En un doble acto cargado de memoria, duelo y resiliencia, la Comunidad Judía de Barcelona conmemoró este martes por la tarde el Yom Hazicarón, la jornada dedicada a recordar a los soldados caídos en la defensa de Israel y a las víctimas del terrorismo. La ceremonia culminó con el testimonio en primera persona de Eitán Horn, ex rehén israelí que sobrevivió tras 737 días secuestrado por Hamás, ante una sala colmada de asistentes.
"Hoy, en Yom Hazicaron, hemos tenido el privilegio de contar con Eitan Horn. Dos años secuestrado por Hamas. Derecho, con una fuerza que no se puede explicar. No es solo su historia. Es la nuestra", expresó la Comunidad Judía de Barcelona en un mensaje difundido tras el acto, sintetizando el sentido de una jornada que unió el recuerdo con la experiencia viva del regreso.

El homenaje se desarrolló en dos etapas. La primera tuvo lugar a las 18:30 en la sinagoga de la sede comunitaria, en un acto solemne centrado en la memoria. La segunda, ya en la tercera planta, consistió en un encuentro con Horn, anunciado como "un testimonio único en un día que nos conecta con la resiliencia y la vida", según la convocatoria.
La ceremonia inicial, moderada por adolescentes del grupo juvenil Yahad, puso el acento en la continuidad generacional. "Recordamos a quienes ya no están, pero también recordamos por qué seguimos aquí. Porque la memoria no es sobre el pasado, es responsabilidad. Es identidad, es unidad", señalaron las moderadoras, subrayando el papel de los jóvenes en la transmisión de esa memoria.
Del recuerdo al testimonio vivo
El segundo acto, con una gran afluencia de público, estuvo marcado por la presencia de Horn, quien compartió una parte de su secuestro con su hermano Yair, este liberado tras 498 días de cautiverio. La presentación destacó el vínculo entre el duelo y la vida: "Entre la memoria de quienes ya no están y la vida que sigue latiendo con fuerza", afirmaron las presentadoras.
Visiblemente emocionado, Horn comenzó su intervención reconociendo la dificultad del momento: "Muy emocionado, muy conmovido y muy agradecido por estar acá". A partir de allí, reconstruyó fragmentos de su experiencia, desde los momentos previos al secuestro hasta las condiciones extremas del cautiverio.
Entre los episodios relatados, destacó un momento en que se planteaba uno de los canjes y los captores instaron al propio grupo a decidir quiénes serían liberados. "Nos dan a entender que nosotros podemos elegir quiénes son los dos que salen", explicó. Frente a esa situación, subrayó la reacción colectiva: "Jamás nos hicimos algo malo, jamás nos robamos comida. Nadie puso su propio nombre, dieron nombres de los otros", remarcando la preservación de la humanidad en condiciones límite.
Horn también describió las condiciones de vida durante el cautiverio, señalando que apenas podían ducharse una vez por semana y que lo hacían con el agua de una botella, a menudo agua sucia y salada. Relató además las interacciones con sus captores, quienes intentaban enseñarle el islam, circunstancia que él utilizaba como oportunidad para conseguir algo más de alimento.

Uno de los momentos más intensos de su testimonio fue la despedida de su hermano en uno de los canjes, cuando este fue liberado. "Fue el día más feliz en esos dos años", afirmó, pese a que él permanecía cautivo sin saber su destino. La escena, marcada por la incertidumbre y el silencio, dejó una huella profunda en su relato.
Finalmente, Horn explicó cómo logró sostenerse durante ese tiempo: "Una de las cosas que me ayudaron a sobrevivir fue todo el tiempo hacerme cargo de las demás personas". Según indicó, centrarse en los otros fue su manera de mantener la mente ocupada y resistir.
La jornada concluyó con un fuerte mensaje de unidad comunitaria, en el que la memoria de los caídos y la voz de quien regresó se entrelazaron en un mismo espacio. Un acto que, tal como señalaron desde la organización, obligó a no olvidar y a reafirmar las razones por las que se sigue adelante ▪
