En un contexto de creciente incertidumbre jurídica en Bélgica, la European Jewish Association (EJA) reunió en la capital europea a líderes religiosos, médicos, juristas y responsables políticos en una jornada dedicada a uno de los debates más sensibles para las comunidades judías del continente: la circuncisión ritual (brit milá) y su posible criminalización en determinados marcos legales europeos.
La cita, celebrada en Bruselas, se planteó como una advertencia institucional y, al mismo tiempo, como un llamamiento a la acción: el futuro de la vida judía en Europa podría verse afectado si se restringe un rito milenario como el brit milá.
"Hemos venido para decir que el problema central de este debate es que Europa no comprende plenamente el significado de la libertad religiosa ni de una democracia que protege a las minorías", subrayó el presidente de la EJA, el rabino Menachem Margolin, en su intervención inaugural, marcando el tono político y existencial del encuentro.
La sesión tuvo lugar con el trasfondo del reciente procesamiento de tres mohalim (circuncidadores) en Amberes por un supuesto delito de ejercicio ilegal de la medicina. Los individuos fueron arrestados en 2025 tras realizar circuncisiones rituales sin contar con una licencia médica válida en Bélgica, según la ley de ese país, lo que ha provocado un conflicto diplomático internacional en el que han intervenido, entre otros, los gobiernos de EEUU e Israel.
Con estas detenciones "Bélgica se ha unido a una breve y vergonzosa lista, junto con Irlanda, de países que utilizan el derecho penal para procesar a judíos por practicar el judaísmo", afirmó en mayo el ministro de Exteriores de Israel, Guideón Saar, en un mensaje publicado por redes.
Un debate que trasciende lo médico
Desde la apertura, la conferencia dejó claro que la discusión no se limita a un procedimiento médico, sino que se sitúa en el corazón de la arquitectura democrática europea. La pregunta planteada fue tan directa como preocupante: ¿Podrán las minorías religiosas seguir practicando sus ritos fundamentales si estos entran en conflicto con interpretaciones restrictivas del derecho penal o sanitario?
Margolin fue especialmente contundente al advertir que la controversia no afecta solo a los judíos, sino al conjunto del modelo europeo de libertades. "No estamos aquí para convencer a nadie de practicar la circuncisión. Estamos aquí para pedir algo más simple: comprender antes de juzgar", afirmó, insistiendo en que el debate actual puede sentar un precedente para otras religiones.

El rabino también introdujo una dimensión histórica clave al recordar que, a lo largo de la historia europea, las restricciones sobre la circuncisión han aparecido recurrentemente en contextos de presión sobre la identidad judía: "Cuando la protección de una minoría se debilita, se abre una grieta en el muro que nos protege a todos", advirtió.
En este marco, el debate se amplió hacia la relación entre libertad religiosa y democracia. La intervención de distintos representantes religiosos —incluidos líderes musulmanes y cristianos— reforzó la idea de que la circuncisión no es un elemento aislado, sino un punto de intersección entre tradiciones compartidas y derechos fundamentales.
Desde una perspectiva interreligiosa, el imam Nordine Taouil, presidente del Consejo de Eruditos Musulmanes de Bélgica (RMG), subrayó la dimensión compartida de la circuncisión en las tradiciones abrahámicas y llamó a la unidad entre comunidades religiosas frente a cualquier restricción. "Es muy importante tender la mano y defender juntos los derechos de los creyentes. Hay que tener el valor de permanecer unidos cuando llegan los momentos difíciles", afirmó, en un mensaje que fue recibido como un llamamiento explícito a la defensa conjunta de la libertad religiosa en Europa.
En la misma línea de defensa de la libertad religiosa, el reverendo Rik Hoet, ex vicario episcopal para el Diálogo Ecuménico, reclamó una implicación más activa de las iglesias cristianas en el respaldo a las comunidades judías en Europa, subrayando la responsabilidad moral del cristianismo frente a cualquier forma de presión sobre sus prácticas fundamentales.
"La Iglesia debe apoyar plenamente a los judíos que viven aquí para que puedan desarrollar su vida con normalidad y evitar que los conflictos políticos del exterior condicionen su convivencia en este país", sostuvo, en una intervención que fue interpretada como un llamamiento a reforzar la solidaridad interreligiosa en un momento de creciente tensión normativa.
En Bélgica, la circuncisión ritual no está expresamente prohibida por ley pero la práctica tradicional se encuentra bajo un fuerte escrutinio judicial debido a que su legislación sanitaria exige que cualquier procedimiento quirúrgico sea realizado estrictamente por un médico con licencia. Las autoridades judiciales han impulsado el procesamiento de estos especialistas bajo acusaciones de asalto, lesiones con premeditación contra menores y la práctica médica no autorizada.

