La inauguración oficial de Maccabi Barcelona, celebrada el pasado domingo en la histórica finca Stern de Valldoreix, no fue solo el lanzamiento de una nueva entidad deportiva: fue también una declaración de intenciones. Con actividades para niños y adultos, acentos israelíes, argentinos y catalanes, y una jornada marcada por Tu Bishvat y una calçotada comunitaria, el proyecto busca convertirse en un espacio integrador para una comunidad judía cada vez más diversa.
"Nos dimos cuenta de que, a partir del fatídico 7 de octubre, la gente en Barcelona tiene muchas ganas de hacer cosas, pero desgraciadamente estamos divididos entre muchas comunidades y tendencias", explica Matías Wainsztein, vicepresidente de la nueva Maccabi Barcelona y miembro de la Comunidad Judía de Barcelona (CJB) desde hace 33 años.
La jornada inaugural reunió a unas 250 personas en un entorno cargado de simbolismo. La finca Stern, hoy propiedad de la CJB, fue durante la Shoá un lugar de refugio para judíos que huían del nazismo, antes de ser enviados a destinos seguros en América. "Tiene muchísima historia. El señor Stern la donó a la comunidad y hoy es un espacio social y deportivo privilegiado, a diez minutos de Barcelona", subraya Wainsztein.

Un proyecto con raíces antiguas y mirada actual
Maccabi no es un nombre nuevo en la ciudad. Según recuerda Wainsztein, "Maccabi ya existía en Barcelona hace muchos años", vinculado en su momento al antiguo colegio Sefardí, en la calle Margenat, y más tarde al actual colegio Hatikva, en Sant Cugat. Sin embargo, aquellas experiencias no siempre contaron con un acuerdo formal con Maccabi Mundial y acabaron diluyéndose con el tiempo.
La iniciativa actual nace, en cambio, desde la CJB y con un marco institucional claro. Para ello, "se creó la Comisión Deportiva de la Comunidad Judía de Barcelona con una idea muy concreta: englobar a todos los judíos que hay en la ciudad, da igual de qué tendencia sean", señala. La CJB aporta las instalaciones —la finca Stern y el colegio— y respalda plenamente el proyecto deportivo.
Ese respaldo permitió avanzar en un acuerdo formal con Maccabi España y Maccabi Mundial, de modo que Maccabi Barcelona pasa a formar parte del paraguas nacional. "Antes solo existía Maccabi España en Madrid. Ahora la idea es que haya Maccabi Barcelona, Maccabi Valencia y otras delegaciones, con un comité de España", explica, en un modelo similar al de otros países.
La clave, insiste, es que Maccabi Barcelona no es una comunidad religiosa ni pretende serlo. "Somos una entidad deportiva que aglutina a todas las comunidades y asociaciones judías que hay en Barcelona", aclara. Administrativamente, pertenece a la CJB y es parte de su proyecto deportivo, pero con una ampliación de miras explícita.

Deporte, sionismo y una agenda inclusiva
El proyecto apunta a construir un semillero comunitario a través del deporte, con una fuerte impronta identitaria. "La idea fundamental es dejar un legado para nuestros hijos y nietos: unirnos en el deporte y, evidentemente, reivindicarnos como judíos en Barcelona", resume Wainsztein. El horizonte incluye ligas internas, equipos oficiales en competiciones escolares y catalanas, actividades sociales y culturales, y competiciones también para adultos.
La inauguración fue un reflejo de esa diversidad: pilates con fuerte presencia argentina, campeonatos de truco y rummy, fútbol mixto y pádel con mayoría de participantes israelíes. "El 95% del pádel era israelí", comenta.
El objetivo inmediato es alcanzar y sostener una masa crítica de unos 100 niños, cifra que Wainsztein da por asegurada si se suman los participantes de Yahad, los israelíes y otras iniciativas juveniles existentes. Pero Maccabi no se limita a la infancia: "Queremos competiciones de adultos y actividades como cursos de cocina, fotografía o juegos de mesa. La finca es deportiva y social".
En cuanto a la identidad del proyecto, Wainsztein es claro: "Esto no funcionará como una tnuat noar (movimiento juvenil)", y explica que la CJB está adscrita en ese aspecto a HaNoar Hatzioní: "Nuestro eje es el deporte, el sionismo y la vida comunitaria". Los campamentos de Maccabi, por ejemplo, estarán abiertos a todos, siempre con ese enfoque no ortodoxo de la condición de judeidad.

Una nueva CJB y un cambio de paradigma
El encaje de Maccabi dentro de la CJB no es casual. Según Wainsztein, la comunidad ha vivido recientemente un cambio profundo de perspectiva. "El último comité (directiva) que fue elegido se dio cuenta de que el judaísmo en Barcelona ha cambiado mucho, se ha diversificado", afirma.
Ese cambio se traduce en una visión más abierta e integradora. "La CJB quiere ser la casa de todos los judíos de Barcelona", dice, diferenciando claramente entre el ámbito halájico —que sigue su curso propio— y los espacios sociales-deportivos. "Aquí no hay halajá: abrimos las puertas para que todo el mundo se concentre en un proyecto deportivo, da igual si eres de segunda generación o incluso si hay miembros del colegio que no son judíos".
La nueva junta, presidida nuevamente por Raymond Forado, ha reforzado además su estructura profesional, con incorporaciones recientes en áreas como juventud, parejas jóvenes y comunicación. "Han entendido que hay que invertir en personal y hacer alianzas con grupos como Juntos (la comunidad israelí) o Tzofim (su movimiento juvenil). No queda otra", resume Wainsztein, aludiendo a colectivos israelíes que hoy concentran a cientos de jóvenes en la ciudad.
Esa realidad demográfica también se reflejó en la inauguración. "Había muchos israelíes y argentinos, pero muy poca gente comunitaria de toda la vida", admite. Su lectura, sin embargo, es optimista: "Cuando esto empiece a rodar, esa gente se va a volver a animar", recuerda, evocando el proceso vivido años atrás con el traslado del colegio a Valldoreix.

Kosher, sábado y adaptación al entorno catalán
Al estar bajo el paraguas de la CJB, la finca y las actividades de Maccabi Barcelona se rigen por criterios de kashrut. "La finca es kosher. Si haces una barbacoa, la carne debe llegar directamente de las carnicerías judías de Barcelona y serán entregadas en la Finca (al comprador)", explica. La inauguración combinó comida tradicional catalana —mil calçots— con opciones habituales, en una fusión pensada para Tu Bishvat.
En cuanto al Shabat, Maccabi Barcelona adopta un enfoque pragmático. "Si los niños tienen que jugar el sábado, jugarán", señala Wainsztein, subrayando que la mayoría de la comunidad local no es estrictamente ortodoxa, sino tradicionalista, y que las ligas catalanas marcan el calendario. "El que no quiera venir, que no venga", resume, en una lógica de elección individual.
La mirada, finalmente, es nacional e internacional. El modelo será similar al de Madrid, con cuotas de socios, campamentos conjuntos y una apuesta fuerte por las Macabiadas. "Queremos ser la delegación española más grande que nunca ha habido", afirma. Y el mapa sigue creciendo: "Me consta que se abrirán otros Maccabi en España. Maccabi se adapta a la realidad de cada comunidad".
En Barcelona, esa realidad pasa hoy por un proyecto deportivo que busca coser una comunidad diversa, apoyado en una nueva visión institucional y en un espacio con historia. Para Wainsztein, el mensaje es claro: "A imagen y semejanza de lo que piden los judíos de Barcelona, bajo el paraguas de la CJB" ▪
