Editoriales

Lo que ciertos medios españoles aún no entienden: ¡Israel sí ganó Eurovisión!

Mientras ciertos titulares intentaban presentar a Israel como el gran derrotado de Viena, la realidad mostró otra cosa: un país que volvió a imponerse culturalmente, que resistió todos los intentos de exclusión y que consiguió, una vez más, el respaldo de millones de europeos.

Para los agoreros empeñados en ver a Israel doblegado en titulares ilusorios, y para quienes desde gobiernos y televisiones públicas hicieron todo lo posible por apartarlo del festival, el mensaje final de Viena es bastante más simple:

Israel sigue aquí. Y, bajo todo criterio –artístico y no artístico-, Sí fue el verdadero ganador de Eurovisión 2026. El trofeo, sencillamente, lo mereció otra gran cantante: Dara. ¡Felicidades a ella también por su grandiosa actuación!

Mientras parte de la prensa española presentó el segundo puesto de Israel como una derrota política o un alivio para el festival, en Israel y en buena parte del mundo judío el resultado de Viena fue leído exactamente al revés: como una victoria cultural, pública y moral frente a un año entero de intentos de expulsión y aislamiento.

"Israel pierde Eurovisión 2026 y el festival evita el estallido ante la mayor crisis de su historia", tituló El Confidencial, como si el único país que no logró ganar fuese Israel. ¿Y los otros 23? "Israel, de la euforia a la decepción en 20 segundos", escribió El País con su habitual criterio agorero. En El Mundo se inclinaron por: "Bulgaria se come a Israel"… ¿Sólo a Israel? Otros medios hablaron de "alivio" porque el trofeo "no llegara a manos del representante de Israel".

La fotografía mediática española posterior a la final de Viena reveló algo más profundo que una simple diferencia editorial: la incapacidad de ciertos sectores de aceptar que Israel volvió a triunfar en el escenario europeo pese a todos los intentos de convertir su participación en un problema político.

Porque, aunque algunos titulares se empeñen en presentar el segundo puesto del magistral Noam Bettan como una caída, en Israel la sensación fue exactamente la contraria. Israel cumplió todos sus objetivos y mejoró incluso los resultados del año anterior. Lo refleja con claridad la tablas de votos por países, tanto de los jurados como del público. Y lo hizo además en el contexto más hostil que el país ha vivido nunca dentro de Eurovisión: protestas permanentes, campañas para expulsarlo del concurso, gobiernos presionando públicamente y una atmósfera continental marcada por una ola creciente de antisemitismo en las calles europeas.

Y pese a todo ello, Israel volvió a estar arriba. Otra vez.

Eurovision Tabla de votos
El voto a Israel en Eurovisión 2026 (Fuente: Vienna Calling)

No deja de resultar significativo que varios de los países que más presionaron contra la presencia israelí terminaran fuera del festival mientras Israel seguía sobre el escenario principal compitiendo por la victoria. España, Irlanda o Países Bajos se alinearon durante meses con discursos y campañas de aislamiento contra la delegación israelí. Sin embargo, el resultado final mostró a Israel cerrando su cuarto año consecutivo entre los grandes dominadores del concurso.

Los números son difíciles de ignorar: tercer puesto con Noa Kirel en 2023, quinto con Eden Golan en 2024, segundo con Yuval Raphael en 2025 y nuevamente segundo con Noam Bettan en 2026. Una regularidad que muy pocos países pueden exhibir en la historia reciente del festival.

El fracaso del relato del boicot

La propia semifinal ya había anticipado lo que terminaría ocurriendo en la final. Israel ganó la primera semifinal de Eurovisión 2026 con 269 puntos, terminando primero en el voto popular y tercero entre los jurados. El dato fue todavía más relevante porque este año los jurados habían regresado a las semifinales y representaban el 50% del resultado.