Medicina, evidencia y regulación: el análisis técnico
El segundo gran bloque de la jornada estuvo dedicado por ello a la evidencia médica, con la participación de especialistas en urología y pediatría que analizaron la circuncisión ritual desde una perspectiva estrictamente clínica.
El director del Departamento de Pediatría del Hospital Laniado de Netania, el Dr. Michael Ben Akon, ofreció datos especialmente relevantes sobre la seguridad del procedimiento en Israel. Según explicó, en una década y más de 75.000 intervenciones registradas, se contabilizaron menos de 40 casos que requirieron atención hospitalaria. "Es un procedimiento muy seguro cuando se realiza por profesionales formados y en condiciones adecuadas", señaló.
Ben Akon defendió además la importancia de la formación y certificación de los mohalim como elemento clave para garantizar estándares homogéneos de seguridad. Este enfoque fue respaldado por otros expertos presentes, que subrayaron que la literatura médica internacional asocia la circuncisión con tasas bajas de complicaciones cuando se realiza bajo supervisión adecuada.
En paralelo, el debate incluyó referencias a estudios que señalan posibles beneficios médicos, como la reducción de infecciones urinarias o determinadas patologías infecciosas. Sin embargo, los expertos insistieron en que el foco no debe reducirse a un balance utilitarista, ya que el núcleo del debate es también cultural y religioso.

La dimensión institucional fue aportada por la intervención de la representante de la Comisión Europea, Katharina von Schnurbein, quien recordó las iniciativas comunitarias contra el antisemitismo y la necesidad de proteger la vida judía en Europa.
"La Comisión es consciente de que la vida judía en Europa solo puede florecer si se garantiza su seguridad y su continuidad", señaló, abriendo la puerta a un enfoque más coordinado entre instituciones europeas, gobiernos nacionales y comunidades religiosas.
"La Comisión es muy consciente de que prohibir la antigua práctica de la circuncisión supondría, de hecho, impedir la posibilidad de que la vida judía florezca en cualquier Estado miembro", agregó von Schnurbein, subrayando la responsabilidad de las instituciones europeas en la protección de la vida religiosa y el pluralismo en el continente.
El impacto en las comunidades judías europeas
Otros bloques del encuentro abordaron modelos de éxito en algunos países como en el Reino Unido, así como las implicaciones políticas y jurídicas en aquellos países donde ya existen todo tipo de legislaciones al respecto.
Las consecuencias sociales y comunitarias de una posible restricción de la circuncisión religiosa fue otro de los paneles de mayor impacto, bajo la atrevida pregunta de qué ocurrirá con la vida judía en Europa si uno de sus rituales fundamentales se vuelve jurídicamente incierto.
Desde Bélgica, el representante comunitario Jan Lefebvre advirtió de la creciente preocupación en su país. "Nos sentimos muy amenazados. Cuando el propio Gobierno pone en riesgo nuestros valores esenciales, todo empieza a desmoronarse", afirmó, reflejando el clima de inquietud en algunas comunidades locales.
En la misma línea, varios participantes alertaron de que ya existen familias que contemplan la posibilidad de abandonar Bélgica si se limita la práctica del brit milá. Este fenómeno, aunque aún incipiente, fue presentado como un indicador del impacto potencial de las decisiones legislativas en la movilidad de las comunidades religiosas.

El debate incorporó además el contexto político belga, marcado por el llamado del primer ministro Bart De Wever a "encontrar una solución" en torno a la cuestión de la circuncisión. Su posición fue mencionada a lo largo de la jornada como referencia del clima institucional en Bélgica. En ese marco, los participantes cuestionaron qué forma podría adoptar una eventual solución sin comprometer ni la seguridad infantil ni la libertad religiosa.
El encuentro concluyó con un consenso parcial: la necesidad de marcos regulatorios claros que eviten la criminalización de prácticas religiosas tradicionales, al tiempo que garanticen los estándares médicos requeridos por la ley local. En este sentido, la EJA presentó un documento de posición en el que propone un modelo basado en una certificación reconocida, formación y, sobre todo, mucho diálogo institucional para que el judaísmo no sea difamado y la vida judía pueda continuar en Europa sin restricciones.
La protección de las minorías
El cierre de la jornada dejó una reflexión compartida: el debate sobre la circuncisión no es únicamente jurídico ni sanitario, sino un test sobre la capacidad de Europa para sostener su propio modelo de pluralismo religioso.
"La cuestión no es qué tipo de judíos pueden vivir en Europa, sino qué tipo de Europa queremos que exista para que puedan vivir en ella", advirtió el rabino Margolin.

Entre datos médicos, argumentos legales y testimonios comunitarios, la conferencia de la European Jewish Association dejó claro que el futuro del brit milá en Europa se ha convertido en un indicador sensible del equilibrio entre derechos individuales, libertad religiosa y políticas públicas.
En un continente que se define por la defensa de los derechos fundamentales, el desafío planteado en Bruselas no es menor: garantizar que la protección de los menores y el respeto a la tradición no se conviertan en principios excluyentes, sino en pilares compatibles de una misma democracia ▪
