El aumento del 86,5% de los delitos e incidentes antisemitas registrado por el Ministerio del Interior durante 2025 enciende las alarmas. Sin embargo, para Esteban Ibarra, presidente del Movimiento contra la Intolerancia (MCI), la cifra de 69 casos es solo una parte de una realidad mucho más amplia. A su juicio, el problema no es únicamente el crecimiento del fenómeno, sino la incapacidad del sistema para detectar y, sobre todo, registrar una gran parte de los hechos que ocurren cada año.
"Solo se está denunciando entre el 20% y el 25% de los hechos", asegura Ibarra en una entrevista con Enfoque Judío. El veterano activista, una de las voces más influyentes en España en la lucha contra el racismo, la xenofobia y el antisemitismo, sostiene que existe una combinación de infradenuncia, falta de actuación de oficio y graves déficits interpretativos que impiden conocer la verdadera dimensión del odio antijudío en nuestro país.
Sus declaraciones llegan apenas unos días después de que el Ministerio del Interior presentara el Informe sobre la evolución de los delitos e incidentes de odio en España 2025, durante la reunión de seguimiento del III Plan de Acción de Lucha contra los Delitos de Odio 2025-2028. El documento recoge 2.417 infracciones penales e incidentes de odio, la cifra más alta desde que comenzaron las estadísticas oficiales en 2014.
Dentro de ese conjunto, el antisemitismo aparece como una de las categorías que más creció durante el último año. Los casos pasaron de 37 a 69, un incremento del 86,5%, solo superado porcentualmente por la islamofobia y la disfobia.
"Las cifras oficiales son una parte de la realidad"
Lejos de cuestionar el trabajo realizado por el Ministerio del Interior, Ibarra considera que los avances institucionales han sido significativos. Recuerda que tanto la Oficina Nacional de Lucha contra los Delitos de Odio como los sucesivos planes de acción fueron reivindicaciones históricas del Movimiento contra la Intolerancia (MCI) y del Consejo de Víctimas.
De hecho, una de sus principales conclusiones es que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad han mejorado notablemente su capacidad para identificar este tipo de conductas.
–Pregunta.– ¿Qué refleja el aumento de casos en la sociedad española? ¿Qué lectura hace del informe?
–Respuesta.– Existe un crecimiento real porque estamos viviendo una situación de aumento de los extremismos, de la polarización y del radicalismo violento. Pero también hay una mayor conciencia para denunciar y una mejor comprensión del fenómeno por parte de las fuerzas de seguridad. Lo que ocurre es que seguimos muy lejos de conocer toda la realidad.
Según explica Ibarra, el principal problema sigue siendo la infradenuncia masiva.
"Solo se denuncia entre el 20% y el 25% de los hechos", insiste.
La consecuencia es evidente: las estadísticas oficiales muestran únicamente una parte del fenómeno. El resto permanece oculto porque las víctimas no denuncian, porque determinados hechos no llegan a conocimiento policial o porque ni siquiera son reconocidos como incidentes antisemitas.
Esa distancia entre la realidad y los registros oficiales explica por qué los observatorios especializados suelen manejar cifras considerablemente superiores a las de las Administraciones públicas. En España, el organismo especializado a cargo de constatar los actos antisemitas es el Observatorio de Antisemitismo, organismo conjunto de la Federación de Comunidades Judías de España (FCJE) y el Movimiento contra la Intolerancia (MCI). Para 2024, cuando el Ministerio constataba apenas 37 casos de antisemitismo, el Observatorio los cifraba en 193 – un incremento del 321% con respecto a 2023 y de un 567% respecto al 2022.
El Informe de 2025 reflejará sin duda un fuerte incremento, a juzgar por los casos que aparecen registrados en su base de datos.
El debate sobre qué se registra y qué no
Uno de los aspectos más interesantes de la conversación con Ibarra es su explicación sobre las diferencias metodológicas entre los informes oficiales y los observatorios de seguimiento.
Para el activista, no se trata necesariamente de una contradicción, sino de enfoques distintos.
–Pregunta.– ¿Por qué las cifras de los observatorios suelen ser muy superiores a las del Ministerio del Interior?
–Respuesta.– Porque no estamos registrando exactamente lo mismo. El Ministerio recoge fundamentalmente diligencias policiales relacionadas con posibles delitos e incidentes. Nosotros también recogemos incidentes que observamos como terceros. Son hechos que reflejan una realidad social aunque después no tengan recorrido penal.
La diferencia puede parecer técnica, pero resulta decisiva.
