En 1492 en Castilla y Aragón, y en 1497 en Portugal, los judíos afrontaron un dilema brutal: conversión o expulsión. Entre 200.000 y 250.000, según distintos historiadores, fueron convertidos a la fuerza y entre 40.000 y 100.000 partieron al exilio. La Inquisición persiguió durante siglos a quienes intentaron mantener la fe en secreto. Pero la identidad no desapareció: se ocultó en gestos, costumbres y memorias familiares.
Lo bueno de la Inquisición es que esta no mató a los judíos en masa como lo hizo la Alemania Nazi, los pogromos ruso-soviéticos y las matanzas de judíos en los países árabes. Sus descendientes, conocidos como benei anusim, pululan hoy entre nosotros en una cantidad impresionante.
El retorno al judaísmo, según la Halajá
El retorno de los bnei anusim es parte del proceso de teshuvá (retorno a la fé) colectiva del pueblo judío. El fallecido Rav Ovadia Yosef z"l escribió en Yabia Omer, su obra principal, que debía facilitarse el regreso de los descendientes de los anusim, pues "la chispa de Israel nunca se extingue". El Rav Shlomó Amar, ex Rishon LeTzion, afirmó por su parte: "No son extraños: son hermanos que vuelven a casa". Y el Rav Eliyahu Birnbaum, en Mibnei Anusim leBnei Melajim (2010), llamó al retorno de los descendientes "un deber moral y espiritual".
"Mientras en Occidente el judaísmo pierde un miembro tras otro por la galopante asimilación, existe una reserva latente con potencial de retorno: los descendientes de los judíos de España y Portugal obligados a convertirse en la Edad Media"
Se estima que más de un millón de personas en América Latina y comunidades hispanas de EEUU son, por tanto, halájicamente judías por descendencia materna. Si ampliamos a linajes paternos o parciales, la cifra ascendería a decenas de millones con raíces sefardíes. Esto significa que, mientras en Occidente el judaísmo pierde un miembro tras otro por la galopante asimilación, existe una reserva latente con potencial de retorno (Yosef Kaplan, "Anusim, Marranos and New Christians in Early Modern Spain", y Nathan Wachtel, "La fe del recuerdo. Laberintos marranos").
En busca del origen judío
Los progresos en DNA mitocondrial (mtDNA) permiten trazar linajes maternos con precisión científica, verificando la transmisión de la identidad judía conforme a la Halajá. Proyectos como FamilyTreeDNA y MyHeritage han identificado haplogrupos típicamente asociados con poblaciones judías sefardíes y asquenazíes. Hoy, miles de descendientes usan estas pruebas para confirmar su conexión judía.
El redescubrimiento identitario se apoya en recursos modernos: FamilySearch, con millones de registros de archivos ibéricos y latinoamericanos; SephardicGen y bases de datos de la diáspora sefardí; y ONGs como Kulanu, Reconectar y Shavei Israel, que ayudan a documentar genealogías y reconectar con familias judías vivas.
En países como México, Colombia, Brasil, El Salvador y Chile, comunidades judías emergentes han comenzado a organizar sinagogas, estudiar Torá y solicitar guía rabínica.
"Los hijos de los anusim no son un capítulo cerrado: son la clave de nuestro futuro como pueblo unido en Eretz Israel. El Gobierno de Israel debe establecer políticas de aliyá específicas, y el Gran Rabinato liderar procesos halájicos"
En paralelo, los movimientos Bnei Noaj se extienden por el mundo, mostrando que la ética judía tiene impacto global y reforzando el rol de Israel como centro espiritual.
Varias ONGs trabajan activamente con estos descendientes: Shavei Israel (Michael Freund, 2002), programas de educación y aliyá; Kulanu, con sede en EEUU, apoyo a comunidades emergentes en América Latina y África; Reconectar (Ashley Perry), conexión digital de millones de descendientes sefardíes con Israel.
Beneficios estratégicos
Incorporar a los descendientes de los anusim significaría combatir la asimilación, reforzar la demografía en el Negev y la Galilea, sumar masa laboral joven de América Latina, integrar jóvenes al Tzahal y enriquecer la vida cultural judía con tradiciones sefardíes.
Los rabinos sefardíes ya se pronunciaron desde el punto de vista de la Halajá: hay que abrir las puertas. La ciencia (DNA mitocondrial) y la genealogía confirman lo que la tradición mantuvo. Y las ong han demostrado que el retorno es posible.
Ahora falta una decisión política: El Gobierno de Israel debe establecer políticas de aliyá específicas, y el Gran Rabinato liderar procesos halájicos de conversión y reconocimiento. Porque los hijos de los expulsados no son un capítulo cerrado: son la clave de nuestro futuro como pueblo unido en Eretz Israel ▪
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Moshé Cohén Henríquez es médico y vive en Extremadura. Creció en Nicaragua en un pueblo de judíos descendientes de los anusim. En 2006 inició el camino de retorno a la fe de sus ancestros y fue presidente de la comunidad judía Sheerit Israel.






