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Restaurando la narrativa sefardí del Sionismo en la educación judía

Teodoro  Herzl se apoyó en los pioneros sefardíes y mizrahíes a la hora de concebir la idea de un Estado judío, y sus pilares más fundamentales se remontan directamente a personajes tan conocidos como los rabinos Jacob Berab, Yehuda Bibas, Yehuda Alkalai, e incluso Doña Gracia Nasí, por mencionar algunos de ellos.

Ashley Perry

Al conmemorar hoy, 30 de noviembre, el Día de los Refugiados Judíos de los Países Árabes e Irán, nos percatamos cada vez más de que nos falta algo fundamental en la forma en la que enseñamos la Historia judía y del Sionismo. Ya sea en las escuelas israelíes o en las aulas judías de toda la Diáspora, el plan de estudios dominante todavía se enfoca, casi por completo, en la experiencia judía europea.

El sionismo se enseña como un movimiento político que surgió a finales del siglo XIX entre los judíos de Europa central y oriental, y la historia del regreso a la Tierra de Israel se enmarca a través de la conocida secuencia de la Primera a la Quinta Aliyá, cada una definida por los migrantes que provenían de Europa. Lo que rara vez se menciona es que estas olas migratorias no reflejan toda la historia del retorno judío a Sión. Ni siquiera narra sus primeros capítulos.

Los libros de texto estándar todavía tratan a los judíos del Mediterráneo y Medio Oriente como si, simplemente, hubieran llegado después de 1948 como refugiados que necesitaban ser absorbidos por un proyecto creado en otro lugar. Sin embargo, muchas de estas comunidades vivieron durante siglos con un apego práctico profundamente arraigado a Sión, expresado no a través de panfletos o congresos ideológicos, sino a través de una aliyá activa, organización política e, incluso, intentos de soberanía.

Migracion judia del mundo arabe

Los rabinos Jacob Berab, Yehuda Bibas, Yehuda Alkalai, e incluso Doña Gracia Nasí, eran todos, en la práctica, activos sionistas que trabajaron por la soberanía política judía varios siglos antes del primer Congreso Sionista Mundial. Teodoro Herzl se apoyó en estos pioneros, y sus ideas para un Estado judío se remontan directamente a ellos.

Las ciudades modernas de Tel Aviv, Rishón Lezión, Petah Tikva, Gadera, Rehovot y otras, fueron pobladas o compradas por primera vez por judíos sefardíes y mizrahíes, con frecuencia décadas antes de que los asquenazíes llegaran en masa.

Su aliyá no fue una reacción a Herzl o al antisemitismo europeo, sino la expresión natural de una conexión judía, milenaria y continua, con Eretz Israel (Tierra de Israel). Ellos no necesitaban que les enseñaran el sionismo porque ya estaba integrado en sus vidas judías.

Los judíos de la antigua Sefarad, del Mediterráneo y de todo el Medio Oriente, incluida la Tierra de Israel, mantenían vínculos familiares, políticos, religiosos y nacionales entre sí. Muchas de las figuras más importantes del período medieval, y más allá, vivieron en varios países, incluida la Tierra de Israel, lo que demuestra cuán fluidas e integradas eran estas comunidades.

Desafortunadamente, en nuestra narrativa sionista moderna, la historia de los judíos de Marruecos, Argelia, Túnez, Libia, Egipto, Irak, Yemen, y de otros tantos países, se reduce habitualmente a un solo capítulo: la salida dramática y a menudo traumática en las décadas de 1940 y 1950, cuando el creciente antisemitismo, la persecución y las expulsiones patrocinadas por sus diferentes gobiernos, empujaron a casi un millón de judíos a huir. Esa parte de la historia merece ser enseñada, pero debemos recordar que es sólo la mitad de la historia.

