La investigadora Angy Cohen ofreció en el CSIC una conferencia centrada en la relación entre el sionismo europeo y los judíos orientales, abordando tensiones históricas, disputas culturales y procesos de exclusión que, según explicó, siguen teniendo impacto en la sociedad israelí contemporánea.
La intervención de la investigadora, especializada en culturas sefardíes contemporáneas, tuvo lugar en el marco del Seminario de Estudios Judíos Contemporáneos, celebrado el 4 de diciembre en el Centro de Ciencias Humanas y Sociales del CSIC. La ponencia de Cohen llevó por título "Sionismo y judíos orientales: la respuesta mizrahí" y se inscribió en el bloque dedicado a los debates históricos y actuales sobre la autodeterminación judía.
"Mizrahí" como concepto "israelí"
Desde el inicio, la investigadora subrayó la necesidad de aclarar el uso del término "mizrahí", al que definió como una categoría israelí posterior a la creación del Estado. "No hay semejante cosa como mizrahí antes de la existencia del Estado de Israel", explicó, precisando que antes existían comunidades sefardíes diversas y judíos del mundo islámico que se identificaban de múltiples maneras. Cohen explicó que "la categoría mizrahí es una categoría israelí que significa oriental" y agrupa, de forma amplia, a quienes no encajaban en el modelo europeo dominante.
Cohen situó el primer eje de su análisis en el período anterior a 1948, cuando una población judía sefardí y local —integrada en el entramado del Imperio Otomano— desempeñaba funciones de mediación con las autoridades. Esa población, explicó, se percibía como un puente lógico entre el movimiento sionista y las administraciones otomana y posteriormente británica. Sin embargo, relató que los líderes del sionismo europeo mostraron "muy poco interés en establecer ningún tipo de relación con la población judía palestina", a la que no consideraban un aliado relevante.
La ponente atribuyó esa distancia a la naturaleza del proyecto sionista dominante, que definió como laico, socialista y europeizante. En ese contexto, señaló que no se valoró la posibilidad de una colaboración con los judíos locales que facilitara también relaciones con la población árabe. "En un gesto de soberbia que estamos pagando hasta hoy", afirmó, se ignoró el conocimiento que esos grupos tenían del territorio y de sus dinámicas sociales.

Los esfuerzos de Abraham Shalom Yehuda
Un ejemplo destacado fue el de Abraham Shalom Yehuda, intelectual sefardí que, según Cohen, se reunió en dos ocasiones con Theodor Herzl para advertir sobre la importancia de incorporar a la población árabe local en el proyecto de un Estado judío. Yehuda, explicó, hablaba árabe en su entorno familiar y procedía de una familia iraquí y alemana. Pese a ello, "Herzl hace como que no le hacen falta los consejos", relató, a pesar de que Yehuda y otros intelectuales locales conocían mejor la realidad del lugar donde se pretendía fundar el Estado.
Según Cohen, estos pensadores defendían que el proyecto sionista debía integrar el árabe como lengua judía y hundir sus raíces en la cultura judío-árabe y oriental. Desde su perspectiva, la centralidad de la cultura europea resultaba ajena y alienante, y vaciaba de contenido al judaísmo. La exclusión de estas voces generó, explicó, una profunda frustración y la convicción de que el proyecto, tal como se estaba diseñando, conduciría a la violencia.
La conferencia avanzó luego hacia los años posteriores a 1948, con la llegada masiva de judíos procedentes de países árabes. En ese contexto, Cohen describió el envío sistemático de estas poblaciones —especialmente la marroquí, la más numerosa— a lo que se denominó la "periferia", un concepto clave para entender la historia y la cultura israelíes. La periferia, señaló, no solo era geográfica, sino también cultural, social y política.

Las "maabarot", campos de migración
Inicialmente, muchos de estos inmigrantes fueron alojados en maabarot, campos de tránsito a los que llegaban tras desembarcar o aterrizar en Israel. Posteriormente, muchos de esos espacios se transformaron en "ayarot pituaj", ciudades de desarrollo con alta densidad de población y escasas oportunidades de ascenso social. Cohen describió este proceso como una proletarización de comunidades que, en muchos casos, procedían de clases medias en países como Marruecos o Túnez.
En la parte final de su intervención, la investigadora aludió a la emergencia de una tercera generación de activistas y creadores mizrahíes, con edades entre los 30 y 40 años, entre ellos escritores y editores de origen yemení y marroquí. Enlazó este fenómeno con un antecedente clave: el movimiento de las Panteras Negras en los años setenta, una rebelión contra la discriminación estructural sufrida por los mizrahíes en Israel. "Un movimiento de impacto gigante", señaló, que marcó un punto de inflexión en la visibilización del conflicto social y cultural.
La jornada académica incluyó también intervenciones de Alberto Sucasas, de la Universidad de A Coruña, y del filósofo y ensayista argentino Santiago Kovadlo, bajo la moderación de Reyes Mate, y se inscribió en un programa más amplio de reflexión sobre los sionismos, la diáspora y los desafíos contemporáneos del judaísmo ▪
