Lo que durante años fue una de las comunidades judías más fragmentadas y discretas de España empieza a transformarse aceleradamente. La llegada a Valencia de decenas de familias israelíes vinculadas al sector tecnológico —muchas procedentes de Chipre— junto con el desembarco de la Fundación Yael está dando lugar a un fenómeno inédito: fiestas multitudinarias, nuevos espacios comunitarios, proyectos educativos y una revitalización de la vida judía local que ya se hace visible en la ciudad.
"Nuestro objetivo es fortalecer la comunidad existente y ayudar a cultivar un hogar sólido para una vida judía activa", señala la declaración de misión de la Fundación Yael para Valencia. La organización, fundada por Uri y Yael Poliavich, explica que busca crear "un espacio donde la herencia no sea solo estudiada como historia, sino experimentada como una tradición viva".

Valencia venía experimentando desde hace años un crecimiento gradual de población judía e israelí, favorecido por el encarecimiento de Madrid y Barcelona y por el atractivo mediterráneo de la ciudad. Pero el fenómeno tomó una nueva dimensión con la instalación recientemente de una empresa tecnológica —vinculada a los fundadores de la Fundación Yael— y el traslado progresivo de trabajadores desde Chipre.
La Fundación Yael desembarcó precisamente para acompañar ese movimiento demográfico y ofrecer infraestructura educativa, social y comunitaria a las familias judías desplazadas, extendida al resto de las comunidades judías.
De Janucá a Shavuot: una nueva energía comunitaria
El primer gran evento organizado por el nuevo grupo tuvo lugar durante Janucá. Las organizadoras esperaban unas cien personas; terminaron reuniendo cerca de 300. Desde entonces, la dinámica se multiplicó con celebraciones de Purim, Lag Baomer, Shavuot y otras festividades, muchas de ellas realizadas junto a Jabad o con participación de distintos sectores comunitarios.
Las celebraciones sorprendieron incluso a judíos veteranos de Valencia, según testimonios recogidos por Enfoque Judío. Inflables para niños, espectáculos, fuegos artificiales, comida abundante y una producción poco habitual para los estándares locales comenzaron a circular por los grupos de WhatsApp de israelíes y miembros de las distintas comunidades.

"Han introducido un nivel de vida judía que no existía hasta ahora en Valencia", resumía Marta Zuker, una de los participantes consultadas por este medio y quien encabeza uno de los grupos israelíes.
Melissa Zuckerberg, una de las responsables del proyecto, explicó en conversación con Enfoque Judío que el objetivo es "celebrar juntos" y extender las actividades a toda la comunidad. "Intentamos reunir a todos. A veces los eventos son junto a Jabad, otras veces junto a todas las comunidades. Queremos que la gente se encuentre y celebre junta", afirmó.
El fenómeno también ha revitalizado la actividad de Jabad Valencia, partner habitual de la Fundación Yael y, por tanto, convertido en socio natural de la iniciativa valenciana.
Sin embargo, el crecimiento acelerado no está exento de algún que otro dolor de parto. Algunos miembros consideran que el proyecto posee un perfil religioso y preferirían una propuesta "más israelí" y menos asociada a prácticas tradicionales.
Sivan Dekel, COO de la red educativa Yael Schools Network y una de las impulsoras del proyecto, reconoce esas fricciones pero insiste en el enfoque integrador de todo el proyecto. "Venimos con una agenda de unión y conexión. Queremos acercar la tradición judía sin imponer nada a nadie", aseguró.

Un centro comunitario, un jardín infantil y un restaurante kosher
Más allá de las fiestas, el proyecto ya avanza hacia una transformación de la vida judía valenciana, donde ya operan al menos cuatro comunidades judías (CIV, AVIV, Shir Jadash y Bnei Sefarad) y un centro de Jabad.
La Fundación Yael alquiló un edificio -que está siendo remodelado- para funcionar como centro educativo infantil y "hub" comunitario judío. El espacio albergará actividades culturales, juveniles y festivas, además de un jardín de infancia basado en el método pedagógico Reggio Emilia y en el programa International Baccalaureate (IB).
El centro contará con biblioteca, espacios creativos, áreas juveniles y zonas para encuentros comunitarios. Funcionará bajo estándares judíos tradicionales: comida kosher y cierre durante Shabat.
"No estamos creando una nueva comunidad, sino fortaleciendo las existentes", insistieron repetidamente las responsables del proyecto durante la entrevista.

