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Purim, Amalek y nuestros días

La animadversión de quienes detentan el poder en Irán contra Israel es muy difícil de entender siguiendo los parámetros de la lógica tradicional. En medio de los acontecimientos del momento, los judíos de todas partes del mundo comparten una solidaridad entre todos, un apoyo irrestricto dondequiera que se encuentren. También, el temor de un atentado en cualquier instalación judía en el mundo.

Elías Farache

El sábado 28 de febrero, cuando los judíos que viven en América iban a la sinagoga, vivieron una situación de preocupación y desasosiego que ya es casi costumbre. También era sábado aquel 7 de octubre de 2023, cuando nos enteramos de los acontecimientos de ese día ocurridos en las cercanías de Gaza. No es comparable una fecha con la otra, es similar el grado de angustia y como Israel y su población están involucradas en tanta violencia y dolor. Debe destacarse que estas situaciones las han vivido los judíos en todas partes del mundo, cada una en su respectivo huso horario.

Cuesta mucho entender la relación entre Irán e Israel. No comparten fronteras ni tienen ninguna disputa directa. En general y en particular, no deberían representar amenazas ni peligros de uno a otro. Incluso el drama del conflicto árabe israelí y su arista más delicada, el palestino israelí, es con un sector del Islam sunita no muy afín al Islam chiita que domina Irán. La animadversión de quienes detenta el poder en Irán contra Israel es muy difícil de entender siguiendo los parámetros de la lógica tradicional

Quizás la explicación, poco convencional para algunos y determinante para otros, se encuentre precisamente en la lectura especial de la biblia, del pentateuco, que tiene lugar en forma obligatoria todos los sábados que preceden a la festividad de Purim. El 28 de febrero de 2026 fue, precisamente y no casualmente, ese día específico. Se lee una porción conocida como "Zajor": Recuerda.

Es mandatorio recordar la agresión de Amalek a los hijos de Israel justo cuando salían de Egipto. Los amalekitas representan en lo físico, y más en lo espiritual, el enfrentamiento a los israelitas y sus convicciones. Amalek atacó a Israel aun cuando era evidente el respaldo divino que tenía Israel. Salía de Egipto con el efecto devastador de las 10 plagas y la derrota total del imperio más grande del momento. La agresión no provocada de Amalek consistió en un reto flagrante a la Divinidad. No importó nada que no fuera probable imponerse a un pueblo que contaba con la protección de Dios, enfrentar y retar al propio Dios y sucumbir en el intento. Es verdad que el odio está por encima de cualquier lógica. 

Amalek es una representación del enfrentamiento contra los judíos aún con consecuencias negativas. En Purim celebramos que, en la Persia de la antigüedad, un alto funcionario logró un decreto real para acabar con todos los judíos que vivían en las 127 provincias del extenso y poderoso imperio. Las circunstancias se voltearon. Aman, el alto funcionario, y su familia, terminaron en la horca. En el relato que se lee todos los años, el Pergamino de Esther (Meguilat Esther), no se menciona a Dios. Todo se desenvuelve como una cadena de eventos y casualidades. Tampoco se menciona la causa real del odio de Aman a los súbditos judíos.  Aman es el amalekita por excelencia. Causa daños, quiere destruir a Israel y muere en el intento.

La coincidencia de fechas con lo que viene ocurriendo resulta espeluznante. Hace unos años, justo antes de Purim, el primer ministro de Israel se presentó, sin la anuencia del entonces presidente americano, ante el congreso americano para advertir del peligro que significaba un Irán nuclear. Una década más tarde, el poderoso Irán nuclear y balístico es el protagonista de las violentas noticias del día. Una derrota anunciada, una causa perdida, una obcecación impresionante.

La costumbre de ver Israel sumido en una lluvia de bombas, con la población metida en refugios y corriendo de un lado a otro, con un sistema de contención de cohetes y misiles que resulta efectivo, pero no infalible, no tranquiliza a nadie. No se tiene idea cierta de cuándo terminará este episodio de la larga historia de las guerras de Israel, guerras cada vez con ingredientes más extraños para todos. El Purim de nuestros días tiene muchos elementos novedosos, pero cuenta con el mismo componente de odio que no se logra eliminar.

En medio de estos acontecimientos, los judíos de todas partes del mundo comparten una solidaridad entre todos, un apoyo irrestricto dondequiera que se encuentren. También, para regocijo parcial de sus enemigos, el temor de un atentado mortal en cualquier instalación judía en cualquier parte del mundo.

Es Purim, está Amalek y son nuestros días ▪

Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad exclusiva de su autor
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