Esa narrativa pasa por alto el hecho de que muchas de estas comunidades siempre se  vieron a sí mismas como parte de la historia más amplia de la Tierra de Israel y que, para ellos, la aliyá no era concebida como un desarraigo, sino como un regreso a casa. La idea de que los judíos de Bagdad, Fez, Djerba o Saná tenían que ser "sionizados" es históricamente falsa y culturalmente insultante. Se veían a sí mismos como hijos de Jerusalén incluso cuando no vivían allí.

La eliminación de esta parte de la historia tiene consecuencias. En Israel, refuerza la percepción de que el sionismo es esencialmente un proyecto asquenazí, en el que los judíos sefardíes o mizrahíes entran en la historia sólo en la etapa de absorción de nuevos inmigrantes y de lucha social.

Aquellos que comienzan aún la historia del sionismo con Herzl juegan, inconscientemente, con esta narrativa y presentan una comprensión superficial de la Historia judía. Cada día, los artículos y libros que se escriben, así como las conferencias e iniciativas organizadas sobre y acerca del sionismo, recién comienzan en Europa en la década de 1890, sin ninguna comprensión o capacidad para ir más allá de esta premisa.

Por ello necesitamos un nuevo marco educativo, no un párrafo complementario. La historia del retorno judío debe comenzar no sólo en Basilea, Odessa y Kishinev, sino también en Saná, Bagdad, Tlemcen y Shiraz. Los capítulos épicos de la aliyá no deberían enseñarse simplemente como oleadas europeas numeradas, sino como un tapiz de diferentes "retornos" judíos a través de continentes y siglos.

El concepto de kibutz galuyot, "reunión de exilios", adquiere un significado completamente diferente cuando los estudiantes aprenden que las comunidades judías de España, África del Norte y Medio Oriente no llegaron tarde a la idea sionista, sino que eran portadoras de un sionismo muy anterior expresado a través de acciones para recuperar la soberanía judía en Israel, de medidas prácticas como la inmigración masiva y la utilización constante del hebreo, incluso en las calles de ciudades en la Tierra de Israel, mucho antes de que Herzl escribiera El Estado Judío o Eliezer Ben Yehuda "inventara" el hebreo moderno.

Este cambio debe comenzar con los libros de texto, pero no terminar ahí. Debe entrar en las escuelas judías de Nueva York, Toronto y París, donde los estudiantes judíos rara vez aprenden que la mitad de la población judía de Israel desciende de comunidades que nunca vivieron en Europa.

Debe entrar en las escuelas de formación de profesores, en los programas de movimientos juveniles, en los itinerarios de Birthright y en las clases de educación cívica israelí. Debe ser recordado en los sermones de las sinagogas, en las conferencias sionistas y en los museos judíos. Debe ingresar en todos los planes de estudio porque es la verdad histórica.

En este día de conmemoración, debemos recordar el trauma de la expulsión y el despojo que desarraigó la vida judía en todo el mundo árabe e Irán a mediados del siglo XX. Pero también debemos recordar algo más. Que estos judíos no llegaron a Israel como extraños. Su historia es parte integral de la Historia sionista, incluso si todavía no ha sido escrita de esa manera y ellos no conocían ese término específico.

Ha llegado el momento de corregir ese historial, no por el bien del equilibrio político o la política de identidad, sino por el bien de la honestidad histórica y la unidad judía. También es un poderoso antídoto para quienes afirman hoy en el mundo que el sionismo es una forma de "colonialismo europeo".

Contar la historia completa del pueblo judío no es simplemente una obligación para con el pasado. Es una inversión en el futuro de la pertenencia judía ▪

Artículo publicado originalmente en versión inglesa en el diario Jerusalem Post.

Ashley Perry es ex asesor gubernamental de alto rango y estratega de comunicación en campañas políticas locales e internacionales. También es presidente de la organización "Reconectar" y ha trabajado en la cuestión del reconocimiento y reparación de los judíos de Medio Oriente y el Norte de África en la Knesset, el Gobierno de Israel y en todo el mundo.

Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad exclusiva de su autor
y no necesariamente reflejan la postura editorial de Enfoque Judío ni de sus editores.

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