El Parlamento de Marruecos ha recibido una propuesta legislativa que podría redefinir el vínculo del país con su diáspora judía. La iniciativa, tramitada a través de un mecanismo de democracia participativa contemplado en la Constitución de 2011, plantea conceder la nacionalidad a los hijos y nietos de judíos originarios del reino que hoy residen en otros países. El proyecto, que combina elementos jurídicos, históricos e identitarios, ha despertado tanto expectativas como cuestionamientos en la esfera pública.
Ha sido el Ministerio encargado de las relaciones con el Parlamento el que ha confirmado la presentación de una "petición legislativa" ante la Cámara de Representantes, en la que sus promotores solicitan "la concesión de la nacionalidad marroquí a todos los hijos y nietos de judíos marroquíes que emigraron". Según las autoridades, la propuesta apunta a garantizar que estos descendientes accedan a "sus derechos constitucionales, políticos, religiosos, culturales, económicos, sociales y de otra índole", al tiempo que refuerza su integración y su vínculo con Marruecos.

Una propuesta ciudadana
La iniciativa fue canalizada a través del "Portal Nacional de Participación Ciudadana", herramienta que permite a los ciudadanos presentar propuestas legislativas en virtud del artículo 14 de la Constitución. Este mecanismo exige reunir al menos 20.000 firmas para que una petición sea considerada admisible. De acuerdo con información oficial, la propuesta habría alcanzado ese umbral, lo que permitió su remisión al Parlamento para su eventual tratamiento.
El texto se apoya en múltiples referencias constitucionales y legales, incluyendo directrices reales vinculadas a la protección de los derechos de los judíos marroquíes. Asimismo, enfatiza el carácter plural de la identidad nacional, definida por la convergencia de componentes árabe-islámicos, amazigh y saharo-hasaníes, enriquecidos por influencias africanas, andalusíes, hebreas y mediterráneas.
Entre los aspectos centrales de la propuesta figura la posibilidad de que los beneficiarios recuperen o adquieran la nacionalidad marroquí, incluso en casos en que sus antepasados la hubieran perdido, renunciado o nunca la hubieran formalizado. En este sentido, se plantea una serie de mecanismos administrativos destinados a facilitar el proceso tanto dentro del país como en el exterior.

Implicaciones jurídicas y administrativas
El texto prevé que las solicitudes puedan presentarse ante los servicios del Ministerio del Interior en Marruecos o en consulados y misiones diplomáticas en el extranjero. Posteriormente, los expedientes serían remitidos a tribunales competentes de primera instancia, en función del último domicilio familiar o de registros vinculados a lugares de culto.
Además, la propuesta incluye la creación de un portal digital nacional que permita simplificar los trámites administrativos, con herramientas como cronogramas de seguimiento y una base de datos de apellidos de origen judío marroquí. También se contempla la creación de un organismo especializado para atender las cuestiones relacionadas con este colectivo, así como la coordinación entre instituciones públicas para garantizar su integración.
El proyecto incorpora definiciones específicas para delimitar su alcance. Así, se establece que "hijos" y "nietos" son descendientes de antepasados marroquíes que no poseen la nacionalidad, incluso si estos fallecieron sin haberla tenido o la perdieron. Asimismo, se define a los judíos marroquíes como aquellos inscritos en registros comunitarios o instituciones religiosas, sujetos a validación por parte de autoridades competentes.
De la emigración masiva a la diáspora global
Solo en Israel se estima que viven entre 800.000 y un millón de judíos de origen marroquí, según distintos estudios, a los que habría que sumar otras decenas de miles -quizá cientos de miles- que viven sobre todo en Francia, España, Canadá, Argentina y otros tantos países.
Tras la creación del Estado de Israel en 1948, se produjo una emigración masiva de judíos marroquíes. Entre 1948 y las décadas siguientes, alrededor de 250.000 a 300.000 miembros de la comunidad abandonaron el país, principalmente hacia Israel, aunque también hacia Europa -principalmente Francia- y América del Norte. También a España llegaron varios miles que impulsaron la vida judía como la conocemos hoy.

