La llamada Global Sumud Flotilla vuelve a intentarlo. Tras meses de preparación, el operativo internacional pro-palestino ha iniciado su salida desde Barcelona marcado por dos factores clave: una recaudación muy por debajo de lo previsto y unas condiciones meteorológicas que han obligado a aplazar su travesía hacia aguas internacionales. La salida hoy del puerto ha sido meramente simbólica.
La expedición, que como en otras ocasiones dice llevar ayuda humanitaria a Gaza y romper el bloqueo militar a la franja, partió finalmente desde el Moll de la Fusta, aunque sin abandonar el litoral barcelonés. Las condiciones del mar impidieron que el medio centenar de embarcaciones previstas se adentraran en aguas internacionales, obligando a una escala provisional en otro puerto cercano cuya ubicación no ha sido revelada por motivos de seguridad.
El retraso no es menor: la salida original estaba fijada para finales de marzo y ahora, según los organizadores, podría retomarse "en uno o dos días" si mejora el estado del Mediterráneo. Mientras tanto, la flotilla permanece en una suerte de compás de espera, acompañada por actos reivindicativos, música y actividades organizadas en el propio puerto.
Hasta ahora ha habido más de 40 flotillas que han intentado romper el bloqueo a Gaza desde hace más de quince años, y ninguna a conseguido llegar a destino. Para Israel, no se trata más que de actos provocativos para llamar la atención internacional y apoyar el régimen de Hamás en la franja.
Fondos insuficientes y objetivos ambiciosos
Más allá del clima, uno de los principales obstáculos para la iniciativa ha sido la financiación. La rama española de la flotilla apenas ha conseguido recaudar menos de 30.000 euros de los 95.000 que se había fijado como objetivo en la plataforma ‘Chuffed’. Una tendencia que se repite a nivel global: el proyecto internacional aspiraba a un millón de euros, pero no supera los 440.000, según Voz Populi.
Ninguna de las 34 entidades implicadas ha logrado alcanzar sus metas económicas, incluyendo las principales delegaciones europeas. A pesar de ello, los organizadores mantienen intactas sus aspiraciones: no solo entregar ayuda humanitaria, sino también apoyar la reconstrucción de viviendas y establecer una "presencia civil desarmada" que permita documentar la situación sobre el terreno.
La misión cuenta con el respaldo de organizaciones como Open Arms y Greenpeace, que participan con embarcaciones propias y con ello se han salido de los mandatos de sus funciones como ong.
El dispositivo moviliza a más de mil personas procedentes de 70 países, con una cuarentena de participantes catalanes. Entre ellos figuran activistas y representantes del ámbito político y social, aunque sin grandes nombres mediáticos en esta ocasión, informó Libertad Digital. En la anterior participó la ex alcaldesa Ada Colau.
Antecedentes marcados por la intervención israelí
El nuevo intento se produce tras la experiencia fallida de octubre, cuando una flotilla similar se vio bloqueada por fuerzas de la Armada israelí. En aquella ocasión, Israel mantuvo el bloqueo marítimo y detuvo a cerca de 400 activistas —una treintena de ellos españoles—. Las autoridades israelíes aseguraron entonces que la cantidad de ayuda transportada era mínima en comparación con lo anunciado, e irrelevante dadas las necesidades de Gaza y la entrada de cientos de camiones por vía terrestre.
A pesar de estos antecedentes, la flotilla insiste en retomar la iniciativa en un contexto que, según sus portavoces, es aún más urgente. "Zarpamos porque los gobiernos han fallado; para los responsables políticos la defensa de los derechos humanos ha dejado de ser una prioridad", afirmó uno de los representantes del proyecto a un medio local.
La iniciativa no se limita al plano marítimo. Paralelamente, los organizadores han lanzado campañas internacionales y planteado acciones coordinadas para reforzar la presión política. Entre sus demandas figuran la apertura de corredores humanitarios, el embargo de armas y la rendición de cuentas por la situación en Gaza.
También han surgido peticiones para garantizar la seguridad de la expedición. Amnistía Internacional ha instado a los Estados a evitar interceptaciones o detenciones, mientras que voces políticas han solicitado incluso el acompañamiento de una misión naval europea.
Desde el ámbito institucional catalán, el consejero de Exteriores ha mostrado respeto por la iniciativa como una "actividad de la sociedad civil" y ha recordado la colaboración previa en la repatriación de participantes detenidos. "Si en algún momento tenemos que contribuir a asegurar su regreso, lo volveremos a hacer", afirmó.
Mientras tanto, en el Moll de la Fusta, convertido en epicentro de la movilización, los organizadores combinan el tono reivindicativo con actividades culturales. Talleres, debates y actuaciones han acompañado una salida que, por ahora, sigue condicionada por el tiempo ▪
