Hay consignas que suenan tan familiares que uno cree entenderlas de inmediato. "Free Palestine" es una de ellas. La vemos en pancartas, en redes, en manifestaciones. Pero ¿Y si dijera que esas dos palabras, hace ochenta años, significaban exactamente lo contrario de lo que muchos creen hoy? No es una provocación. Es un hecho histórico documentado, y entenderlo cambia por completo la conversación.
Permíteme contar algo que descubrí hace unos años. Mientras revisaba archivos de prensa de los años cuarenta, me topé con un titular del New York Times de febrero de 1947. Decía algo así como: "La Liga por una Palestina Libre exige una república". Y en el cuerpo de la nota, la organización American League for a Free Palestine pedía el establecimiento de un "gobierno provisional para una República Hebrea de Palestina".
Me quedé mirando la pantalla. ¿Una liga judía pidiendo una Palestina libre? ¿No se suponía que "Palestina libre" era una consigna antiisraelí? Algo no cuadraba. Y cuando algo no cuadra, uno tiene que tirar del hilo.
"Palestina" antes de 1948
Para entender el rompecabezas, hay que retroceder casi un siglo. Entre 1920 y 1948, el territorio que hoy llamamos Israel, Cisjordania (judea y Samaria) y Gaza estaba administrado por Gran Bretaña bajo un mandato de la Liga de las Naciones. Su nombre oficial era, sencillamente, Mandato Británico de Palestina. "Palestina" era el nombre del territorio, no de un Estado. No existía ningún Estado palestino en ese momento. Vivían allí judíos y árabes, cada uno con sus propias instituciones, pero el nombre "Palestina" era una denominación geográfica y administrativa, como decir "los Balcanes" o "el Magreb".
Los judíos que vivían en esa tierra antes de la creación del Estado de Israel se definían a sí mismos como el Yishuv, una palabra hebrea que significa literalmente "asentamiento", "localidad" o "población". El Yishuv no era un grupo marginal: construyó universidades, sindicatos, periódicos, bancos… una incipiente estructura estatal. Y muchas de esas instituciones llevaban "Palestine" en el nombre: The Palestine Post, el Anglo-Palestine Bank, la Palestine Electric Corporation. No era una contradicción. Era simplemente el nombre del lugar donde operaban.
Ahora bien, ¿Qué pedían esos judíos cuando decían "Free Palestine"? Pedían libertad. Pero, ¿Libertad de quién? Del dominio británico. Querían un Estado judío soberano en la tierra ancestral del pueblo judío. Eso era autodeterminación judía. Eso era, y sigue siendo, sionismo. La American League for a Free Palestine se organizó en 1944 precisamente para ayudar a crear un Estado judío en Palestina. No pedían la destrucción de nadie. Pedían un hogar nacional para un pueblo que acababa de salir del Holocausto.
La ironía más amarga de la historia
Décadas después, esas mismas palabras –"Free Palestine"– empezaron a usarse con un significado completamente distinto y perverso. Ya no se trataba de liberar el territorio del mandato británico. Se trataba de reemplazar al Estado de Israel por otra cosa. Y aquí es donde la historia se vuelve, cuando menos, incómoda.
Hoy, cuando alguien grita "Free Palestine" y lo acompaña con el eslogan "From the river to the sea", está invocando una consigna que Hamás -criminales de guerra y grupo terrorista que controla Gaza desde 2007- ha utilizado para reclamar la desaparición de Israel. La frase se refiere al territorio entre el río Jordán y el mar Mediterráneo, que incluye a Israel, Cisjordania (Judea y Samaria) y Gaza. En boca de Hamás y de otros grupos que niegan el derecho de Israel a existir, "liberar Palestina" significa que el Estado judío deje de existir. No es una interpretación mía. ¡Es lo que ellos mismos afirman una y otra vez!
¡Esa es la ironía! Una expresión que en los años cuarenta servía para reclamar soberanía judía, hoy se usa para reclamar el fin de esa misma soberanía. Las mismas palabras. Otro significado político. Y quienes las usan hoy, en muchos casos, no tienen la menor idea de su origen. Simplemente las repiten porque suenan bien, porque les han dicho que son "progresistas", porque les han contado una historia a medias.
Apropiarse de una consigna
Hay algo que me molesta profundamente de todo esto, y no es solo la ignorancia histórica. Es la deshonestidad intelectual. Cuando alguien toma una consigna creada por un movimiento -el sionismo- para pedir exactamente lo contrario de lo que ese movimiento pedía, no está "resignificando": Está robando. Y robar una idea, una consigna, una narrativa, no es un acto inocente. Es una violación del derecho que tiene todo autor, toda comunidad, a que su historia no sea secuestrada y puesta al servicio de una agenda que la niega.
