Hay un instante en cada Rosh Hashaná en que suena el shofar y algo se quiebra por dentro. No es solo un llamado religioso.
Es un sonido que atraviesa generaciones. Lo escucharon nuestros abuelos en los shtetls (E.J. juderías rurales) de Europa del Este y en las juderías de Marruecos y Túnez. Resonó en sinagogas clandestinas, en campos, en barcos que buscaban puerto y no lo encontraban. Ese sonido nos llama a detenernos, reflexionar y volver a empezar.
Este año quiero escribirles no como diplomática ni como líder comunitaria, sino como madre, hija y nieta, como parte de esta familia dispersa que es el pueblo judío. Quiero decirles algo que también necesito repetirme a mí misma: no estamos solos y no nos rendiremos.
No les voy a mentir: ha sido otro año duro.
En 2025, la violencia antisemita se cobró 20 vidas: en Bondi Beach, durante una celebración de Janucá; en Mánchester, durante los servicios matutinos de Yom Kipur; en Washington, al salir de una recepción para jóvenes profesionales judíos en el Museo Judío de la Capital; en Boulder, durante una marcha pacífica por los rehenes.
El segundo informe anual del J7, el grupo de trabajo contra el antisemitismo integrado por organizaciones que representan a las siete comunidades judías más grandes fuera de Israel, confirmó que 2025 fue el año más letal para los judíos de la diáspora desde el atentado a la AMIA en 1994.
Muchos de nosotros, en América Latina, cargamos esa fecha en el cuerpo. Sabemos lo que significa que maten a alguien por el solo hecho de ser judío.
Y, sin embargo, este Rosh Hashaná también quiero contarles otra cosa. En cada uno de los lugares donde golpeó el odio, la respuesta no fue el silencio.
En Bondi Beach, miles de personas se reunieron para acompañar a las familias. En decenas de universidades, estudiantes se organizaron, denunciaron el acoso y exigieron respuestas. En 2025, los incidentes antisemitas en los campus universitarios de Estados Unidos cayeron 66% con respecto al año anterior. La caída coincidió con una respuesta más firme de muchas universidades, que reforzaron sus políticas y adoptaron medidas recomendadas por ADL.
Australia creó una comisión nacional para investigar el antisemitismo y lo ocurrido en Bondi Beach, y recomendar medidas para impedir que algo así vuelva a ocurrir. En nuestra región, algunos cambios políticos han permitido estrechar vínculos y asumir compromisos más firmes contra el odio.
Pero la respuesta no vino solo de los gobiernos ni de las autoridades locales. También estuvimos nosotros. Después de leer una noticia terrible, fuimos igual a la sinagoga, encendimos las velas y mandamos a los chicos al colegio judío. Seguimos llevando la kipá o la estrella de David. Así decimos que seguimos aquí y que no dejaremos que el miedo nos paralice.
Rosh Hashaná nos recuerda que cada año se abre el Libro de la Vida y que todavía podemos inscribirnos en él con nuestras propias manos, con nuestras propias decisiones.
No elegimos que el mundo se haya vuelto más hostil. No elegimos que ser judío hoy, en un aula, en un hospital o en la calle, sea a veces motivo de miedo. Pero sí elegimos cómo responder.
Tres mil años de historia nos han enseñado que la respuesta judía a la adversidad no es callarnos ni escondernos. Es convertir la memoria en acción, el dolor en comunidad y el miedo en la decisión de seguir siendo quienes somos.
Por eso quiero pedirles algo que no es fácil, pero que sí es necesario.
Hablen del antisemitismo en sus trabajos, en sus universidades y en sus grupos de amigos, aunque incomode. No dejen pasar un chiste antisemita ni un comentario "inocente" en la oficina. Llamar al antisemitismo por su nombre es el primer paso para combatirlo.
Cuéntenles a sus hijos y a sus nietos la historia de la AMIA, de Bondi Beach y de Mánchester. No para asustarlos, sino para que entiendan que la memoria también es una forma de resistencia. Súmense a las organizaciones que protegen nuestras instituciones y enseñan a nuestros jóvenes a reconocer el odio antes de que se convierta en violencia.
Y cuando alguien les pregunte por qué siguen siendo judíos en un mundo que a veces se lo pone tan difícil, respondan como lo hicieron nuestros abuelos y bisabuelos: porque después de cada Bondi Beach, después de cada Mánchester, después de cada AMIA, seguimos aquí y seguimos alzando la voz con orgullo.
Mientras sigamos denunciando, educando y actuando, el odio no habrá ganado.
Que este 5787 sea, para cada uno de ustedes y sus familias, un año de dulzura y de salud. Y que nos dé la fuerza de saber que no estamos solos.
Shaná Tová Umetuká ▪️
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Marina Rosenberg es vicepresidenta sénior de Asuntos Internacionales de la Liga Antidifamación (ADL).
