En una escena que combinó una supuesta tradición religiosa cargada de un mensaje político, en este caso notoriamente antisemita, un muñeco de siete metros que representaba al primer ministro israelí, Biniamín Netanyahu, fue quemado durante la celebración de Semana Santa en la localidad malagueña de El Burgo. La figura llevaba la palabra "genocida" y contenía 13,9 kilogramos de pólvora, distribuidos en cohetes que estallaron ante la mirada de vecinos y visitantes, que respondieron con aplausos y gritos de júbilo.
La alcaldesa del municipio, María Dolores Narváez, justificó el acto en términos simbólicos: "No a la guerra, al genocidio", explicó, en referencia al sentido de la tradicional "Quema de Judas", este año representado por Netanyahu. Según precisó, la elección de la figura buscó señalar a responsables de conflictos actuales, en una denuncia contra la violencia sistemática, aunque matizó que "cada uno le pone el nombre que quiera" al muñeco.
"Es una tradición que se viene haciendo desde los años 40 y supone quemar todo lo malo después de toda la Semana Santa, y el Domingo de Resurrección pues resucita el hombre bueno", dijo la alcaldesa en declaraciones al canal de televisión la Cuatro. "En este momento decidimos que el ‘no a la guerra’, el genocidio… Otros años hemos quemado la violencia machista, hemos quemado la pederastia, la corrupción, también se ha quemado el terrorismo".
Durante la quema, los vecinos increparon al personaje mientras estallaban las tracas, entre gritos, aplausos y vítores, celebrando su destrucción. La alcaldesa sostiene que se trata de un "no a la guerra y al genocidio", una forma de protesta y una festividad que, año tras año, busca condenar lo que considera malas acciones, señalando y castigando a distintas figuras públicas.
Dentro de los marcos provistos por la libertad de expresión, la Alcaldía no reparó en ningún momento en el simbolismo y significado que tiene el hecho de llevar en España a la hoguera a un judío, ni las sensibilidades que puede despertar en esta comunidad.
Una tradición con reinterpretación contemporánea
La "Quema de Judas" es una costumbre arraigada en distintas localidades españolas, en la que se incinera una figura que simboliza la traición. En El Burgo, sin embargo, la selección del personaje adquiere un matiz contemporáneo y político. Narváez confirmó que la decisión sobre a quién representa el muñeco suele recaer en el Ayuntamiento, mientras que su confección corre por cuenta de voluntarios locales.
En ese marco, la alcaldesa recordó que en la edición anterior el personaje elegido había sido el presidente estadounidense Donald Trump, mientras que este año la representación recayó en Netanyahu. La continuidad en la elección de figuras públicas internacionales evidencia una línea de lectura actualizada de la tradición, en la que los protagonistas cambian según el contexto global.
La funcionaria también destacó el desarrollo del evento, señalando que todo transcurrió sin inconvenientes: "Todo marchó a la perfección, un día estupendo en el que el Judas ardió estupendamente". La frase resume el tono festivo con el que se vivió la jornada, pese al contenido controversial de la representación.
El caso de El Burgo no fue aislado. En la localidad sevillana de Coripe, la tradición de la quema también tuvo un protagonista internacional: el presidente ruso Vladímir Putin. En esa ocasión, el muñeco incluía en su vestimenta fotografías tanto de Trump como de Netanyahu, ampliando el espectro simbólico del acto.
Ambos episodios reflejan cómo una práctica tradicional de Semana Santa puede transformarse en un canal de expresión política contemporánea y en ciertos casos cruzar la línea del antisemitismo. En lugar de limitarse a figuras abstractas o históricas, las representaciones actuales incorporan líderes reconocibles del escenario internacional, generando repercusiones más allá del ámbito local ▪
