El sociólogo Luis Fleischman, profesor en Palm Beach State College, advierte que el antisemitismo en Estados Unidos atraviesa una transformación profunda: ya no se expresa únicamente desde los márgenes neonazis o supremacistas, sino que encuentra hoy uno de sus principales focos en sectores progresistas, universitarios y mediáticos, donde —afirma— se presenta bajo la forma de antisionismo. Según explica, este fenómeno ha generado un clima de creciente inseguridad dentro de la comunidad judía norteamericana y ha erosionado la relación tradicional entre Israel y parte de la sociedad estadounidense.
En una conversación con Enfoque Judío, Fleishman, cofundador del Centro para la Democracia de Palm Beach, analiza la influencia de los campus universitarios, el papel de organizaciones financiadas desde el exterior, la narrativa dominante en los grandes medios y las divisiones internas dentro de la propia comunidad judía estadounidense. También alerta sobre las consecuencias políticas de este proceso y sostiene que, a futuro, un eventual cambio de Administración en Washington podría afectar seriamente el apoyo estratégico de Estados Unidos a Israel.
Pregunta.- ¿Nos podría hacer una radiografía de cómo se manifiesta hoy el antisemitismo en EEUU, en qué se distingue de Europa y qué cambios observa en los últimos años?
Respuesta.- Bueno, el antisemitismo en Estados Unidos siempre tuvo a los antisemitas clásicos: los que creen en conspiraciones judías, los inspirados por neonazis o supremacistas blancos. Lo vimos, por ejemplo, en Charlottesville en 2017, cuando gritaban "los judíos no nos reemplazarán". Pero yo diría que el antisemitismo actual proviene principalmente de sectores progresistas inspirados por radicalistas islámicos. El epicentro son los campus universitarios y se presenta como antisionismo o antiisraelismo.
Teóricamente no aparece como algo contra los judíos. Incluso quienes sostienen esos discursos dicen: "Yo no soy antisemita, solamente estoy contra las políticas israelíes". Pero muchas veces eso incluye acusaciones falsas de genocidio, de crímenes de guerra o la difusión de informes que se toman como verdad sin verificarlos. Dentro de la academia también se ha instalado la idea de que el sionismo sería una empresa colonialista.
Pregunta.- Usted hace una distinción importante entre antisemitismo y antisionismo. ¿Dónde cree que hoy se cruzan ambos fenómenos?
Respuesta.- Hoy el antisionismo se ha aliado con el radicalismo islámico, incluyendo el radicalismo de Hamás. Gran parte de la propaganda proviene de allí y apunta a destruir al Estado de Israel como Estado judío. Eso tiene consecuencias directas sobre la seguridad de los judíos.

Siempre existen judíos que niegan esto o que incluso se suman a voces antisionistas. Pero como dijo una autoridad de Harvard: "No es antisemitismo en intención, es antisemitismo en efecto". La mayoría de los judíos son sionistas en el sentido de que consideran que Israel es fundamental para la supervivencia judía y el último refugio de los judíos. Entonces, aunque muchos nieguen ser antisemitas, el efecto termina siendo antisemita.
Lo más preocupante es que hoy incluso miembros del Congreso repiten este tipo de discursos. Hablan de genocidio y sostienen, por ejemplo, que Netanyahu arrastró a Trump a conflictos regionales. Todo esto termina afectando la relación entre Estados Unidos e Israel.
Pregunta.- ¿Hasta qué punto esta situación puede tener consecuencias políticas concretas?
Respuesta.- Muchísimas. Hoy ya existe incertidumbre sobre qué pasará cuando Trump deje el poder. Si en el futuro llega una Administración demócrata con un Congreso alineado, existe la posibilidad de que el suministro de armas a Israel sea reducido o incluso eliminado. Y eso, dada la dependencia estratégica que Israel tiene de Estados Unidos, podría poner en peligro su seguridad.
Por eso digo que estamos frente a un fenómeno multifacético. Los progresistas llevan la delantera en esta narrativa, pero también han abierto una ventana para que sectores de extrema derecha se sumen. Los neonazis y antisemitas tradicionales cabalgan sobre toda esta propaganda que se intensificó después del 7 de octubre.

Incluso figuras mediáticas identificadas como conservadoras, como Tucker Carlson o Megyn Kelly, sostienen discursos según los cuales Israel sería un Estado parásito que habría arrastrado a Estados Unidos a guerras ajenas. Todo esto afecta profundamente la psicología de los judíos norteamericanos. Muchos judíos no se sienten seguros y temen por el futuro de Israel.
La batalla cultural en las universidades
Pregunta.- ¿Cómo se llegó a esta situación dentro de las universidades estadounidenses? Harvard, Pensilvania y otros campus han sido escenario de fuertes polémicas.
Respuesta.- Yo escribí un artículo entero sobre esto utilizando el concepto de "hegemonía". Lo que ocurrió fue la construcción de un discurso hegemónico que intenta romper la relación entre Israel y Estados Unidos, y también entre Israel y la comunidad judía norteamericana.
Esto se fue acumulando desde la izquierda de los años 60. Las protestas contra Vietnam, los movimientos de poder negro y otros fenómenos fueron acompañados por la propaganda soviética antisionista, que presentaba a Israel como un movimiento colonialista e imperialista.
Después de 1967 mucha gente de izquierda empezó a identificarse con la causa palestina. Y en los últimos veinte años esa narrativa se intensificó con el movimiento BDS de boicot, desinversión y sanciones. Comprendieron que los campus universitarios eran fundamentales porque los estudiantes son idealistas y representan una fuerza de cambio cultural.

