Yom Hazicarón

Cuando el silencio dice lo que las palabras no alcanzan: 17 familias en España tienen algún familiar entre los soldados caídos y víctimas del terrorismo

El acto de recuerdo, que tuvo lugar en la sede de la Comunidad Judía de Madrid (CJM), contó con la presencia de dirigentes comunitarios actuales y pasados, así como del cuerpo diplomático acreditado de la Embajada de Israel.
Cuando el silencio dice lo que las palabras no alcanzan: 17 familias en España tienen algún familiar entre los soldados caídos y víctimas del terrorismo
La embajadora en funciones de Israel, Dana Erlich, enciende la vela de recuerdo por Yom Hazicarón (Foto: Enfoque Judío)
Actualizado el 21/4/2026, 03:35 hs.
Elías L. Benarroch

En la penumbra recogida de la sinagoga central de Madrid, el tiempo pareció detenerse este lunes. No fue solo un acto: fue un latido compartido, una pausa necesaria en medio del dolor acumulado. Las comunidades judía e israelí de Madrid, junto a representantes diplomáticos de Israel, se reunieron para conmemorar Yom Hazicarón, el día en que Israel recuerda a sus soldados caídos y a las víctimas del terrorismo. Hubo vela, música, nombres y ausencias. Y, sobre todo, hubo un silencio que pesaba más que cualquier discurso.

"Parece que cada año esta ceremonia, este encuentro se pone más y más difícil, más y más duro, viendo más nombres, más caras", expresó la embajadora en funciones, Dana Erlich, en uno de los momentos más sobrecogedores del acto. Sus palabras, pronunciadas tras el encendido inicial de una vela y un minuto de silencio, marcaron el tono de una ceremonia que avanzó por fases, entre la memoria y la emoción contenida.

El acto de recuerdo, que tuvo lugar en la sede de la Comunidad Judía de Madrid (CJM), contó con la presencia de dirigentes comunitarios actuales y pasados, así como de todo el cuerpo diplomático acreditado de la Embajada de Israel. El acto comenzó con el encendido de una vela por parte de Erlich y culminó con el himno israelí, Hatikvá —"La esperanza"—, cantado con una intensidad que traspasaba fronteras. Entre ambos momentos, se sucedieron discursos, oraciones y actuaciones musicales.

El coro de la comunidad, situado en la galería superior, aportó una dimensión coral al homenaje, mientras que cuatro niñas del movimiento juvenil Tzofim ofrecieron una lectura de poemas, acompañada por un solo de flauta que llenó el espacio de una delicadeza casi irreal. También participaron en la parte artística dos miembros del cuerpo diplomático, entre ellos el agregado comercial Tzlil Lahav, quien interpretó "Hanseij Hakatán" —"El pequeño príncipe"—, del cantautor Yehonatán Gefen, una canción escrita hace casi medio siglo en memoria de un soldado.

Recordar nombres, no cifras

En cada intervención, se reiteró una idea central: no se recuerda a números, sino a personas. La cónsul Shaní Buzaglo lo expresó con claridad al señalar que "cada nombre resuena con una historia, con una vida, con un amor que permanece". En su discurso, subrayó que este es ya el tercer Yom Hazicarón desde el 7 de octubre, una fecha que —según sus palabras— cambió la vida de todos en Israel y de quienes lo sienten como hogar.

"Cada cifra es una ausencia, cada número es una familia que ya no vuelve a ser la misma", afirmó, poniendo el foco en el impacto humano detrás de las estadísticas. En España, recordó, hay actualmente 17 familias que han perdido a seres queridos en la defensa de Israel o en atentados terroristas.

Durante la ceremonia, se rindió homenaje a todos los caídos, pero se eligieron dos nombres para personificar ese dolor colectivo. Dos historias que, como explicó Buzaglo, están profundamente ligadas a España: la del sargento Ariel Lubliner y la de Yaakov Pinto.

Lubliner murió en la Franja de Gaza, dejando atrás a su esposa, Bárbara, y a un hijo. Su historia fue recordada mediante la proyección de un breve video que retrataba su vida, su servicio y el vacío que dejó. Pinto, por su parte, nacido en Melilla, fue asesinado en un atentado en Jerusalén el pasado año. Recién casado, con toda una vida por delante, su historia fue relatada a través de las palabras de su familia.

Tal Itzhakov, al referirse al significado de este día, recordó que "cada uno de ellos es un mundo entero. Un hombre, un rostro". Esa idea —la individualidad dentro del dolor colectivo— atravesó toda la ceremonia.

Una carta, una vida interrumpida

Fue Perla Salama, vicepresidenta de la Federación de Comunidades Judías de España (FCJE), quien dio voz a la familia de Pinto. Su lectura de una carta familiar fue uno de los momentos más íntimos y conmovedores del acto.

"Jacob nació el 15 de julio del 2000 en Melilla. Desde el primer día su luz llenó nuestro hogar", comenzaba el texto, trazando el retrato de un joven profundamente ligado a su familia, a su fe y a su identidad. A los 16 años, decidió trasladarse a Israel para estudiar en una yeshivá, una decisión que, según la carta, sorprendió a su entorno pero que pronto fue comprendida como expresión de su compromiso espiritual.

El 24 de junio de 2025, Jacob se casó con Osnat. "Fue un día de emociones encontradas", escribieron sus seres queridos, recordando la alegría por su felicidad y la tristeza por no poder acompañarlo bajo la jupá. Su historia, como la de tantos otros, quedó suspendida en un futuro que ya no será.

Estudió en instituciones de Modiín y Lod, donde —según relatan sus familiares— fue querido por rabinos y compañeros. "Para todos tenía una sonrisa que le iluminaba el rostro y palabras de aliento", se leía en la carta, que también destacaba su constante cercanía con su familia, a pesar de la distancia.

En paralelo, las oraciones tradicionales marcaron momentos de recogimiento. El ministro consejero de la Embajada, Dan Poraz, leyó el tradicional Yizcor, mientras que el rabino principal de Madrid, Moisés Chicurel, recitó el El Malé Rajamim, plegaria por los muertos. Voces que, en hebreo, conectaban el presente con una memoria colectiva que trasciende generaciones.

En su intervención, Dana Erlich planteó preguntas que no buscaban respuesta, sino comprensión compartida: "¿Cómo se explica que lloramos por gente que no hemos conocido?". Y añadió: "No son un número, son parte de nosotros". Sus palabras reflejaron esa sensación de comunidad extendida, donde cada pérdida se siente como propia.

La ceremonia concluyó con el canto del Hatikvá. Lejos de Israel, pero profundamente conectados con él, los asistentes entonaron el himno con una mezcla de dolor y esperanza. Una esperanza que, como dijo Erlich, es también el deseo de "ser libres de odio, de miedo, donde estemos en el mundo".

Porque Yom Hazicarón, como recordó Buzaglo, no es solo un día de duelo, sino también un compromiso: el de recordar, contar y vivir de una manera que honre a quienes ya no están. En Madrid, ese compromiso se expresó en cada gesto, en cada palabra y en cada silencio ▪

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