Un mensaje viral en redes sociales, una campaña de señalamiento público, un cartel hostil o una acción de boicot pueden constituir indicadores relevantes para medir el clima de antisemitismo existente en una sociedad sin que necesariamente terminen convirtiéndose en un procedimiento judicial.
Por ello, Ibarra defiende que limitar el análisis exclusivamente a los delitos reconocidos por la vía penal ofrece una fotografía incompleta del problema.
"Nosotros actuamos como observadores. Si existe un incidente que refleja una situación de hostilidad, se registra. Eso no significa que estemos afirmando automáticamente que existe un delito, pero sí que estamos reflejando una realidad que está ocurriendo", destaca Ibarra.
El "déficit interpretativo" del antisemitismo
Más allá de la infradenuncia, Ibarra identifica un segundo problema que considera incluso más preocupante. Lo denomina "déficit interpretativo".
A su juicio, existe una importante falta de comprensión sobre las formas contemporáneas que adopta el antisemitismo, especialmente desde los acontecimientos del 7 de octubre de 2023 y la guerra posterior en Gaza.
–Pregunta.– ¿Qué significa o implica exactamente a la hora de hacer mediciones?
–Respuesta.– Que hay muchos incidentes antisemitas que no son reconocidos como tales. Existe un déficit interpretativo muy serio sobre el antisemitismo que está permitiendo que haya muchos incidentes no reconocidos, no registrados y no denunciados. Muchos de ellos sí son constatados en los informes del Observatorio.
Durante la reunión celebrada esta semana, Ibarra puso sobre la mesa varios ejemplos que, según su criterio, reflejan esta situación.
Entre ellos citó campañas públicas de señalamiento contra Israel y contra personas vinculadas a la comunidad judía, así como iniciativas que atribuyen colectivamente responsabilidades criminales a ciudadanos o instituciones judías.
En este contexto, considera imprescindible reforzar la aplicación de la definición de antisemitismo de la IHRA, adoptada por España y por numerosos gobiernos occidentales: "La definición de la IHRA es fundamental porque ayuda a identificar formas de antisemitismo que muchas veces pasan desapercibidas bajo discursos aparentemente políticos".
Aunque reconoce los avances impulsados por el Ministerio del Interior en la lucha contra los delitos de odio, Ibarra considera que la respuesta preventiva de otros ámbitos de la Administración está siendo insuficiente. "Los departamentos sociales de los ministerios que han de prevenir el desarrollo de delitos de odio y discriminación no tienen una actuación a la altura de estos problemas. Un ejemplo de ello es el Plan contra el Antisemitismo vigente desde 2023, que ha evidenciado su fracaso a raíz de la ofensiva antisemita desencadenada tras el 7 de octubre", sostiene.
Redes sociales, polarización y actuación de oficio
Otro de los asuntos que más preocupan al presidente del Movimiento contra la Intolerancia es el papel de las redes sociales.
Según explica, gran parte de los discursos de odio nacen, se expanden y se normalizan en plataformas digitales antes de traducirse en incidentes concretos o físicos.
"Las redes sociales se han convertido en el gran espacio de construcción de los discursos de odio. Ahí se estigmatiza, se demoniza y se crean los marcos mentales que después terminan produciendo incidentes", indica en ese sentido.
Sin embargo, considera que la respuesta institucional sigue siendo insuficiente.
–Pregunta.– ¿Qué debería hacerse para reducir esa distancia entre los hechos reales y las estadísticas?
–Respuesta.– Hay que actuar más de oficio. No podemos esperar siempre a que la víctima denuncie. Cuando una institución observa hechos que pueden ser constitutivos de odio tiene que intervenir. ¡Esa es una de las grandes asignaturas pendientes!
La reivindicación no es nueva. Ibarra lleva años reclamando una mayor implicación de fiscales, policías y administraciones en la detección temprana de conductas discriminatorias.
A su juicio, esperar exclusivamente a que las víctimas den el primer paso resulta insuficiente en un contexto donde el miedo, el cansancio o la desconfianza siguen desincentivando muchas denuncias.
Mientras tanto, las estadísticas continúan creciendo. Y aunque el informe del Ministerio del Interior muestra avances en la detección y persecución de estos delitos, Ibarra insiste en que el dato verdaderamente preocupante no son los 69 casos registrados.
Lo preocupante, sostiene, es todo aquello que sigue quedando fuera del radar oficial.
"El informe es mejor que el de años anteriores y refleja una evolución positiva. Pero todavía estamos muy lejos de registrar toda la realidad. El antisemitismo existente en España es bastante mayor de lo que muestran las cifras oficiales", concluye ▪
