La tensión diplomática entre Israel y España sumó un nuevo capítulo este fin de semana tras la protesta formal del Ministerio de Exteriores israelí por la quema de un muñeco que representaba al primer ministro Benjamín Netanyahu durante una celebración de Semana Santa en la localidad malagueña de El Burgo. Desde Jerusalén denunciaron que el Ejecutivo de Pedro Sánchez no solo no condenó el episodio, sino que además lo vincularon con un clima de "incitación sistemática" contra el Estado judío.
El director general del Ministerio de Exteriores israelí, Eden Bar Tal, transmitió su malestar a la encargada de negocios de España en Israel, Francisca Pedrós, a la que convocó al Ministerio para transmitirle el malestar de Israel.
"El atroz odio antisemita mostrado aquí es consecuencia directa de la incitación sistemática del Gobierno de Pedro Sánchez contra el Estado de Israel", le dijo Bar Tal, al tiempo que calificó de "completamente inaceptable" la ausencia de condena oficial por parte del Ejecutivo español, informaron medios locales.
El incidente se produjo el pasado 5 de abril, en el marco de la tradicional "Quema de Judas", una práctica habitual en diversas localidades españolas durante la Semana Santa. En esta ocasión, el muñeco —de unos siete metros de altura y cargado con cerca de 14 kilos de pólvora— fue identificado con Netanyahu y exhibía consignas críticas antes de ser incendiado en un ambiente festivo.
Según explicó la alcaldesa de El Burgo, María Dolores Narváez, la iniciativa buscaba transmitir un mensaje de rechazo a la violencia. En concreto, señaló que el acto simbolizaba un "No a la guerra, al genocidio", en línea con consignas difundidas en el contexto del conflicto regional, y subrayó que la tradición local consiste en elegir cada año una figura pública distinta como representación simbólica.
Cruce de acusaciones y rechazo oficial desde Madrid
La reacción israelí incluyó la convocatoria formal de la representante diplomática española para una reprimenda, en un gesto que refleja el creciente deterioro de las relaciones bilaterales. El episodio se suma a una serie de fricciones recientes, entre ellas la exclusión de España de un mecanismo internacional de coordinación vinculado a Gaza.
Desde Madrid, el Ministerio de Asuntos Exteriores, dirigido por José Manuel Albares, ya había respondido el sábado que rechazaba de forma categórica las acusaciones de antisemitismo de Israel, tras un mensaje por redes del Ministerio de Exteriores. Fuentes oficiales aseguraron que España mantiene un compromiso firme contra cualquier forma de odio o discriminación. "Estamos comprometidos con la lucha contra el antisemitismo y cualquier forma de odio sin excepciones", indicaron, añadiendo que "rechazamos con contundencia cualquier acusación insidiosa que apunte lo contrario".
La respuesta evitó referirse directamente al episodio de Málaga, pero insistió en que la política del Gobierno se basa en un principio "transversal e irrenunciable" de condena a toda manifestación de odio, independientemente de su origen. En ese sentido, destacaron la aprobación en 2023 del Plan Nacional de Lucha contra el Antisemitismo y Fomento de la Vida Judía como muestra de ese compromiso institucional.
Sin embargo, el contexto general añade complejidad al cruce diplomático. Diversos informes señalan un incremento significativo —cercano al 400%— en los actos antisemitas registrados en España durante el último año. En círculos comunitarios judíos, ong de lucha contra el antisemitismo y ámbitos académicos, el plan gubernamental ha sido calificado como insuficiente, mientras que desde el Ejecutivo se insiste en que se han reforzado las medidas de seguridad en sinagogas, centros educativos y espacios comunitarios.
El trasfondo cultural del episodio tampoco ha evitado su repercusión internacional. Aunque la "Quema de Judas" forma parte de una tradición arraigada, la incorporación de figuras políticas contemporáneas —y en este caso de un líder extranjero en un contexto de alta sensibilidad geopolítica— ha amplificado su impacto más allá del ámbito local ▪