Piénsalo así. Imagina que alguien tomara el lema "Black Lives Matter" y lo usara para pedir la deportación de afroamericanos. ¿No sería grotesco? ¿No sería una forma de violencia simbólica? Pues eso es exactamente lo que ocurre con "Free Palestine". Se ha tomado una expresión que nació para reclamar la libertad de un pueblo oprimido, perseguido y despojado de sus bienes a lo largo de la historia de la humanidad -el pueblo judío, que acababa de sobrevivir al genocidio- y se ha convertido en un grito que, en demasiadas bocas, pide la eliminación de ese mismo pueblo de su tierra ancestral.
Y aquí hay un punto que no puedo dejar pasar. La narrativa que promueve esto no es neutral. Detrás de ella hay agendas oscuras, ligadas al islamismo político y a cierta izquierda comunista socialista que, con una miopía que a veces parece deliberada, ha abrazado la causa palestina no como una lucha por derechos humanos, sino como una excusa para atacar al Estado judío. Esa izquierda que se dice anticolonial pero que no tiene problema en aliarse con regímenes que oprimen a sus propias poblaciones, que persiguen a homosexuales, que niegan derechos básicos a las mujeres. Esa izquierda rancia que, en su obsesión por "los oprimidos", ha decidido que los judíos -el pueblo que ha sido perseguido durante milenios- ya no cuentan como oprimidos. Que su autodeterminación no vale. Que su Estado, el único refugio real que tienen en el mundo, es un "error histórico".
Un derecho humano negado a los judíos
Hablemos de derechos humanos. Porque ahí está el corazón del asunto. El derecho a la autodeterminación es un principio fundamental del derecho internacional. Está en la Carta de las Naciones Unidas, en resoluciones internacionales, en incontables decisiones y fallos judiciales. Es el derecho de todo pueblo a gobernarse a sí mismo en su tierra ancestral. Y ese derecho, que se reconoce a tantos pueblos, se le niega sistemáticamente al pueblo judío.
Cuando se dice que Israel no tiene derecho a existir como Estado judío, se está violando ese derecho. Cuando se usa "From the river to the sea / desde el río hasta el mar" para pedir un solo Estado "palestino" que reemplace a Israel, se está negando al pueblo judío lo que se concede a cualquier otro: El derecho a tener un hogar nacional. Y eso no es crítica política. ¡Es antisemitismo! Es la negación, una vez más, del derecho judío a existir como colectivo nacional, no solo como individuos o grupo religioso tolerado en tierras ajenas.
La historia del Yishuv nos recuerda algo importante. Los judíos no llegaron a la llamada Palestina como "colonos" en el sentido moderno del término. Tenían, y tienen, un pasado directamente vinculado a esa tierra, antes llamada Judea. Pese al exilio romano, de hecho nunca la abandonaron totalmente y, desde finales del siglo XIX, construyeron instituciones, cultivaron la tierra y crearon una sociedad. Cuando Gran Bretaña administraba el Mandato, se había consolidado allí una comunidad judía vibrante, con periódicos, bancos, servicios de salud y universidades. La idea de que Israel es un "invento colonial" es, por tanto, una mentira de la narrativa comunista socialista e islamista que ignora siglos de presencia judía ininterrumpida en esa tierra.
Un mensaje para quien quiera escuchar
No escribo esto para convencer a nadie de que cambie de bando en un conflicto que dura décadas. Escribo porque creo que la verdad histórica importa. Porque creo que las palabras importan. Y porque creo que hay algo profundamente injusto en robarle a un pueblo su historia, su vocabulario, su derecho a nombrarse a sí mismo.
Si alguna vez te encuentras gritando "Free Palestine" sin saber qué significa realmente esa frase en su contexto original, te invito a hacer una pausa. Pregúntate: ¿Qué estoy pidiendo exactamente? ¿Libertad para quién? ¿Y a costa de quién? Porque la libertad de un pueblo no puede construirse sobre la negación de la libertad de otro. Eso no es justicia. Es venganza disfrazada de solidaridad.
El respeto a los derechos humanos empieza por reconocer que todos los pueblos -incluido el pueblo judío- tienen derecho a la autodeterminación. A vivir en su tierra ancestral. A tener un Estado que los proteja. ¡Negar eso no es "antisionismo", es ANTISEMITISMO! Y el antisemitismo, en cualquiera de sus formas, sigue siendo una de las formas más antiguas y persistentes de odio que conoce la humanidad. No dejemos que las consignas robadas nos impidan ver la verdad ▪️