Pregunta.- Usted menciona también financiamiento externo.
Respuesta.- Sí, y eso es central. Hubo muchísimo dinero proveniente de Catar. Muchas universidades recibieron financiamiento que, en algunos casos, estaba asociado a determinadas condiciones ideológicas. Eso hoy está siendo investigado.
También se financiaron organizaciones estudiantiles como Students for Justice in Palestine, que tuvieron enorme presencia dentro de los campus. Mientras tanto, las autoridades universitarias se refugiaban detrás de la Primera Enmienda y la libertad de expresión, pero muchas veces no supieron distinguir cuándo la libertad de expresión se convertía en intimidación o generaba un ambiente hostil para estudiantes judíos o sionistas.
Lo interesante es cómo se consolidó esta hegemonía. Hoy la narrativa dominante presenta a Israel como el opresor absoluto y a los palestinos exclusivamente como víctimas, sin ningún grado de responsabilidad propia.
Medios de comunicación y construcción de relato
Pregunta.- ¿Qué papel han jugado los medios de comunicación en este proceso?
Respuesta.- Un papel muy importante. Los grandes medios suelen enfocarse casi exclusivamente en las acciones negativas atribuidas a Israel. Muchas veces toman información incorrecta o sin verificar y la presentan como verdad.
Reciben datos del Ministerio de Salud de Gaza o de periodistas locales en Gaza y Cisjordania, pero esos periodistas viven dentro de sociedades profundamente ideologizadas y totalitarias. Esperar que contradigan públicamente la narrativa oficial palestina es absurdo.
Ha habido incluso casos de periodistas vinculados a organizaciones terroristas. Pero aun así los grandes medios continúan trabajando con ellos sin cuestionarlo seriamente.

Pregunta.- ¿Puede dar un ejemplo concreto?
Respuesta.- Sí. Hubo informaciones según las cuales soldados israelíes habían disparado deliberadamente contra civiles que buscaban ayuda humanitaria. Después se supo que no hubo tal masacre y que los disparos habían ocurrido a distancia y por otras razones. Pero la noticia ya había salido en primera plana de medios importantes como The New York Times.
Y después están los columnistas y las líneas editoriales. En general, los grandes diarios estadounidenses están profundamente arraigados en una visión de izquierda. The New York Times tiene a Bret Stephens como excepción proisraelí, casi como una figura testimonial para poder decir que existe pluralidad. Pero el tono dominante no es equilibrado.
No creo que promuevan antisemitismo deliberadamente, pero nuevamente aparece el concepto de "antisemitismo en efecto". El resultado final es que contribuyen indirectamente a un clima hostil hacia Israel y hacia muchos judíos.
Pregunta.- Usted también habla de divisiones dentro de la propia comunidad judía estadounidense.
Respuesta.- Claro. La comunidad judía norteamericana lleva más de un siglo completamente integrada en la sociedad estadounidense. Existen ya varias generaciones de judíos americanos con identidades múltiples y, en muchos casos, la identidad progresista pesa más que la identidad judía.

Hay periodistas, académicos, humoristas o figuras públicas judías que dicen: "Sí, soy judío, pero Israel no significa nada para mí". Y al ser identificados públicamente como judíos, terminan reforzando la idea de que Israel está moralmente equivocado.
Mientras tanto, los palestinos aparecen permanentemente exentos de responsabilidad. Nadie recuerda, por ejemplo, que fue la dirigencia palestina la que hizo fracasar negociaciones de paz anteriores. Eso prácticamente desapareció del discurso dominante.
La comparación histórica y el futuro de la comunidad judía
Pregunta.- A veces, por su tamaño, se compara a la comunidad judía estadounidense con la Polonia judía de preguerra por su peso demográfico. ¿Comparte esa idea?
Respuesta.- Solo parcialmente. Numéricamente no es comparable. En Polonia los judíos representaban cerca del 10% de la población y en algunas ciudades eran un tercio o incluso más. En Estados Unidos la comunidad judía ronda el 2%.
Pero sí existe otra comparación más interesante: la de la comunidad judía alemana antes de la Segunda Guerra Mundial. Era una comunidad profundamente integrada, muy emancipada, formada por profesionales, empresarios, médicos, abogados. Se sentían completamente alemanes.
La comunidad judía estadounidense tiene algo de eso. Muchos sienten que Estados Unidos es un lugar seguro para siempre y les cuesta reconocer la existencia del antisemitismo o la normalización de ciertos discursos.
Pregunta.- Entonces, ¿la comparación más adecuada sería Alemania y no Polonia?
Respuesta.- En algunos sentidos sí. En Polonia existía una identidad judía mucho más fuerte, más tradicional y religiosa. En Estados Unidos hay muchísima integración y muchas identidades en competencia.
Incluso vemos fenómenos llamativos en Nueva York, donde una parte importante del electorado judío apoya candidatos abiertamente antisionistas. Eso demuestra hasta qué punto algunos sectores perdieron la noción histórica de por qué surgió el sionismo y por qué fue creado el Estado de Israel.
Muchos judíos americanos siguen comprometidos con Israel, por supuesto. Pero también hay una cantidad importante de personas totalmente emancipadas de esa identidad colectiva. Y eso genera una situación muy compleja para el futuro de la comunidad judía en Estados Unidos ▪
