El Beit Hamikdash, o Templo Sagrado, fue el centro espiritual del judaísmo y su lugar más venerado. De dimensiones comparables a un estadio moderno, combinaba zonas cubiertas con amplios espacios al aire libre y se alzaba sobre el monte Moriá, en el corazón de Jerusalén.
El Primer Templo fue construido por el rey Salomón en el año 833 a. e. c., pero fue destruido en 423 a. e. c. por el monarca babilonio Nabucodonosor durante el exilio de Judea. Años más tarde, los judíos regresaron de Babilonia y, bajo el liderazgo de Ezrá y Nejemiá, reconstruyeron el templo en el año 349 a. e. c., en lo que se conoce como el Segundo Beit Hamikdash. En el año 37 e. c., el rey Herodes completó una ambiciosa renovación del edificio, que fue finalmente destruido en el año 70 e. c. por las legiones romanas. Esa destrucción marcó el inicio del exilio prolongado del pueblo judío, conocido como Galut, que los sionistas de antaño –en sus creencias socialistas laicas- consideraban concluido simbólicamente con el establecimiento del Estado de Israel en 1948.

Mientras que los detalles arquitectónicos del primer Templo son escasos, del segundo han sobrevivido abundantes registros. Ambos consistían en un gran edificio central (el Heijal) rodeado por muros rectangulares y patios de piedra. Estos patios eran lo suficientemente amplios para acoger a los miles de peregrinos que acudían a las tres festividades de peregrinación: Pésaj, Shavuot y Sucot.
Dentro del complejo se encontraba un gran altar para los sacrificios de animales y aves, almacenes y residencias para los Cohanim (sacerdotes) y Leviyim (sus asistentes). El Heijal albergaba elementos esenciales del culto: el altar del incienso, la Menorá (candelabro ritual) y, en lo más profundo, el Kodesh HaKodashim (Sancta Sanctorum, el lugar más sagrado y de acceso restringido a una sola persona y en un solo día del año). Esta última sala, cuadrada y aislada tras una cortina, contenía el Arca de la Alianza y era considerada un espacio donde las leyes físicas no se aplicaban. Solo el Cohen Gadol (Sumo Sacerdote) podía ingresar allí, y solo en Yom Kipur, el día más sagrado del calendario hebreo.
El rol del Templo en la vida judía era central. Alrededor de 180 de las 613 mitzvot (mandamientos) están relacionadas con su funcionamiento: desde sacrificios regulares y ofrendas festivas hasta normas de pureza para el servicio sacerdotal, tributos agrícolas y procedimientos rituales. La pérdida del Beit Hamikdash obligó a transformar la relación con Dios: de un servicio físico y colectivo se pasó a una conexión más espiritual, basada en la oración, tanto individual como colectiva.
Pese a los dos milenios transcurridos desde su destrucción, el Templo no ha desaparecido del horizonte religioso judío. Su recuerdo se mantiene vivo en la liturgia, en las prácticas, y en la esperanza de su reconstrucción, que sigue siendo un componente esencial del anhelo por Jerusalén, eje de la memoria y de la identidad judía ▪
(Artículo elaborado con la ayuda del artículo "El Beit Hamikdash", de Mendy Hecht, Jabad.org)