Cada año, en el día más sagrado del calendario judío, Yom Kipur, miles de judíos alrededor del mundo se acercan a las sinagogas buscando algo más que un rito. Buscan paz; buscan perdón; buscan volver a una conexión sagrada con D-os. Y sin embargo, en algunas comunidades, antes de cruzar la puerta de la sinagoga, se enfrentan a otra realidad: el precio de la entrada.
Cabe aclarar que esto no ocurre en todas las comunidades, pero sí en un número significativo donde el acceso a la plegaria en Yom Kipur se ve condicionado por cuotas o tarifas.
Entrar a la sinagoga en Yom Kipur, el día del juicio, del perdón, del retorno a D-os, se ha convertido, en algunas comunidades, en un privilegio que depende del poder adquisitivo. Asientos reservados. Tarifas especiales, cuotas obligatorias. Y, para algunos, la peor de todas: la exclusión por no poder pagar.
¿Cómo puede ser que el acceso a la teshuvá, el retorno espiritual, tenga hoy un precio monetario impuesto por el hombre?
¿Pero qué dice la Torá, el Talmud y la tradición? En Nedarim 37a, el Talmud declara que la enseñanza de la Torá no puede cobrarse. Se basa en un principio divino: "Así como Yo os la enseñé gratuitamente, así debéis enseñar vosotros". En Bejorot 29a, se refuerza esta idea aplicándola también a jueces y guías espirituales: "Quien cobra por ejercer justicia o enseñar Torá, sus actos se invalidan." Y en Pirkei Avot 4:5, encontramos esta advertencia eterna: "No conviertas la Torá en una corona para engrandecerte, ni en una pala para cavar con ella."
El mensaje es claro, la espiritualidad no se vende. La Torá no es un producto. Y el arrepentimiento no puede tener una tarifa.
Yom Kipur no pertenece a una élite, pertenece a todos. Su esencia está en abrir las puertas del alma, no en cerrar las puertas de la sinagoga.
¿Qué ocurre cuando alguien quiere hacer teshuvá pero no puede pagar una cuota? ¿Qué mensaje damos como comunidad cuando se necesita una transferencia bancaria para acceder a la plegaria? ¿No se asemeja esto a las prácticas medievales de la Iglesia, cuando se pagaba una "bula" para saltarse las penitencias o comer carne en Cuaresma? En esos tiempos, el dinero compraba indulgencia. ¿Hoy compramos teshuvá?
Yom Kipur no puede ser un espectáculo con ticket de entrada. ¿Y qué dice la Halajá (la Ley judía)? Sí, la halajá permite compensar a rabinos y cantores por su tiempo. Pero nadie ha autorizado cobrar el acceso al perdón y a la teshuvá.
Una cosa es sostener una comunidad, y ello implica costes significativos, pero la forma en que estos costes se cubren no debe comprometer los principios espirituales fundamentales. Incluso si existen cuotas de miembros anuales para el sostenimiento general de la comunidad, Yom Kipur, por su naturaleza esencial de perdón universal, debería ser la excepción y tener un mecanismo de acceso universalmente abierto. No es aceptable que el perdón esté reservado para quien puede pagarlo.
La teshuvá es el camino de regreso a D-os, es un derecho divino, no un servicio VIP. Es el alma gritando por volver. ¿Vamos a responderle con una factura?
Lo que hacemos es convertir al que no puede pagar en un excluido espiritual. Como si su teshuvá valiera menos. ¿Quién nos dio esa autoridad? Ciertamente no D-os.
Hay otro camino. Más justo. Más judío: Acceso libre a Yom Kipur para todos y donaciones voluntarias, nunca impuestas.
Yom Kipur es llamado el Día del Perdón. Es el momento en que incluso el alma más alejada puede volver a D-os. No permitamos que lo impida una cuota.
Como dice Isaías (55:1):
"Todos los sedientos, venid por agua, y el que no tiene dinero, venid."
Hagamos que nuestras sinagogas reflejen ese espíritu. No lo contaminen con cuotas. No lo manchen con tarifas. No conviertan el perdón en un producto. Que cada sinagoga se convierta en un refugio. No en un negocio. Que cada alma, rica o pobre, tenga acceso directo a Hashem.
No pongamos precio al perdón. El alma no se cobra.
Abramos las puertas para que nadie se quede afuera ▪