El plan incluye además un campamento de verano para niños de entre 4 y 12 años, con actividades artísticas, deportivas y educativas centradas en valores judíos y conocimiento de la herencia sefardí española y valenciana.
La enseñanza del hebreo ocupará un lugar destacado, tanto para niños israelíes como no israelíes.
En paralelo, los promotores trabajan en la apertura de un restaurante kosher llamado "K", otra infraestructura inexistente hasta ahora en la ciudad.
"Sencillamente estamos construyendo las bases para una vida judía sostenible", explicó Dekel. "Venimos de Limasol, donde la vida judía es muy vibrante, y queríamos poder ofrecer algo parecido en Valencia".
La misma Fundación Yael, bajo la dirección de Dekel, está abriendo en estos momentos dos colegios judíos para cientos de alumnos cada uno, uno en Limasol (Chipre) y otro en Sintra (Portugal).
Valencia, una comunidad fragmentada
Hasta ahora, Valencia es una de las comunidades judías más fragmentadas de España. Con una población estimada entre 600 y mil judíos —aunque nadie maneja cifras definitivas—, coexisten diversas corrientes y estructuras independientes.

La histórica Comunidad Israelita de Valencia (CIV), de orientación ortodoxa y creada en los años setenta, convive con AVIV, de perfil masortí y mucho más joven; la reformista Shir Jadash, creada hace dos años; la de Benei Sefarad —que recientemente se ha acercado a la ortodoxia—, y hasta con un pequeño proyecto reconstruccionista.
A ello se sumó en los últimos años la llegada de nuevos grupos de israelíes y anglosajones, organizados muchas veces a través de comunidades virtuales y grupos de WhatsApp.
El desembarco de la Fundación Yael para dar respuesta a las necesidades sociales de los empleados judíos de la empresa tecnológica, aparece así como un intento de generar puentes, más que nada por su agilidad para afrontar ciertos gastos y procesos administrativos. "Lo que nos emociona es ver a niños de distintas comunidades jugando juntos", explicó Zuckerberg. "Eso no pasaba antes".
Los organizadores aseguran haber mantenido reuniones con responsables de las distintas comunidades y grupos israelíes para intentar coordinar actividades conjuntas y evitar competir con las estructuras existentes, sino más bien, funcionar como un elemento de apoyo que tiene una gran agilidad filantrópica y capaz de generar actividades en beneficio de todos. "Uri y Yael son filántropos y realmente creen en fortalecer la vida judía", insistió Dekel.

Reflejo del nuevo mapa judío
El caso valenciano refleja básicamente un fenómeno mucho más amplio: el crecimiento de la presencia israelí y judía en España desde hace ya algunos años, y todo ello pese al clima de antisemitismo que generaron la masacre de Hamás en Israel y la guerra de Gaza en octubre de 2023.
Paradójicamente, este crecimiento ocurre en un país donde el debate político sobre Israel es especialmente intenso y donde ciudades como Valencia se han convertido en epicentros de la actividad del movimiento BDS.
Y aún así, Zuckerberg asegura: "No he sentido ninguna situación incómoda ni hostilidad hacia los judíos. Realmente no. Hablamos hebreo por la calle todo el tiempo y no sentimos inseguridad. Fuera de las banderas y las manifestaciones (propalestinas) que uno puede ver, no sentimos antisemitismo en la vida diaria. ¡Eso nos sorprendió muchísimo!".
"Comparado con Francia o Bélgica, aquí no se siente una amenaza física", insiste. "La gente no entiende cuando les explico que, como judía, me siento cómoda viviendo en Valencia. Los niños se adaptaron rapidísimo y nosotros también nos sentimos muy bien recibidos. Valencia nos sorprendió por lo tranquila y agradable que es para vivir como familia judía".

Sobre ese mismo contexto, Dekel destacó que, precisamente "después del 7 de octubre, sentimos todavía más la necesidad de preservar una vida judía activa y visible".
Con la llegada del grupo israelí y anglosajón -también algunos argentinos-, Valencia se suma a los principales polos de atracción de inmigrantes judíos de otros países, como son los casos de Madrid y Barcelona. Y Málaga, en menor medida.
Y es que en una ciudad donde, durante décadas, la vida judía transcurrió fragmentada en pequeños círculos comunitarios, la imagen de cientos de niños celebrando juntos Purim o Janucá comienza a simbolizar algo nuevo: el surgimiento de una vida judía más visible, dinámica y conectada en, y con, Valencia ▪