Este proceso transformó profundamente la demografía del judaísmo marroquí. En la actualidad, la población judía en Marruecos es reducida, con estimaciones que rondan entre 1.500 y algunos miles de personas, mientras que una vasta diáspora mantiene vínculos culturales y afectivos con el país de origen.
En el pasado, a raíz del Proceso de paz de Oslo, Marruecos dio pasos para reconectar con los judíos marroquíes que habían emigrado del país, y fueron miles y miles los israelíes que volvieron como turistas para conocer sus raíces. Las autoridades hasta concedieron a muchos una suerte de "carta de nacimiento" para poder entrar en el país.
La propuesta legislativa se inscribe en este contexto histórico, al señalar que muchos descendientes de judíos marroquíes en el extranjero se vieron "privados de la preservación de su nacionalidad" debido a factores como la distancia geográfica, las dificultades de desplazamiento o las complejas condiciones políticas y económicas en sus países de residencia.
No obstante, los promotores sostienen que esta situación no ha debilitado su identidad ni su vínculo con Marruecos. Por el contrario, afirman que persiste un fuerte apego cultural y emocional, lo que justificaría la adopción de una legislación que permita restablecer ese lazo jurídico y simbólico.
En este escenario, el eventual debate parlamentario no solo abordará aspectos legales, sino también cuestiones vinculadas a la memoria histórica, la identidad nacional y el lugar de la diáspora en el Marruecos contemporáneo.
Debate político y versiones contrapuestas
Pese al avance institucional, la iniciativa ha generado controversia, especialmente en redes sociales, donde circulan interpretaciones divergentes sobre su estado real. Algunas versiones indican que el proyecto aún no habría alcanzado el número de firmas necesarias para su admisibilidad.
En este sentido, el portavoz del gobierno, Mustapha Baitas, aclaró que se trata de una moción legislativa distinta de una petición formal, subrayando que "las mociones legislativas conciernen exclusivamente a las dos cámaras del Parlamento que gestionan los textos que se les someten". Esta precisión apunta a diferenciar los mecanismos institucionales y a poner en contexto el alcance de la iniciativa.
Según informaciones de medios locales, el texto figura entre varias propuestas en proceso de recolección de firmas y contaría con un respaldo aún muy inferior al umbral requerido. Esta discrepancia entre fuentes ha alimentado el debate público y la circulación de rumores sobre una supuesta inminente discusión parlamentaria.
El procedimiento legal establece que, una vez presentada formalmente, la Cámara de Representantes dispone de un plazo determinado para decidir si acepta o rechaza la petición. En caso de aprobación, la propuesta seguiría el proceso legislativo habitual hasta su eventual promulgación.
Una comunidad con raíces milenarias
El trasfondo histórico de la iniciativa remite a la larga presencia judía en Marruecos, considerada durante siglos una de las más importantes en el mundo islámico. Según diversas fuentes, la comunidad judía en la región podría remontarse a la Antigüedad, con evidencias que sugieren su existencia desde al menos los primeros siglos de la era común, e incluso tradiciones que la sitúan en épocas anteriores.
A lo largo de los siglos, los judíos marroquíes desarrollaron una rica vida cultural y espiritual, expresada en literatura, poesía, música y pensamiento religioso. La comunidad estuvo compuesta por diversos grupos, entre ellos los llamados "autóctonos", asentados desde tiempos antiguos, y los "expulsados" de España y Portugal que llegaron a partir del siglo XV, contribuyendo significativamente al desarrollo cultural y económico del país.
Durante distintos períodos históricos, la situación de los judíos en Marruecos osciló entre etapas de prosperidad y momentos de persecución, en función de los cambios políticos y dinásticos. En ciudades como Fez se establecieron barrios específicos conocidos como "mellah" (similares a las juderías en la España medieval), donde en muchos casos la población judía fue obligada a residir.
Con el establecimiento del protectorado francés en 1912, la situación de la comunidad mejoró en términos generales, permitiendo una mayor integración urbana y en funciones administrativas y económicas relevantes. Sin embargo, el siglo XX marcó un punto de inflexión ▪
