que, según afirman, ha caracterizado a la comunidad durante las últimas dos décadas, con un enfoque más amplio e integrador hacia los distintos perfiles del judaísmo.
En declaraciones a Enfoque Judío, una fuente conocedora del proceso confirmó que apoyó la decisión de que la FCJE asumiera temporalmente la gestión de la comunidad y defendió que el conflicto no responde únicamente a cuestiones personales, sino también a la necesidad de clarificar el funcionamiento institucional y el cumplimiento de los estatutos y de las normas religiosas propias de una comunidad integrada en la Federación.
La fuente, que pidió no ser identificada, sostuvo igualmente que existían conflictos de interés dentro del proceso electoral y afirmó que su candidatura había aceptado presentar la documentación requerida para acreditar el cumplimiento de los requisitos estatutarios.
Durante la entrevista, aseguró además que el clima interno se había deteriorado notablemente durante los últimos meses y que parte de los socios han decidido abandonar la comunidad tras los enfrentamientos vividos. Estas afirmaciones no han podido ser corroboradas de forma independiente por este medio con la otra parte en conflicto pese a repetidos intentos de contactar con ella.
La intervención de la FCJE y el origen del conflicto
Una de las partes ha denunciado que una candidatura había presentado una reclamación por presuntas actuaciones destinadas a desacreditarla e influir en el desarrollo de la campaña, sin que, según afirmaba, dicha denuncia hubiera recibido una investigación o una respuesta formal. El escrito también cuestionaba la sustitución de miembros de la propia Comisión Electoral, la falta de convocatoria de la Asamblea Informativa prevista en los Estatutos y la eliminación de mensajes relacionados con el proceso electoral en los canales de comunicación de la comunidad.
Ante esta acumulación de incidencias, Benatar, el presidente saliente, solicitó a la FCJE su intervención y propuso la alternativa de una gestora hasta que se calmen los ánimos entre las partes, lo que fue aprobado "por una mayoría" -otras fuentes dicen "unanimidad"- de los socios participantes.
LA CJAL tiene cifras muy bajas de socios con derecho a voto, apenas varias decenas, "alrededor de 30-35", de los que una parte participaron en la votación de este jueves.
El cisma: Dos visiones sobre el futuro de la comunidad
Aunque ninguna de las partes cuestiona la necesidad de preservar la continuidad de la Comunidad Judía de Alicante, el enfrentamiento ha puesto de manifiesto dos concepciones distintas sobre su futuro. Según las diversas fuentes consultadas, el debate trasciende el ámbito estrictamente electoral y gira en torno a la identidad religiosa de la comunidad y a los criterios que deben regir tanto su funcionamiento como el acceso a sus órganos de gobierno.
Mientras tanto, una parte de los socios ha decidido abandonar la pequeña Comunidad judía alicantina, y separarse para estudiar las vías a su alcance en la creación de un nuevo proyecto. La prevista baja de socios, hasta 15 o 20, puede ocasionar una grave crisis comunitaria que la FCJE deberá resolver durante su tenencia de la comisión gestora.
Fuentes denunciaron a Enfoque Judío un deterioro progresivo del clima interno, con descalificaciones personales y enfrentamientos que terminaron provocando la salida del grupo de socios más religioso.
El conflicto refleja dos modelos diferentes de entender la comunidad: uno partidario de reforzar el cumplimiento de las normas religiosas al pide la letra y otro favorable a mantener el funcionamiento que, según afirmaron las fuentes, ha caracterizado a la institución durante las últimas dos décadas.
Las fuentes de cada parte coincidieron en calificar la situación de "muy complicada" y lamentaron el deterioro de la convivencia interna, señalando que las discrepancias acumuladas durante los últimos meses habían desembocado en un escenario que hacía inviable la celebración de unas elecciones con normalidad ▪