En la gran final, Israel obtuvo 123 puntos de los jurados nacionales. 23 jurados europeos dieron puntos a Israel, bastante más que el año pasado -60-, cuando desde muchos sectores se denunciaba un virtual boicot político entre las delegaciones nacionales. El mensaje fue claro: pese a la presión ambiental, buena parte de los jurados votó con criterios musicales y técnicos antes que ideológicos.

También el televoto desmontó buena parte del relato dominante en algunos medios europeos y, sobre todo, en España. La Unión Europea de Radiodifusión modificó este año el sistema y redujo de 20 a 10 la cantidad de votos que podía emitir cada espectador, tras las denuncias de algunos gobiernos sobre supuestas campañas organizadas a favor de Israel desde su Gobierno. Incluso con esa limitación, Israel terminó tercera en el voto popular y recibió apoyo de la gran mayoría de las audiencias europeas.

Es precisamente ahí donde ciertos titulares españoles chocan frontalmente con la realidad de los datos. Presentar el resultado israelí como una "derrota" obliga a ignorar deliberadamente que millones de europeos siguieron votando por Israel aun después de un año entero de campañas de hostilidad política, cultural y mediática.

Tampoco parece casual que algunos análisis celebraran abiertamente que Israel no ganara. El País llegó a escribir que "cualquier aficionado sensato suspiró con alivio al comprobar cómo, in extremis, el trofeo no llegaba a manos del representante de Israel". Más que una crítica musical, la frase revelaba un deseo político. El de un medio que ha perdido el norte hace ya años.

Ni El País ni los otros medios tienen en cuenta que , dentro de Israel incluso hubo voces que consideraron que el segundo puesto era el escenario perfecto. Ganar habría significado organizar el festival de 2027 en medio del mismo clima tóxico y de presión internacional que acompañó toda esta edición. Para muchos israelíes, el verdadero triunfo consistía precisamente en haber resistido, haber permanecido y haber vuelto a conquistar el apoyo del público europeo pese a todo.

La victoria que algunos se niegan a admitir

La actuación de Noam Bettan con "Michelle" fue probablemente una de las más sólidas y ambiciosas presentadas por Israel en los últimos años. La puesta en escena funcionó, la canción conectó y el artista consiguió mantener a Israel peleando por la victoria hasta el último instante frente al fenómeno búlgaro "Bangaranga", merecida ganadora tal y como lo expuso -con diferencia- el jurado técnico y la audiencia: 516 puntos – una diferencia de 173 sobre el segundo.

Pero quizá el momento más revelador llegó fuera del escenario.

La cuenta "Vienna Calling", vinculada a la corporación pública israelí KAN, que enviaba a Bettan, publicó tras la final un mensaje cargado de simbolismo: "La representante que apoyó a Israel y se negó a retractarse de su apoyo a Noam Bettan en redes ganó Eurovisión 2026. Israel justo detrás en segundo lugar. Justicia poética".

La frase resumía algo que buena parte de la prensa española parece incapaz de comprender. Para millones de israelíes y judíos alrededor del mundo, esta edición nunca fue solamente una competición musical. Fue una demostración de resistencia cultural frente a quienes deseaban ver a Israel aislado, humillado o expulsado.

Tal vez por eso, algunos más místicos hasta recordaron aquella antigua frase del Génesis: "Bendeciré a quienes te bendigan, y a quien te maldiga maldeciré". Dara le hizo "like" a Noam… y salió bendecida.

Mientras ciertos titulares intentaban presentar a Israel como el gran derrotado de Viena, la realidad mostró otra cosa: un país que volvió a imponerse culturalmente, que resistió todos los intentos de exclusión y que consiguió, una vez más, el respaldo de millones de europeos. Para los agoreros empeñados en ver a Israel doblegado en titulares ilusorios, y para quienes desde gobiernos y televisiones públicas hicieron todo lo posible por apartarlo del festival, el mensaje final de Viena es bastante más simple: Israel sigue aquí. Y, bajo todo criterio, Sí fue el verdadero ganador de Eurovisión 2026. El trofeo, sencillamente, lo mereció otra gran artista: Dara, ¡Felicidades a ella también por su grandiosa actuación! ▪